Una izquierda sin vocación

Por Fredy León

Algunos están contentos con las izquierdas que tenemos, yo no. No es que esté decepcionado con el pensamiento de izquierda, si no que soy crítico con la práctica de esas izquierdas que tienen el suelo como su horizonte histórico.

Soy y sigo creyendo que mientras el capitalismo concentra la riqueza en unos pocos, produce miseria y genera grandes desigualdades, el socialismo es la mejor alternativa para redistribuir las riquezas y construir una sociedad justa, democrática y solidaria.

Pero para alcanzar ese objetivo necesitamos construir una organización de hombres y mujeres dispuestos a hacer historia con mayúsculas. No creo que la lucha por el socialismo se desarrollle de manera espontánea ni que el socialismo va llegar producto de las casualidades. Creo en la acción conciente del hombre como factor esencial del devenir histórico.

Y por esa razón soy muy crítico con las izquierdas que tenemos. Y hablo en plural porque para mí las izquierdas son Nuevo Perú, Frente Amplio, Democracia Directa, Juntos por el Perú, Perú Libre y otros tantos movimientos regionales que llevan escrito la palabra socialista en sus idearios políticos.

Nuestras izquierdas son sectarias y sus líderes no tienen vocación de hacer historia. Carecemos de esa sensibilidad política para entender que muchas de nuestras derrotas han sido culpas nuestras y las pocas victorias obtenidas fueron producto de que marchamos juntos.

¿Si no podemos conversar entre nosotros y ponernos de acuerdo en un programa mínimo, cómo pretendemos gobernar un país tan amplio y diverso? Y hablo de gobernar en el sentido de transformar el país y no de administrar el presupuesto del Estado.

Salvo que esas izquierdas estén atrapadas por una mentalidad contestataria y se sienten felices de ser la eterna oposición, unas izquierdas sin vocación de poder y que en la práctica han renunciado a la osadía de lanzarse a “tomar el cielo por asalto.”

Sin vocación unitaria es poco o nada lo que las izquierdas pueden hacer. Seguiremos marchando, protestando, exigiendo, denunciando pero nunca llegaremos a ser gobierno y poder. En ese aspecto la derecha es más realista. Cuando ven peligrar su poder, se unen y defienden juntos sus intereses de clase.

Necesitamos unas izquierdas que se pongan el país sobre sus hombros y se atrevan a marchar juntos para construir la patria nueva. Y para eso necesitamos militantes izquierdistas que sean críticos con las conductas sectarias de sus dirigentes, derriben muros de intransigencia, conviertan sueños en realidades y abran las anchas alamedas de la historia para que un hermoso amanecer transite ese Perú nuevo que hace casi un siglo soñaba el Amauta José Carlos Mariátegui.

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  ¿Hay salida por la izquierda?  

Por Fredy León

Sostiene Juan de la Puente*, con mucho sentido de la razón, que “el Perú vive un momento plebiscitario y no un momento constituyente.” Y esto es así, por la sencilla razón que las voces que piden nueva constitución siguen siendo minoría, no tienen la fuerza real para imponer la agenda política del país y no saben como actuar en un escenario donde la correlación de fuerzas es totalmente desfavorable.

Luego de la derrota de la alianza aprofujimontesinista en el congreso, Vizcarra se ha consolidado y habrá referéndum sobre los temas planteados por el gobierno, pero lo sustancial de la crisis del régimen quedará otra vez relegada. Se votará por la bicameralidad sin cambiar la vieja estructura del estado neoliberal heradado de la dictadura.

Sucedió lo mismo durante el gobierno de transición de Valentín Paniagua. Las izquierdas se entretuvieron en peleas menudas y no tuvieron una visión de conjunto del nuevo periodo que se iniciaba. Ese proceso de transición fracasó porque la arquitectura política montada por el fujimontesinismo -la constitución del 93- quedó casi intacta y no hubo una fuerza política que impulse la ruptura democrática con el regimen impuesto por Fujimori.

Pasó lo mismo cuando se produjo el quiebre del gobierno de PPK. Las izquierdas fueron ganadas por posiciones infantiles y, con sus consignas maximalistas -que se vayan todos y elecciones generales-, se aislaron del proceso político. Prefirieron pelear sus batallas de consignas y perdieron un interesante momento político para promover un pacto con Vizcarra con el objetivo de convocar a la Asamblea Constituyente. Ir a un momento constituyente significa crear un consenso mayoritario en la sociedad, pero parece que en las izquierdas creen que solo ellos son los únicos llamados a redactar la nueva constitución.

Y vuelve a repetirse ahora donde las izquierdas aparecen como fuerzas marginales que van al remolque de un gobierno que nació débil, sometido al fuego del fujimontesinismo y que en el camino ha ido construyendo su propia agenda política, obligada más por las circunstancias delicadas que le ha tocado enfrentar que por convcciones propias.

Mérito de Vizcarra que sin tener un horizonte político definido, un programa de gobierno claro y una base política y social sólida ha logrado frenar las ansias de poder del fujimontesinismo, que luego de la estrepitosa caída de PPK, se sentían, otra vez más, dueñas del país. Vizcarra está encaminando este país maltrecho bajo su óptica política, que si bien es cierto no va más allá de la actual coyuntura, por lo menos le garantiza la estabilidad política y social para llegar sin contratiempos hasta el 2021. Lo que queda en el interegno es saber si eso le será también suficiente como para poder construir su propia fuerza política pensando en la sucesión del 2021.

Lo más probable es que luego del éxito logrado por el gobierno en su disputa con el congreso, la pelea por la nueva constitución se traslade al 2021. Será en este periodo electoral donde la disputa política puede sincerarse y el debate sobre el futuro del país se plantee entre los defensores del modelo neoliberal y los que proponen su cambio. Lo nuevo de lo que puede venir, luego del referéndum, es que la política va quedar liberada de la sombra fujimontesinista.

Keiko ha perdido la iniciativa política, la cohesión interna de su bankada se ha resquebrajado y su actual beligerancia responde más al desesperado intento de intentar sobrevivir en medio de la confusión que vive. Sus opciones presidenciales han disminuido considerablemente por errores propios, y de no suceder algo extraordinario, podemos afirmar que es una candidatura que llega muerta al 2021. Gracias Keiko.

Los problemas a resolver se trasladan ahora al campo antifujimorista, que siendo un espectro amplio, no tiene una expresión política definida y tampoco comparten una visión sobre el futuro del país. Luego del reacomodo de fuerzas producido por la convocatoria al referéndum se va abrir un periodo de disputa por saber quién capitalizará las derrotas de Keiko.

Y aquí las izquierdas no la tienen nada fácil. En política las cosas no suceden automáticamente, sino son el resultado de la conjunción de diversos factores, y donde la actitud de los actores políticos, resulta decisivo.

Para comenzar, Nuevo Perú no ha logrado juntar las firmas para inscribirse en el registro electoral. Esto es un punto débil en las espectativas electorales de Verónika Mendoza, la mejor opción electoral que tienen las izquierdas para el 2021. Y los que poseen registro electoral, no generan mayores ilusiones electorales. Ni Santos, Arana o Simons tienen talante como para ser opciones presidenciables de triunfo.

La dispersión, enfrentamientos y desencuentros dentro de las izquierdas continuarán, tal como se vio en el congreso donde las bancadas del Frente Amplio y Nuevo Perú asumieron posturas opuestas frente al pedido de confianza hecho por el gobierno. En las izquierdas hay muchos que se sienten más cómodos en el rol de seguir siendo una minoría belicosa pero se muestran temerosos de sentarse juntos en la mesa de diálogo para discutir cómo empezar a construir una mayoría que pueda disputar a la derecha neoliberal el gobierno. Y sobre todo, cómo gobernar, tarea que será mil veces más complicada que el solo hecho de ganar las elecciones.

El caótico escenario electoral regional y municipal es ejemplo de lo que puede venir, un espacio que ha sido abandonado por las izquierdas al extremo que si se confirma lo que las encuestas en Lima indican, donde la disputa del sillón municipal se presenta entre un neofujimorista –Reggiardo- con un prefujimorista –Beltmon- entonces, creo, el camino para las izquierdas hacia el 2021 se va poner cuesta arriba, muy arriba.

En un escenario de esa naturaleza, las perspectivas electorales de las izquierdas generan más dudas que certezas.

* http://www.noticiasser.pe/entrevista/juan-de-la-puente-el-peru-vive-un-momento-plebiscitario-y-no-un-momento-constituyente

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Jaque mate a la señora K

Por Fredy León

Al gobierno no le quedaba otra opción: o el presidente terminaba siendo rehen de Keiko o se enfrentaba al congreso para viabilizar su propuesta del referéndum.

Y Vizcarra optó por lo segundo.

El congreso, bajo el control del aprofujimontesinismo, se convirtió en el soporte político de esa mafia corrupta enquistada en la administración de justicia y venía bloqueando torpemente todo intento de juzgar a los responsables de la corrupción que vive el país.

La posibilidad de cierre del congreso no debe verse como un objetivo en sí mismo, sino como un paso necesario para enfrentar a la mafia que, gracias a ese congreso, goza de absoluta impunidad y avanzar, con pasos firmes, en el proceso de regeneración moral de la vida pública en el país.

La cuestión de confianza planteada por Vizcarrra, tiene que ir acompañada por la más amplia movilización popular. Solo si el pueblo asume con firmeza la lucha contra la corrupción, impulsa con decisión la lucha por las reformas políticas y pone en el centro del debate la convocatoria a una Asamblea Constitutente, se puede acabar con las viejas y podridas herencias del fujimontesinismo e iniciar un nuevo ciclo político en el país.

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La ciudad en busca de su futuro

Por Fredy León

Soy observador lejano del diario vivir de mi ciudad de origen y trato de seguir los acontecimientos importantes que marcan el ritmo de sus tiempos. Como todos, soy orgulloso de su pasado y fervoroso admirador de la herencia que nos dejaron los que fundaron la ciudad; y como algunos, veo con mucha preocupación y desolación su futuro.

El Cusco es una ciudad que está envejeciendo y la calidad de vida que ofrece a sus ciudadanos se está deteriorando de manera dramática. Cada vez vivimos más del recuerdo de un pasado esplendoroso, pero no hacemos nada para que ese pasado, que marca el destino de nuestra ciudad, se prolongue en el futuro.

La grandeza de nuestra ciudad fue resultado de la acción de hombres soñadores que proyectaron en el tiempo una visión de ciudad que fue edificada para perdurar en la historia. La perfección con la que fue edificada, por ejemplo, el templo del Qoricancha, solo se explica por la pasión que pusieron los hombres que idearon esa construcción y la habilidad de los que labraron esas piedras para edificarlo. Cuentan las leyendas que cuando los forasteros llegaban al Cusco, se quitaban los calzados para transitar por sus calles y veneraban sus edificios porque sabían que dentro de esas paredes albergaban vida.

Las ciudades evolucionan -o envejecen- con el tiempo. Mucho depende de la acción –o inacción- de sus autoridades. Y ahora que estamos ad portas de un nuevo proceso electoral municipal, veo con preocupación la improvisación y falta de ideas que demuestran muchos candidatos con una ciudad emblemática como es el Cusco.

Ser alcalde del Cusco debería ser visto como un alta responsabilidad y los ciudadanos deberían ser muy exigentes con las cualidades personales y planes de gobierno de los que aspiran a gobernar la ciudad. Y sobre todo, pensar bien antes de emitir su voto. El Cusco no es solo pasado, es presente y futuro, es historia viva.

Lo que yo siento, a la distancia, es que en la campaña hay una abundancia de adjetivos y promesas de obras sin ton ni son; pero se nota una falencia total de una visión de ciudad. Sin ideas sobre el futuro, el presente se vuelve gris y desolado en la mente de los nuevos aspirantes a burócratas.

Me gustaria escuchar que alguno de los candidatos nos diga como imagina el Cusco de aquí a 25 años. ¿Cuánta población tendrá el Cusco? ¿Cómo será el transporte, más combis y autos circulando por la ciudad? ¿Habrán todavía áreas verdes y el aire en la ciudad será respirable? ¿Las construcciones seguirán expandiéndose caóticamente, bordeando los cerros con su selva de cables viejos y edificios inacabados, sembrando de cemento donde antes se destinaba para la agricultura? ¿Y los servicios municipales de agua, desague, recojo de basura, cómo se hará para atender eficientemente las demandas de una población que bordeará el millón de personas?

Cierto, 25 años parece mucho tiempo para quienes tienen como máxima aspiración administrar los presupuestos municipales durante 4 años, pero no olvidemos que la historia está construida de pequeños acontecimientos, enlazados unos con otros, y son esos eslabones que convierten esa pequeña secuencia de tiempo en la cadena del devenir histórico de la ciudad.

4 años, sin un horizonte en el tiempo, no es nada. Obras prometidas, sin una visión en conjunto del futuro de la ciudad, es improvisación absoluta, es destruir lo que heredamos.

Por eso que no es extraño que luego de la decepción vivida durante 4 años, muchos se consuelen recordando al alcalde que por lo menos cumpla con su palabra de honor, empeñada voluntariamente, de bañarse en las aguas sucias del Huatanay.

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Ciencias, el colegio glorioso

Por Fredy León

Fueron 8 maravillosos años, unos mejores que otros, en un inolvidable colegio donde habitaban una rara especie de maestros por vocación que se esmeraron en enseñarnos algo más que sumar y restar; y yo, burro por naturaleza, aprendí menos de lo que debí.

Ingresar al Glorioso fue una ilusión hecha realidad. Por el lugar de residencia me tocaba estudiar en otro colegio, pero yo ya era un acérrimo hincha del Cienciano, ese equipo donde cada domingo Nilo Castañeda, “Washi” Miranda y el “k’uro” Delgado, daban cátedras de buen fútbol en el vetusto estadio y luego se trasladaban a la Quinta Kantu para seguir gozando de la buena vida; mientras en las tribunas, el recordado “Ñaccha” Miranda, ese simpático personaje que parecía que la vida lo había sacado de alguna serie de historietas, desataba la pasión de los hinchas con sus disparatadas locuras que solo el fútbol puede originar.

¿Cómo podía estudiar en el colegio del equipo rival? Eso era algo más que una traición. Uno podía orinar disimuladamente dentro de la piscina, pero para subirse a lo alto de un trampolín y desde ahí miccionar a las injusticias de la vida, se necesitaba ser de otra estirpe; y eso no se podía hacer de una manera tosca, había que aprender a cultivar esa clase que ya sentía en las graderias del estadio para hacer de la vida un viaje apasionante. Había que llegar a ese colegio para sentir la fuerza telúrica que trasmitía el recordado “chivo” Chevarria en sus eternas discusiones filosóficas con el cura Prada; escuchar sus agudas réplicas y quedar anonadado con esa frase magistral que quedó para la eternidad: “Padre, si en la India adoran a una vaca, por qué los ciencianos no pueden adorar a un chivo.”

Y es que una vez rojo, toda la vida rojo.

A mis escasos 6 años tuve que “postular” para obtener una plaza vacante en el Glorioso. Ironías del destino, luego en el transcurso de mi vida me he pasado postulando a distintas entidades educativas. A todas ingresé, pero de ninguna egresé. La vida perdió a un diligente burócrata, yo gané mi libertad.

El primer día de clases debí haberme sentido como Adán en su primer día en el paraíso, con una pequeña diferencia: mientras Adán observaba atónito su cuerpo desnudo y se tocaba las bolas, yo sentía vibrar mi corazón al momento de vestir mi nuevo uniforme caqui “made in Choque” y ponerme la camisa, el pantalón, la correa, la corbata, la cristina, la insignia, mi primer galón azul y el rombo…ese bendito rombo causante de mis imnumerables 10 minutos de castigo.

20 minutos me llevó cruzar medio Cusco, desde Lucrepata hasta la mítica Plaza San Francisco. El imponente edificio del colegio dominaba toda la plaza, subí casi corriendo las gradas de ingreso al colegio y automáticamente mis pasos se detuvieron absortos delante del portón; era una puerta inmensa y yo, un imberbe que a duras penas llegaba al metro de altura, estaba finalmente, ahí de pie, observándolo en silencio. Mi corazón latía con intensidad, cada segundo era una eternidad. Cruce con mucha reverencia el portón, parecía como si estuviera ingresando a una iglesia, pero a diferencia del miedo que me producía las pocas vecez que entre a La Compañia, en ese momento sentí mucha curiosidad y ansiedad por saber qué clase de misterios ocultaban ese portón y descubrir qué tipo de mundo existía tras de ese oscuro vestíbulo, donde el triste busto de don Guillermo Horacio Mayo la Roza, vigilaba celosamente el ingreso de los ígnaros.

El patio central era inmenso, un territorio sagrado para los primariosos. Había que caminar casi en silencio, contener la respiración para no cruzarse con uno de los temibles auxiliares que imponían la disciplina en ese universo mágico denominado secundaria, hasta llegar a la famosa línea Maginot, el lugar donde las aguas se dividian en dos: primaria y secundaria.

El prestigio y la grandeza de un colegio descansa en la calidad y nivel de sus profesores; y a nuestros ojos, ese primer día estábamos frente a seres dotados de un poder sobrenatural que daban vida a las palabras, hacían bailar a los números formando una infinitud de parejas y dominaban el tiempo logrando que el pasado abandonase el mundo de las sombras para ser contemplados a la luz de ese hechizo mágico denominado conocimiento.

Un nuevo y apasionante mundo de respuestas surgía ante nuestros incredulos ojos; y ese mundo dificilmente podía haberse creado en 7 días.

Éramos arcilla en manos de curtidos orfebres que llevaban en la sangre la vocación de Amautas, nombres que dificilmente pueden olvidarse como los profesores Conde, Gibaja, Ochoa, Lucho Zapata y, muy en especial, ese gran maestro, Sergio Abarca, que nos enseño a descifrar el código de las palabras y se dedicó con mucho ahinco a sembrar de valiosos conocimientos nuestras mentes virginales; ellos eran los que hacian del Glorioso Colegio de Ciencias la casa viva del saber y el conocimiento.

Si la primaria fue el inicio de un viaje emocionante por un mundo desconocido donde lo principal era saber preguntar, la secundaria significó asentar los pies en ese mundo para explorarlo, descubrir y explicar sus misterios que aparecian como espectros ante nuestras ávidas mentes dispuestar a conquistar ese mundo del saber.

Somos hechura de nuestro tiempo y en ese tiempo de estudiantes contamos con la guía invalorable de hombres que dedicaron toda su vida, y con mucha pasión, a la noble tarea de educar, trasmitir conocimientos y, sobre todo, enseñar a pensar con cabeza propia, que ciertamente era lo más dificil y complicado.

Ese lugar tan especial del colegio estaba habitado por seres que deberían tener el don de la inmortalidad; personas como el profesor Batallanos, el recordado “bataco” que nos introdujo al mundo vallejiano de la mano de los Heraldos Negros; el “Django” Silva que luchaba contra el tiempo para que las formas y los colores expresaran algo; “el demente” profesor de matemáticas que hizo del Baldor su verdadera biblia; “el chichero” Sánchez que le robaba su tiempo a sus prolongadas estancias en las chicherias para venir a describirnos con una memoria impresionante como estaba formado el mundo; el cura “Pochito” que se pasó tres años peleando para que aprendieramos a santiguarnos correctamente; el profe Gallegos que nos obligó a memorizar desde la pa hasta la pu la obra del paleontólogo argentino Florentino Ameghino y el recordado profesor de Historia Universal, Luis del Carpio, que alimentó nuestra fantasia juvenil y nos llevó por un increible viaje imaginario por el mundo fantástico de los faraones, y quien a la postre resultó ser el responsable de que en mí surgiera esa idea peregrina de cruzar, algún día, el atlántico.

En ese mundo del conocimiento había una pleyade de curiosos apelativos que brillaban con luz propia, y es que era más sencillo reconocer a los profesores por sus chapas que por sus nombres; además en la secundaria los apelativos formaban parte sustancial del código secreto que distinguia la calidad de un profesor. A saber el “ratón” Pérez; el “dientesfrios” Velazques; el “Didi” Carrillo, el “siete machos”; el “pichinkucha” o el famoso “chiricuto” que con sus apenas 1 metro 60 era el responsable de la gallardía con que marchaba la escolta del colegio.

Pero no solo eran los profesores quienes daban honor y prestancia al Glorioso, también estaba el personal administrativo y los famosos auxiliares quienes mantenían la disciplina del Glorioso como el estandarte que lo distinguía de otros colegios. Como no recordar al “sapo” Florez que fue el responsable que la banda del colegio llegara a ser la mejor del Cusco; el “orejitas” Segovia que imagino aún debe estar descifrando el misterio de por que en el 9-3 las tías se morían tan seguidas; el “tallarin” y su auto mágico que desaparecía cada vez que el cienciano campeonaba; el auxiliar Cuba; el “Osiris”; Cama; y el más grande de todos, el “tumbamulas”, cuya sola presencia paralizaba de miedo a todo el colegio.

Pero la secundaria era algo más que los libros. Era el tiempo para aprender a ser rebelde. Ser cienciano era defender la roja con pasión y vivir el deporte como lo principal en nuestras vidas. Cada partido, y en especial cuando enfrentábamos a nuestro clásico rival, se vivía de manera intensa. Y lo que se ganaba -o se perdía- en el campo de juego, se defendía -o se vengaba- en las afueras del estadio. Ser de secundaria significaba participar de los “chakeichis”, bautizarse rompiendo las ventanas del colegio rival y defender, como estoicos numantianos, el honor del Glorioso.

Atras habían quedado los tiempos donde lo máximo era cantar voz en cuello “upa upa upapa, el cienciano es el papá” cada vez que el bus del colegio circulaba por la avenida de la cultura, ahora había que defender a pedradas el Glorioso.

Y a pedradas empece a caminar por la vida, primero contra el local de un colegio, luego en la universidad contra el abuso policial y ahora contra las injusticias de la vida.

Nunca olvido que esa actitud lo aprendí el primer día que ingrese al Glorioso, que la vida vale vivirla en la medida que uno tenga motivos para luchar por lo que cree justo. Y que esos motivos surgen cuando la luz del conocimiento alumbra en las penumbras de la ignorancia.

Y el Glorioso Colegio Nacional de Ciencias siempre fue esa antorcha sagrada que ilumina en lo alto del saber en medio de una sociedad donde aún existen resabios donde reina la oscuridad y la ignorancia.

Vale la pena recordarlo.

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¿Refundar o refundir?

Por Fredy León

En medio de la indiferencia, inmovilismo e inacción absoluta que caracteriza a los remanentes de las dos organizaciones que se autodenominan comunistas, cuyas existencias se han reducido a luchar para intentar mantener sus enmohecidas siglas partidarias, desde el Cusco viene la noticia que el Comité Regional del Partido Comunista ha decidido convocar a una “conferencia ideológica y programática” para –según ellos- “construir un PC con iniciativa y vocación revolucionaria”, un partido que pueda “disputar ideológica y programática con el neoliberalismo.”

La idea no es nueva, lo que es nuevo es que esa iniciativa surja en el Cusco rojo, el último bastión que aún conserva el viejo PC.

Hace tiempo, hará unos 8 ó 9 años, cuando aún no nos habían expulsado del PC, propusimos a la dirección del Partido ir a un “congreso ideológico” para rearmar la utopía comunista, refundar el Partido y construir una nueva organización comunista sobre la base de la unidad ideológica, programática y orgánica del PC y Patria Roja.

La idea cayó en tierra árida.

La dirección del partido estaba ganada por una mentalidad conservadora, de sobrevivencia en la nada y de un pragmatismo ramplón, donde la simple idea de proponer un debate ideológico producía urticarias en ese organismo de dirección que convirtió al viejo PC en un cementerio de ideas.

Como no tuvieron la sensibilidad de entender la profundidad de la crisis del PC ni supieron captar el ritmo de los nuevos tiempos políticos que vivía el país, más pronto de lo imaginado la tosca rutina del tiempo saldó cuentas -¡y de qué manera!- con esa anodina dirigencia partidaria que se vió obligado a abandonar prematuramente su ciclo en medio de la soledad política y el fracaso absoluto.

Pero los que le sucedieron en la dirección del PC tampoco parecen entender que del hoyo no se sale cavando hacia abajo.

Sin ideas nuevas que ofrecer lo único que se les ha ocurrido, a los nuevos dirigentes del PC, es rebuscar en el baul de la nostalgia y repetir esas grandes ideas de los clásicos que han sido empequeñecidas con el estrepitoso derrumbre del denominado campo socialista y que en pleno siglo XXI son expuestas de un modo “instintivo, vago” que francamente no conducen a ninguna parte.

Ser revolucionario no es volver a repetir experiencias que han fracasado asi como ser original no significa recurrir a Cantinflas para explicar el mundo actual.

Los comunistas peruanos, si quieren realmente “disputar ideológica y programática con el neoliberalismo” lo primero que tienen que hacer es saldar cuentas con su propia práctica política. Y eso solo se puede lograr desde la teoria revolucionaria, es decir, tienen que someter todo lo actuado al fuego implacable de la crítica de la razón para que desde las cenizas del viejo PC reconstruir una nueva organización política revolucionaria que sea capaz de forjar ese “Perú nuevo en un mundo nuevo.”

Tienen que entender que la organización no es un fin en si mismo, que la teoría del comunismo no apareció como una estrella fulgurante en la mente brillante de Marx y Engels y que Mariátegui no se dedicó a repetir laconicamante las ideas expuestas por los clásicos del marxismo.

La grandeza del Amauta radica en su capacidad creadora, en el de haber sido un intelectual revolucionario que se sumergió en la profundidad de la realidad peruana para desde nuestras raíces dar vida al socialismo peruano como creación heroica.

La teoria comunista fue el resultado de todo un estudio y análisis de una realidad concreta. “Las proposiciones teóricas de los comunistas no descansan ni mucho menos en las ideas, en los principios forjados o descubiertos por ningún redentor de la humanidad. Son todas expresión generalizada de las condiciones materiales de una lucha de clases real y vívida, de un movimiento histórico que se está desarrollando a la vista de todos.” (El Manifiesto Comunista)

La conferencia de los comunistas cusqueños, para que tenga cierta trascendencia histórica y no sea otra anécdota del momento, tiene que atreverse a responder con claridad si esa “expresión generalizada” –del que hablaban Marx y Engels- se mantiene vigente; si esas “condiciones materiales” no han cambiado en el tiempo y si ese “movimiento histórico” es un proceso inalterable que no ha sufrido ningún cambio.

Con el compromiso de desarrollar mi opinión con mas profundidad en un posterior artículo, me parece que tres deberían ser los temas que la conferencia ideológica y programática que los comunistas cusqueños deberían abordar:

– La visión del socialismo peruano en el siglo XXI
– La construcción del sujeto de la revolución
– El tipo de partido que se necesita

Pero por lo pronto bienvenido el debate y desearles a mis apreciados camaradas del Cusco Rojo “alas y buen viento.”

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Duele el Cusco

Por Fredy León

17 candidatos al gobierno regional, y un número similar de postulantes a la municipalidad del Cusco, no es necesariamente muestra de fortaleza democrática ni expresión de pluralismo político; sino todo lo contrario, es la manifestación de la precariedad democrática y crisis de representación política que vive la sociedad cusqueña.

Esta excesiva proliferación de candidatos va originar una caótica campaña electoral (se imaginan un debate con los 17 aspirantes) sin posibilidades de confrontar planes de gobierno (digo si es que lo tienen) ni demostrar si están capacitados para gobernar la región y la ciudad o si tienen un equipo técnico solvente para cumplir sus ofertas electorales. A falta de ideas las imágenes o las conductas folcklóricas de los candidatos van a copar los medios de comunicación.

Como resultado de esta masificación de ambiciones lo más probable es que habrá una dispersión de votos que restará legitimidad a los elegidos. Tendremos autoridades sin respaldo social para gobernar.

Pero aquí llueve sobre mojado. Una somera revisión de las listas que participan demuestra que las agrupaciones políticas han coptado a última hora a sus candidatos. Los que aspiran a gobernar no mantienen un vínculo orgánico con la agrupación política por la que postulan; estamos ante una peligrosa simbiosis entre oportunismo político y ambiciones personales que, como ya hemos visto en la gestión de Moscoso y Licuona, en algún momento van hacer crisis.

Y es que no ha existido por parte de las franquicias electorales el mínimo intento de pensar la problemática regional y municipal: ninguna de las agrupaciones políticas que participan en la contienda electoral hicieron el esfuerzo para elaborar, con algo de seriedad, sus propuestas y plasmarlos en un plan de gobierno.

Sin planes de gobierno ni equipo técnico que asuman la responsabilidad de su ejecución, la improvisación y los humores de los elegidos van a seguir llevando al caos a la ciudad. Una ciudad que por su historia y significado merecía algo más que la mediocridad de ideas que muestran los que hoy van en busca del voto ciudadano para administrar los presupuestos regional y municipal.

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