El mal menor

cuidado

Por Fredy León

 

Ricardo Vázquez Kunze, director de la web politico.pe analizando la situación que vive el partido aprista sostiene una idea que tiene mucho de verdad.

 

“El drama del APRA -dice Vázquez Kunze- es que no se sabe a quiénes representa porque ha perdido identidad”. Dicho esto, Vázquez Kunze acuña una frase lapidaria que describe la gravedad de la crisis aprista “las luces intelectuales del APRA son de muy baja intensidad de la misma forma que sus referentes técnicos y políticos”. (Ricardo Vázquez Kunze “Hablemos del APRA”)

 

Si este análisis es válido para el viejo partido de Haya de la Torre, que gracias a una maniobra de último minuto realizado por el JNE pudo conservar su registro electoral y amortiguar en algo los resultados catastróficos obtenidos por Alan García, ¿qué podemos decir de la situación en que se encuentra el Partido Comunista que cada vez está más lejos de ser visto como una opción de gobierno?

 

Yo he venido sosteniendo en diversos artículos que el Partido Comunista vive una prolongada crisis de dirección política y atraviesa por un largo periodo de oscurantismo ideológico.

 

La crisis de dirección se manifiesta en que el PC tiene una lectura demasiado vulgar y simplona de la coyuntura política, no tiene un rumbo definido y carece de propuestas e iniciativas que respondan a los intereses de los trabajadores. O lo que sería en lenguaje marxista, el PC es un partido sin identidad política que desarrolla una táctica errada, no tiene una estrategia de poder, tiene terror atávico a pensar en el futuro y por eso va de derrota en derrota.

 

La confusión que reina en las alturas ha desarmado políticamente al PC y lo ha convertido en una organización amorfa, intrascendente, que naufraga en la soledad ante la indiferencia total que se ha apoderado de sus pocos militantes resignados a comulgar con ruedas de molinos.

 

Sin temor a equivocarme creo que nadie que tenga más de dos dedos en la frente puede tomar en serio las incoherencias y simplezas que su mediocre Secretario General escribe de vez en cuando en Unidad.

 

Alguien debería aconsejarle que no constituye delito intentar pensar antes de publicar sus mamotretos. En política hay ideas que nacen muertas.

 

El anodino personaje pretendiendo hacer un balance del resultado electoral nos dice todo campante que “A nuestra manera de entender el electorado no ha optado por el continuismo sino por un modelo de hacer política” (Unidad abril 2016)

 

Aquí podríamos hacer un esfuerzo notable para tratar de entender esa sibilina manera de interpretar los resultados electorales; pero ese intento resulta siendo una perdida total de tiempo porque líneas abajo escribe -creo sin darse cuenta- una negación olímpica de lo que antes afirmó cuando se ve obligado a reconocer que “Keiko y PPK defienden el sistema capitalista en decadencia y el modelo neoliberal extractivista” (Idem)

 

O sea, según el sabio entender de este mediocre personaje, el electorado ha votado por un “modelo de hacer política”,  pero esto no significa que necesariamente hayan optado por “el continuismo de (ese) modelo económico”, muy a pesar que Keiko y PPK, que son los que defienden la continuidad del modelo neoliberal, disputarán la presidencia en la segunda vuelta.

 

¡Creo que ni Melcochita podría embrollarnos de mejor manera!

 

Pero bueno, en defensa de Melcochita podemos decir que el es un personaje cómico y que su función es divertirnos; mientras que la obligación del Secretario General del PC es explicar y argumentar con claridad el sentido de la línea política de su partido.

 

¿O es que se han trocado los roles de los personajes?

 

En otros tiempos podríamos sostener que esa forma de análisis que hace el Secretario General del PC responde a una concepción vulgar del marxismo; pero creo que en este caso ni siquiera llega hasta ese punto. Lo que aquí vemos es una mezcolanza de ignorancia política con lo peor que ha producido el eclecticismo intelectual.

 

Y esto no me sorprende, en plena campaña electoral sostenía otras cosas, tales como esa que decía que “Alianza Popular es la ultraderecha, una coalición conservadora que aspira aplicar el modelo mas fundamentalista del neoliberalismo” (Unidad Enero 2016)

 

Si AP era “la ultraderecha fundamentalista”, y Keiko y PPK son simples “modelos de hacer política”. ¿Entonces quién era el enemigo principal? ¿Todos? ¿Nadie? Vaya uno a saber.

 

Pero dejemos de lado la parte folclórica y vayamos a analizar esa vieja idea del mal menor.

 

Lo primero que nos llama poderosamente la atención es que en ese remedo de balance electoral publicado en Unidad no hay un mínimo atisbo de autocrítica. Parece que en el PC todos están felices por la debacle electoral que han sufrido debido a las incoherencias y desatinos cometidos por la dirección del partido.

 

En el documento donde llaman a votar por PPK, no existe un análisis serio de los proyectos políticos que están en pugna; la correlación de fuerzas de clase (que no es lo mismo que correlación electoral); los intereses que defienden las fuerzas políticas; cómo está articulado el poder en el país y cuáles son las diferencias programáticas que existen entre PPK y Keiko.

 

Si el PC quiere apoyar a PPK deberían por lo menos tener y desarrollar mejores argumentos; y si desean que Kuczynski gane las elecciones, no hay necesidad de colocarle un ropaje democrático a una candidatura que de lejos se le ve el fustán reaccionario que arrastra de tiempos atrás.

 

Al no entender la estructura del poder que maneja el bloque dominante en el país, resulta hasta lógico que terminen enredados y todo su discurso sea una confusión total, típica de los miopes que no llegan a distinguir un rinoceronte de una cucaracha. Entonces, a partir de esa notoria limitación política atinan únicamente a repetir de memoria ese viejo aforismo “del enemigo principal” para justificar su decisión de endosar sus votos a PPK.

 

Apostar en política por “el mal menor” significa determinar con claridad que objetivos se buscan con esa decisión. No basta con proclamar en abstracto que hay que derrotar al enemigo principal, máxime cuando se ha estado ausente en la batalla principal.

 

La táctica del mal menor solo tiene sentido cuando se es una fuerza política protagónica que tiene un perfil propio, una identidad definida, un espacio social que defender y un proyecto político estratégico a impulsar. Si no existen esos requisitos mínimos, entonces ese Partido va a terminar mimetizado y acabar como furgón de cola del llamado mal menor, tal como lamentablemente sucedió con el PC Francés luego del apoyo que brindó a Chirac.

 

“La moralidad del mal menor –sostiene Michael Ignatieff- ha sido diseñada para los escépticos, para gente que acepta que los líderes deben tomar acciones perentorias basada en información que dista mucho de ser precisa.”

 

Hay que recordar una vez más que en política la confianza es como la virginidad, se pierde una vez y para siempre.

 

Al llamar de manera precipitada a votar por PPK, un candidato que no hace el mínimo esfuerzo por diferenciarse programáticamente de Keiko, lo que están haciendo es comprometer la independencia política de un Partido débil y que en la práctica no tiene nada que ofrecer a PPK, salvo ese vergonzante acuerdo adoptado por su Comisión Política; y lo que es peligroso, con esa decisión están asumiendo el pasivo de una candidatura que en nada responde a los intereses populares en medio de una coyuntura que se presenta bien difícil y complicada, pues como nos recuerda Hugo Guerra “Quien gobierne durante el periodo 2016-2021 las tiene difíciles. Los años dorados de fuerte demanda externa han acabado. El ritmo de crecimiento de la economía mundial, según el FMI, el Banco Mundial y otras fuentes, va a ser bajo. Y eso golpea al mundo y en particular a la América Latina.” (Hugo Guerra, El Comercio 1 de mayo)

 

¿En términos electorales qué puede aportar el PC a PPK? A lo mucho los 8 ó 9 votos de su poderosa Comisión Política que disciplinadamente irán a votar por PPK, salvo que en el lúgubre local de Castilla tengan delirios de grandeza y crean que con un pronunciamiento mal elaborado y pésimamente argumentado puedan endosar votos ajenos.

 

Imagino que en retribución a esa expedita decisión, los miembros de esa CP seguirán las huellas de Acuña, y por lo menos pedirán tomarse la foto de familia junto a PPK, para que quede constancia de su decisión, pues de un tiempo a esta parte se han acostumbrado a aprobar una cosa y hacer otra distinta. Supongo que por esa razón es que nunca llegaron a publicar los acuerdos de su último pleno donde, entre otras cosas, aprobaron resucitar ese cadáver insepulto de Únete.

 

Y pensar que cuando se vislumbraba la candidatura de Verónika Mendoza, esa misma Comisión Política se pasó una eternidad deshojando margaritas para recién a la hora undécima, cuando ya no tenían ninguna otra alternativa, decidieron subirse a un coche que ya estaba en marcha.

 

Dicen que el objetivo de votar por el mal menor es derrotar a la candidatura de la mafia.

 

A la mafia no se le va derrotar votando por otro candidato que ha mantenido una actitud sumisa y de apoyo total a las políticas impulsadas por el fujimontesinismo, y lo más probable es que ese candidato al que apoyan, va a terminar cogobernando junto a la fuerza política que dicen quieren derrotar, ya sea como gobierno o brindando su apoyo desde el Parlamento.

 

Keiko y PPK no son lo mismo, pero realizan lo indecible por parecerse, y ese detalle hace que la propuesta del mal menor, en este caso concreto, se desvanezca. El fujimontesisnismo es la expresión del despotismo individual, mientras que PPK es la expresión orgánica del proyecto de dominación de la gran burguesía.

 

Para nosotros el antifujimorismo no puede ser visto únicamente como el rechazo a un estilo mafioso de hacer política, sino tenemos que entenderlo como el rechazo a toda una concepción política y económica que ha subordinado la sociedad a los intereses de pequeños grupos de poder económico que son los grandes beneficiados por este modelo impuesto por Fujimori y del cual son tributarios la derecha neoliberal representado por PPK; por eso, esa derecha defensora del modelo neoliberal le va resultar más fácil ponerse de acuerdo una vez concluida la segunda vuelta, pues sus grandes intereses de clase son más fuertes que las pequeñas divergencias electorales que hoy muestran.

 

El que tiene que derrotar a la mafia es Kuczynski, pero por lo que vemos no muestra la voluntad para desarrollar esa labor. Kuczynski, en el fondo sabe que si gana las elecciones va a tener que cogobernar con la bancada fujimorista, y si pierde, su bancada se va a convertir en la dama de compañía del fujimorismo.

 

Esa es la verdad monda y lironda que hay que reconocer, nos guste o no. Las elecciones nos han colocado en una grave disyuntiva, y más allá de los resultados que arroje la segunda vuelta, lo importante es tener claridad que en ambas posibilidades el pueblo es el que lleva de perder, con o sin ayuda del PC.

 

Pero parece que en el PC creen que tienen un inmenso poder de convocatoria y piensan que desde fuera del escenario electoral pueden hacer la tarea que Kuczynski se niega, no quiere o no puede hacerlo.

 

“El hecho de escoger el mal menor con el fin de evitar un mal mayor quizás no sirva para impedir que igualmente se produzca el mal mayor.” (La democracia y el mall menor. Michael Ignatieff)

 

Llamar a votar por PPK es un craso error de apreciación de quienes desconfían del accionar de las masas, es otra equivocación de esa izquierda que a fuerza de errores se ha convertido en mantenedor de los males menores, y que por esa razón, han perdido su capacidad para levantar su propio proyecto político y sostenerlo en el tiempo.

 

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