¿Y dónde está la clase obrera?

1mayo

Por Fredy León

Quienes venimos de una formación comunista, siempre hemos defendido el punto de vista marxista que explica el rol histórico de la clase obrera como sepulturero del sistema capitalista y creador de un nuevo orden económico.

Toda la obra teórica de Marx tiene como objetivo exponer de manera científica el papel revolucionario que la clase obrera está llamada a desempeñar en la lucha contra la explotación capitalista. Esa idea desarrollada por Marx no se basa en razones de índoles morales o en cuestiones puramente sentimentales; sino es el resultado de un estudio profundo de la forma como se estructura el régimen capitalista, es una propuesta que parte del análisis genial hecho por Marx sobre la ley del valor que impera en la sociedad capitalista, de las contradicciones sociales que existen en su interior, del rol que ocupa la clase obrera en la producción de bienes materiales, de la ley de acumulación de capital y la manera cómo esa contradicción entre capital-trabajo se puede superar y transformar ese estadio de desarrollo socio-económico para construir una nueva sociedad que signifique el fin de todo tipo de explotación y la humanidad pueda finalmente dar el gran salto “del reino de la necesidad al reino de la libertad.”

Organización y conciencia

Harto conocido es la célebre cita del Manifiesto Comunista donde Marx expone con claridad el papel revolucionario a desempeñar por la clase obrera “…la burguesía no ha forjado solamente las armas que deben darle muerte; ha producido también los hombres que empuñarán esas armas: los obreros modernos, los proletarios.”

Para lograr ese objetivo y conseguir que los trabajadores se conviertan en una fuerza social revolucionaria, la clase obrera debe cumplir con dos condiciones indispensables: organización y conciencia política.

La fuerza social de la clase obrera depende del nivel de organización y unidad de clase logrado por los trabajadores; y el poder de los trabajadores está en función del desarrollo de su conciencia política, de su predisposición a luchar por cumplir con su misión histórica como clase social.

Solo cuando la clase obrera llegue a tener fuerza social y adquiera poder político se puede convertir en el sujeto revolucionario, en la vanguardia que articula a los diferentes sectores sociales que sienten que sus necesidades no pueden ser satisfechas en el marco del sistema capitalista, en la clase revolucionaria que dirige la lucha contra la dominación del capital y por la transformación de las relaciones capitalistas de producción.

Ese proceso de construcción de la fuerza social y del poder político de los trabajadores es la labor fundamental a desarrollar por el Partido Comunista. Es un proceso complejo que tiene sus propias dinámicas internas, pero una cosa es cierta: el discurso político de la clase obrera se construye desde el Partido. El Partido es el hormigón ideológico que sostiene el edificio social sobre el que se construye el sujeto revolucionario llamada a desplazar a la burguesía en la conducción del Estado.

El Partido es la forma más desarrollada de organización de los trabajadores, el espacio donde se forja la conciencia política y donde surge una identidad propia de la clase obrera en su lucha por su emancipación; por eso el Partido tiene que ser, como genialmente lo definió Lenin “la conciencia, el honor y la inteligencia de la época.”

El Partido tiene razón de ser solo en la medida que representa y defiende con pasión los intereses generales de los trabajadores. Ahí donde existe un Partido Comunista fuerte y estrechamente vinculado a la clase, el poder de los trabajadores se puede convertir en una fuerza invencible, tal como sucedió en la gran revolución bolchevique; pero ahí donde existe un Partido débil, desvinculado de las luchas de la clase, sin ideas, sin iniciativas, sin líderes políticos, entonces la presencia política de los trabajadores se diluye, se debilita y no constituye ninguna amenaza para los intereses de la burguesía.

Una clase sin identidad política

Es cierto que se han producido cambios objetivos en la sociedad capitalista y que han llevado a un debilitamiento orgánico de la clase obrera. Estos cambios que se han operado en la estructura económica del capitalismo han modificado radicalmente la identidad política de la clase obrera.

La globalización de los mercados, la utilización extensiva de nuevas tecnologías aplicadas a los procesos de automatización de la producción, la precarización del trabajo, el grave retroceso sufrido en el ámbito de las conquistas sociales (8 horas de trabajo, vacaciones, seguridad social, derecho a la sindicalización, derecho a la huelga, negociación colectiva etc), el desarrollo de una conciencia individualista que ha relegado a la política a un plano secundario, la idealización del éxito económico como el fin supremo de la existencia de la persona, el debilitamiento de los lazos de identidad y solidaridad de clase etc. han alterado radicalmente la forma como se expresa el viejo e irresuelto conflicto entre capital y trabajo; pero más allá de esos cambios objetivos vividos, la debilidad actual de la clase obrera responde a responsabilidades concretas de quienes intentamos asumir la representación política de los trabajadores.

El menosprecio a reconocer que el capitalismo no es un sistema inmutable y rígido sumado a la falta de audacia para renovar nuestro pensamiento político nos ha conducido a una derrota global. El discurso neoliberal se convirtió en hegemónico porque se presentó como una propuesta novedosa frente a la debacle del llamado “socialismo realmente existente.”

Marx y Engels revolucionaron en su tiempo las ideas políticas pero muchos de los que se auto titulan marxistas han hecho lo indecible por canonizar ese pensamiento revolucionario sin comprender que la esencia de las ideas marxistas radica en el método dialéctico para intentar explicar una realidad viva, en constante cambio y permanente modificación.

La experiencia actual en varios países europeos, donde antes existían partidos comunistas de masas y con presencia activa en la sociedad, refleja esos problemas y muestra las grandes limitaciones que tienen los Partidos Comunistas para convertirse en reales alternativas de poder.

A grosso modo podemos señalar que en España tenemos un Partido que se ha debilitado al extremo luego de haber perdido sus vínculos históricos con la clase obrera y su organización de vanguardia: Comisiones Obreras; en Italia, luego de la disolución del Partido Comunista Italiano, la otrora combativa clase obrera italiana ha perdido sus horizontes políticos; en Grecia tenemos un Partido con una clase obrera bloqueada por el accionar brutal del capital internacional y por las propias limitaciones de un discurso sectario que impiden las posibilidades de que esa clase obrera se transforme en fuerza dirigente de la sociedad; y en Francia, sobrevive un Partido Comunista junto a una clase obrera que no se hace problemas en votar por candidatos de la extrema derecha de Le Pen.

En el caso de nuestro país, más allá de las modificaciones sufridas en la estructura social por las reformas neoliberales que llevaron a la destrucción del aparato productivo nacional y que debilitaron cuantitativamente a la clase obrera, no podemos desconocer que por su peso cualitativo, por su participación del sector de manufacturas, minería, construcción y agro exportación en la generación del PBI, los trabajadores siguen siendo un sector social importante; pero dado la extrema debilidad política y orgánica, esa fuerza social no tiene expresión concreta.

El problema de la debilidad de la clase obrera no es tanto producto de la pérdida cuantitativa, de la disminución del nivel de trabajadores sindicalizados, de la desaparición de importantes gremios sindicales que fueron baluarte en las luchas sociales del siglo pasado; sino del hecho concreto que la clase obrera ha perdido su identidad política, ha dejado de ser una fuerza social revolucionaria con presencia activa en la vida política del país, no ha logrado salir del estado de reflujo en que se encuentra y ha perdido su capacidad convocatoria y ser el sector social que centraliza la lucha del pueblo peruano.

Los sindicatos han abandonado su labor de ser escuelas de formación política. No existe una prensa obrera que ayude a formar la conciencia política de los trabajadores, la CGTP tiene graves problemas hasta para colocar el tema de la reivindicación salarial como uno de los ejes centrales de la lucha contra el modelo neoliberal y no existen nuevos liderazgos políticos surgidos del movimiento sindical.

Los actuales dirigentes sindicales han perdido continuidad con las enseñanzas dejadas por líderes como Isidoro Gamarra, Eduardo del Castillo, Valentín Pacho, Roberto Rojas, Andrés Luna Vargas, Horacio Zeballos, César Barrera Bazán, Manuel Cortez, etc. experimentados dirigentes sindicales que asumieron con mucho honor la representación política de los trabajadores.

El simplismo y la precariedad total del discurso que manejan los actuales dirigentes del Partido Comunista han desarmado políticamente a los trabajadores.

Esa es la raíz de la debilidad que muestra el movimiento sindical. Antes había una ilusión colectiva, la clase obrera tenía un discurso heroico construido desde el enfrentamiento directo contra el poder oligárquico, existían líderes sindicales que eran referentes políticos y teníamos un Partido que alimentaba con sentido de grandeza la lucha por el socialismo.

Hoy eso es historia pasada y sería una ingenuidad pretender levantar esa vieja consigna de luchar por un gobierno de obreros y campesinos, que era la identidad política del Partido durante mucho tiempo, para tratar de recuperar la identidad política perdida.

En esas circunstancias, hoy que conmemoramos otro primero de mayo en condiciones totalmente adversas al movimiento sindical, vale la pena recordar las enseñanzas que nos legó el amauta José Carlos Mariátegui “Un proletario sin más ideal que la reducción de las horas de trabajo y un aumento de los centavos del salario, no será nunca capaz de una empresa histórica.”

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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Una respuesta a ¿Y dónde está la clase obrera?

  1. martin Gómez dijo:

    Totalmente de acuerdo nuestro partido hoy en dia es un cascaron sin rumbo . Pero la unidad es la fuerza . Esos dirigentes hay que sacarlos ya pero ya . Yo creo que esto es tema de discusion de forma organica.
    Un saludo.
    Martin.
    PD. c. seria bueno hablar por teléfono. Ud. tiene mi email. Gracias.

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