Zero sum game

circulo-vicioso

Por Fredy León

En un país impredecible como el nuestro, las precarias mayorías electorales son mas artificiales que reales; sino que lo digan Toledo, Alan y Humala quienes vivieron el penoso martirologio de transitar el duro camino de la gloria al desastroso calvario de su ocaso político.

La habilidad más grande de los que se ciñeron la faja presidencial fue dilapidar en 5 años de gobierno todo su capital político y contemplar impasibles desde Palacio de Gobierno como el apoyo electoral que obtuvieron en las urnas se desvanecía como polvo en el tiempo.

La fragilidad de nuestro sistema político se alimenta justamente de esa frustración latente que atormenta la conciencia de nuestro pueblo, y que por alguna razón inexplicable, tiende a votar inconscientemente con la mirada puesta en las próximas elecciones.

Por eso que en el Perú desde hace un buen tiempo los derrotados de ayer resultan los vencedores de mañana.

Fue el caso de Toledo, derrotado en esa parodia de elecciones del 2000 por Fujimori y elegido presidente el 2002; de Alan derrotado por Toledo en el 2002 y que triunfó en las elecciones del 2006; de Ollanta que perdió con Alan en el 2006 y ganó en las elecciones del 2011.

¿Significa eso que ahora le toca el turno a Keiko que perdió las elecciones frente a Ollanta en el 2011?

No necesariamente. Los procesos sociales no son rectilíneos. Además somos un país impredecible donde todo –o mejor dicho casi todo- puede suceder. Pero como hemos sostenido (ver El mal menor) derrotar a Keiko es responsabilidad principal de PPK. Es una ilusión creer que partidos políticos que no tuvieron gravitación en la primera vuelta pueden asumir esa tarea creyendo que tienen el poder de endosar votos ajenos.

La eventualidad de un posible retorno de la mafia fujimontesinista al gobierno genera preocupación. No solo por su pasado delincuencial, sino por las políticas neoliberales que propone y los oscuros personajes arrejuntados por Keiko, tipo Hernando (de) Soto, para quién el país real es un simple campo de experimento para sus trasnochadas ideas copiadas de un viejo manual de economía neoliberal para dummies.

Esa amenaza que pende sobre la patria ha llevado a algunos sectores de la izquierda a volver a levantar la consigna del mal menor. Están en su derecho, pero creo que sus miedos cortoplacistas les impide ver otras opciones, ciertamente mas complicadas y riesgosas, pero opciones que buscan trenzar la táctica coyuntural con la estrategia de largo plazo y que tiene sentido únicamente para los que poseen vocación de poder y demuestran tener una real voluntad política de hacer historia.

Para la izquierda que busca transformar el mundo, la política no puede estar encerrada dentro del estrecho círculo de luchar simplemente por lo posible. Esa es la visión de los derrotados, de aquellos que en la acción política se hace invisibles porque no tienen nada nuevo que ofrecer.

Keiko es la reencarnación de Alberto Fujimori y PPK es la continuidad de las políticas de ajuste estructural implementadas por Fujimori. Votar por cualquiera de los dos significa legitimizar la continuidad del modelo neoliberal. En términos coyunturales existen ciertamente pequeñas diferencias, pero en términos estratégicos de dominación de clase las dos candidaturas son iguales, son dos candidatos que se asemejan al juego de la suma cero, donde lo que uno pierde lo gana el otro.

Para la izquierda la verdadera disyuntiva no está en la coyuntura política que significa optar por el mal menor. La disyuntiva está en la estrategia de cómo romper ese círculo político impuesto por la derecha que sostiene que frente al capitalismo no hay otra alternativa.

Si no se tiene una opción estratégica y no hay una vocación de poder, entonces la táctica del mal menor es la única opción para intentar sobrevivir. Pero si se tiene una visión estratégica y existe la voluntad política de luchar por el poder, entonces tiene sentido levantar la consigna del voto nulo.

Estratégicamente no es lo mismo tener un gobierno –ya sea de PPK o Keiko- que tenga una amplia base de votantes, a tener un gobierno débil que surja de un proceso electoral con un alto porcentaje de votos blancos, nulos o viciados.

En las condiciones concretas en que se desarrolla la disputa electoral entre Keiko y PPK, la táctica del mal menor al final lleva a fortalecer la estrategia de poder de las clases dominantes; mientras que la táctica de no apoyar a ninguna de las dos opciones busca afirmar una estrategia revolucionaria independiente para ir construyendo una nueva correlación de fuerzas sociales que puedan disputar a la burguesía el control del poder político.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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