Por Fredy León

Así el futuro está en tinieblas, y débiles las fuerzas del bien.
Bertolt Brecht

El análisis político nunca puede partir de la decepción personal, eso obnubila la razón, quita objetividad a las ideas, coloca los deseos por encima de la realidad, lleva el debate a un campo minado donde la fuerza de los argumentos ceden ante la fragilidad de las convicciones personales y todos perdemos si el objetivo se reduce a presentar al Presidente Castillo como un envejecido espantapájaros.

Probablemente algunos pensaron que Castillo iba a ser algo así como el Lenin peruano y que su gobierno iba a remecer desde los cimientos al viejo sistema capitalista, pero al ver que en sus escasos seis primeros meses de su gobierno no ha logrado mover ni las hojas muertas que yacen en el suelo, han encontrado la justificación adecuada para convertir su decepción en la razón pura que les abre el camino para sumarse al coro de voces que piden la cabeza de Castillo, incluido su hermoso sombrero cajamarquino, y cual rencarnación de Arquímides de Siracusa salen muy prestos a gritar, “estamos ante un gobierno populista (sic), ante un presidente limitado y ante un personaje que NO es de izquierda, de centro ni derecha, nada, ni chicha ni limoná.”

Antes de entrar en el meollo del tema y para evitar mayores confusiones de las que ya tenemos, me permito transcribir lo que escribí el 13 de octubre del 2021 en mi artículo “las izquierdas: entre el hígado y la razón” publicado en mi blog wirataka.com. En ese entonces afirme lo siguiente:

«El triunfo electoral de Perú Libre ha sido una irrupción espontánea de las masas que con su voto expresaron su rechazo a la candidatura de Keiko y apostaron por un candidato desconocido, sin mayor experiencia política, que reivindica su extracción social y critica, de manera simple y muchas veces con mas confusión que claridad, el modelo neoliberal. El discurso de Castillo nunca rebasó los límites del reformismo y muchas de sus propuestas están marcadas por el radicalismo sindical, que es de donde proviene Castillo.»


Dicho esto vamos a lo central, no sin antes señalar que no me voy a detener a debatir si Castillo es un “limitado” “un profesor semianalfabeto” un personaje “sin el mínimo conocimiento de política” etc. etc, valoraciones sumamente subjetivas que bien se podrían decir lo mismo de Alan García luego del tremendo desastre que ocasionó al país en su primer gobierno o de Alberto Fujimori y la pandilla de delincuentes que desfalcaron las arcas del país, entregaron las riquezas naturales al capital internacional y aplicaron una brutal política de aniquilamento selectivo contra gentes inocentes.

En todo caso yo no sé si se puede considerer a Alan o Fujimori como sinónimos de capacidad o muestra de un alto grado de conocimiento de la política.

Bien, pero lo que yo quiero dilucidar en esta nota es si se puede considerar a Castillo como un politico de izquierda o no. Veamos.

En primer lugar no hay una izquierda, hay varias izquierdas. Esto que quizás a algunos les parezca un detalle nimio, es fundamental entenderlo porque sino acabamos pintando pajaritos en el aire y hasta quiza podermos terminar creyendo que las izquierdas viven en el mejor de los mundos y son una poderosa e invencible fuerza política en el país.

En segundo lugar todas esas izquierdas están en crisis de ideas, algunas en proceso de descomposición y otras no pasan de ser pequeños cenáculos débiles, atrapados en pugnas esteriles, reucidos a la simple lucha reivindicativa, contestaria, emocional, desgajadas del movimiento popular, carentes de propuestas programáticas que entusiasmen a las masas y sin líderes que eleven la política a un nivel superior.

En tercer lugar Castillo es expresión de esas izquierdas en crisis, es un personaje que viene del pueblo, del interior del país, que se aproximó a un sector de las izquierdas, se identificó con una posición “por experiencia vivida más que por ideas aprendidas” y parece que su mayor pecado radica en haber derrotado a la derecha neoliberal.

En cuarto lugar este es un gobierno en proceso de construcción en un país que ha girado demasiado hacia la derecha y que no tiene el socialismo como norte, es un gobierno que en el mejor de los casos su propuesta más radical, y que espanta a nuestra derecha, es la de convocar a una Asamblea Constituyente. Si lo logra bien, y si no lo consigue habrá sido un fracaso, no del gobierno, sino del país entero.

Además no olvidemos que es un gobierno que está enfrentando grandes obstáculos y problemas reales que ningún gobierno anterior las tuvo. Castillo no solo que no contó con la acostumbrada “luna de miel” que gozaron todos los gobiernos anteriores, no tuvo tiempo para preparar su gobierno (envidia lo que sucede en Chile) y en menos de seis meses ha tenido que enfrentar un alucinante proceso de vacancia, tiene a toda la prensa en una alocada campaña de aniquilamiento político y un congreso golpista. ¿Alguien puede gobernar un país en esas condiciones? Y no menciono lo de la pandemia, porque ese era un problema que Castillo sabia que tenía que enfrentar ni bien se instalaba en Palacio.

¿Que ha cometido errores? Ciertamente. ¿Que se ha equivocado en el nombramiento de ministros y personajes de confianza? Nadie lo niega. ¿Que no tiene la experiencia ni la sapiencia para conducir el gobierno? El mismo lo ha reconocido. Pero ¿eso lo convierte en “nada”, en un politico etéreo, en un objeto de deseo de la ultraderecha que lo único que quiere es sacarlo de palacio y en algo parecido a un apestado que hay que botarlo del selecto grupo de las izquierdas?. No creo.

Es probable que Castillo no llegué al final de su mandato o que fracase en su gestion o que su gobierno no llegue ni a aplicar algunas tímidas reformas o quizás trate de subsistir recurriendo a políticas populistas (¿alguien podría explicar qué entienden por populismo?), pero ninguna de esas posibilidades niegan que Castillo, nos guste o no, es expresión imperfecta de lo poco que ha podido producir unas izquierdas que siguen en estado de coma y no lograr recuperarse de esa derrota estratégica sufrida ante el neoliberalismo.

Publicado el por Wirataka | Deja un comentario