La historia se repite

¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!
César Vallejo

Por Fredy León

En 1988 la Izquierda Unida se dividió para luego desaparecer. Alfonso Barrantes decidió emprender su propio camino y fundó Izquierda Socialista; el resultado de esa decisión fue catastrófica, en las elecciones de 1990 las izquierdas sufrieron una humillante derrota: Henry Pease obtuvo 10% de votos y Alfonso Barrantes 6%.

Lejos, muy lejos del 35% obtenido por IU en las elecciones de 1985.

Luego de ese fracaso las izquierdas desaparecieron practicamente de la escena política nacional y amplios sectores populares terminaron apoyando al fujimontesinismo. Los pobres de pan e ideas se convirtieron en los defensores de un gobierno mafioso.

Tuvieron que pasar 25 años para que las izquierdas volvieran a recuperar algo de la confianza perdida y tener cierta presencia política.

En las elecciones del 2016 la candidatura de Verónika Mendoza obtuvo sorpresivamente el 18% de votos y 20 congresistas que luego fueron 19 porque uno rapidito saltó la tranquera. Pesó más el encanto del dinero que el duro esfuerzo por defender ideales.

Al poco tiempo el Frente Amplio se dividió; Marco Arana decidió caminar en solitario, Verónika Mendoza fundó Nuevo Perú y las izquierdas volvieron a perder la confianza ciudadana que se manifestó en los pobres resultados obtenidos en las elecciones municipales y regionales del 2018.

Las tres listas de izquierdas (Frente Amplio, Juntos por el Perú y Patria Libre) apenas alcanzaron juntos el 6% de votos.

Lejos, muy lejos del 18% logrado por Verónika Mendoza.

El cierre del congreso y la convocatoria a elecciones adelantadas alteró radicalmente el curso político del país y obligó a las izquierdas a tomar una decisión.

Mientras Marco Arana vive obnubilado en su propia burbuja y anda más preocupado en sus pequeños intereses de grupo y sueña con su candidatura presidencial que ni se molesta en mirar más allá de su ombligo; Verónika Mendoza comprendió mejor que nadie que si las izquierdas siguen divididas no tienen ninguna opción electoral y el país seguirá bajo la hegemonía neoliberal.

La unidad nunca ha sido facil y siempre hubo esfuerzos e iniciativas para encontrar un camino por donde poder transitar juntos. En este caso se realizaron dos encuentros, «Voces del Cambio», uno en Huancayo y otro en Cusco, y hubo un evento nacional convocada por la Asamblea de los Pueblos donde los participantes coincidian como nunca en un punto principal: unidad para enfrentar a la derecha neoliberal.

La unidad de las izquierdas no es un capricho personal de un dirigente, es una exigencia de los principales sectores organizados que, sin ser muchos, son algo más que las voces solitarias de algunos ex congresistas que demuestran tener demasiadas dificultades para entender el nuevo momento político que el país vive y se resisten a aceptar que asumir una representación política significa, sobre todo, aprender a escuchar las demandas colectivas.

La unidad no puede ser visto como la simple suma de siglas partidarias ni como un acuerdo de cúpulas alejadas del sentimiento popular, sino que la unidad significa la construcción de un espacio político orgánico donde las masas populares puedan participar activamente y tener el protagonismo en la lucha por una patria nueva. No nos contentamos con que los ciudadanos voten una vez cada 5 años, sino que buscamos construir espacios para que esos ciudadanos participen activamente de la vida política del país. Ese es el sentido real de la unidad al que las izquierdas aspiran.

Pero en política, como en la vida misma, lo perfecto no siempre resulta siendo lo mejor.

Oponerse a la unidad para levantar las banderas de la abstención electoral, como proponen quienes hoy deciden hacer un alto en su camino, es claudicar en la lucha contra la mafia, es renunciar en la práctica a dar la batalla por lograr culminar el proceso de transición hacia una democracia avanzada.

Pueda ser que absteniéndose de la lucha queden bien con su conciencia, pero creo que abandonar un puesto de batalla que con sus votos el pueblo les encomendo, no es síntoma de madurez ni responsabilidad política. Es todo lo contrario.

¿Qué sentido tiene haber luchado por cerrar el congreso si luego iban a renunciar a continuar en la lucha contra la mafia aprofujimontesinista y entregar el nuevo congreso a las mismas fuerzas que destruyeron el país?

Con esa actitud lo único que consiguen es hacer más dificil y complicado la batalla electoral del 2021.

Nadie es imprescindible en política, todos somos necesarios y cada quién tendrá que asumir en su momento su responsabilidad ante el pueblo.

Personalmente, en estas circunstancias nada positivas y de mucha confusión, yo sí creo y confío en el liderazgo político de Verónika Mendoza. Creo que ella ha contribuido decisivamente a reconstruir el espacio de las izquierdas y ha demostrado en los hechos mucha fimeza para defender sus ideas, coherencia total entre su palabra y su práctica política, coraje y decisión para asumir, de cara al pueblo, las responsabilidades que la historia le demanda.

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El primer paso

Por Fredy León

Cierto, no ha sido nada fácil; más por consideraciones éticas que por razones políticas ¿o quizás es al revés? La unidad de las izquierdas siempre ha tenido grandes detractores, no hablo de nuestros queridos amigos que desde la orilla derecha creen tener todo el derecho para exigir e imponer a las izquierdas el rumbo a seguir, sino de camaradas de las izquierdas que por no asumir los riesgos de una decisión política prefieren no hacer nada y esperar que el tiempo pase mientras el neoliberalismo destruye vidas.

La corrupción es un tema muy sensible que hay que combatirlo sin pactos ni claudicaciones y desterrando la impunidad que gozan los mafiosos de cuello y corbata. Hay una corrupción sistémica que es alentado por el régimen neoliberal que tiene su sustento político en la alianza entre el partido Aprista, Fuerza Popular y un sector de empresarios mercantilistas que controlan la Confiep y que han utilizado las instituciones del estado para sus negocios turbios. Si no se combate eso, todo el discurso contra la corrupción termina siendo, en el mejor de los casos, nada más que buenas intenciones.

Junto a ello existen actos puntuales de corrupción que comprometen a personas concretas, algunas de ellas militantes de las izquierdas, como Susana Villarán, que se encuentra en prisión preventiva, o dirigentes como Vladimir Cerrón o Yehude Simons que están acusados por supuestos actos de corrupción. Aquí las izquierdas han sido claras y no se han escondido en un falso espíritu de solidaridad. Frente a las denuncias han pedido que los inculpados se pongan a derecho para que la justicia haga su labor sin interferencias de ninguna naturaleza. No ha existido ninguna complicidad, ni pasiva ni activa, con la corrupción y siempre se ha sostenido que la justicia es la única instancia que pude determinar si Cerrón y Simons son culpables o inocentes.

En este caso, como en todos los casos de corrupción, lo único que se puede hacer es dejar que la justicia haga su labor.

Pero esto no es lo que realmente preocupa a esa derecha que ha reaccionado iracundamente frente a la decisión de Nuevo Perú de participar en las elecciones al congreso en alianza con Perú Libre y Juntos por el Perú. Lo que realmente le preocupa a la derecha es que esta alianza electoral de las izquierdas pueda reducir ostensiblemente el idealizado espacio del “centro político” y polarizar las elecciones del 2020 entre los defensores del régimen neoliberal del 93 y los que proponen su cambio.

En un escenario de esa naturaleza las voces tímidas que defienden el modelo económico y recelan del régimen político, van a tener ciertamente muchos problemas para explicar ante el electorado ese su dualismo vergonzante. El problema que tienen gente como Augusto Álvarez Rodrích o Juan Carlos Tafur, para nombrar a los más renombrados oponentes al pacto de las izquierdas, es cómo defender a la vez ser compañeros de cama con la mafia aprofujimontesisnista cuando se trata de preservar el modelo económico y al mismo tiempo cómo discutir cual adolescentes engañados cuando se trata de lavar los trastos sucios de la política.

Un régimen no cae únicamente por el simple descontento popular, un régimen cae cuando existe otra alternativa política que tiene una propuesta económica que responde a las nuevas aspiraciones populares. Un régimen cae cuando en la imaginación colectiva aparece en el horizonte la ilusión de otro país y hay una fuerza política con capacidad real para disputarle a la derecha neoliberal la hegemonía social. Un régimen cae cuando surgen nuevos liderazgos que con su palabra unen a la nación en la búsqueda de nuevos caminos.

Ese es el verdadero pánico que tienen los que se horrorizan porque finalmente las izquierdas aprendieron su lección y decidieron enfrentar juntos la lucha electoral que se avecina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Perú ¿Cambio o transición?

Por Fredy León

El congreso tuvo la posibilidad de impulsar una salida integral a la crisis política. No quiso; la alianza aprofujimontesinista, de manera soberbia y sin ninguna discusión, decidió archivar el proyecto de ley presentado por el Presidente Vizcarra que proponía adelantar las elecciones presidenciales y parlamentarias.

En ese escenario de alta conflictividad política el gobierno tenía dos alternativas: o sucumbía ante el congreso o disolvía el congreso. No había otras disyuntivas. Los consensos políticos hace tiempo habían estallado en mil pedazos y el país avanzaba a pasos agigantados hacia un estado de ingobernabilidad y caos. El aprofujimontesinismo se aprestaba a dar la estocada final a Vizcarra.

Cuando el gobierno, como último recurso constitucional que le quedaba, decidió presentar el pedido de confianza, la mayoría del congreso actuó como si fueran una manada de tiranosaurios dentro de una tienda de cristalería. Maltrataron grotescamente al Primer Ministro, le negaron el uso de la palabra y convirtieron el hemiciclo en una tierra de nadie donde creían que la fuerza de sus votos les otorgaba algún derecho especial para hacer y decidir lo que querían. Los tiranosaurios destrozaron toda la cristalería y luego tuvieron la osadía de quejarse ante el dueño de la tienda por los rasguños que los pedazos de cristal les ocasionaron.

El gobierno decidió disolver el congreso porque entendió que al negarse a discutir su pedido de confianza y proseguir, como si el contexto político no se hubiera alterado radicalmente con el pedido de confianza, con su agenda particular para elegir al primo del presidente del congreso como nuevo miembro del Tribunal Constitucional, en los hechos prácticos era una negación a su pedido de confianza.

¿Discutible? Sí, pero lo sucedido luego en el hemiciclo fue una orgía de locura inconstitucional.

El congreso, en medio del caos total, declaró sin mayor sustento legal la incapacidad temporal de Vizcarra para ejercer el cargo de presidente, hicieron llamados a la insubordinación militar y eligieron (sic) a Mercedes Araoz como nueva presidenta del país. No habían pasado 24 horas y Mercedes Araoz, luego de tomar contacto con la realidad, presentó su renuncia a un cargo imaginario elegido por un congreso que había perdido toda legitimidad, las Fuerzas Armadas ignoraron el llamado del congreso y Vizcarra siguió como presidente.

El debate generado alrededor del cierre del congreso resulta lógico y natural pero es un debate peligrosamente incompleto y sectario si comparamos con lo vivido cuando este mismo congreso aprobó la vacancia presidencial de PPK. En ese entonces nadie habló de “golpe de estado”; a pesar que los argumentos para vacar a PPK eran muy discutibles, el congreso actúo con respeto a la constitución. De igual manera procedió Vizcarra en esta ocasión, cerró el congreso tal como indica el art. 134 de la constitución, dejó que se instale la comisión permanente y cumplió con convocar a elecciones parlamentarias para el próximo 26 de enero. Vizcarra gobernará tres meses con decretos de urgencia y la ciudadanía deberá asumir su rol fiscalizador de las acciones del gobierno.

Nadie se alegra que se haya cerrado el congreso, pero el cuestionamiento político a la decisión de Vizcarra refleja más la desesperación de esa parte de la intelectualidad vinculada al pensamiento de la derecha neoliberal que ve que el cierre del congreso puede modificar sustancialmente la correlación de fuerzas y llevar al surgimiento de una nueva mayoría política, social y electoral contraria al régimen del 93.

El fujimorismo y la apra están en una situación hartamente complicada. Si son consecuentes con su rechazo al “golpe de estado”, lo lógico será que desconozcan el llamado a nuevas elecciones; pero si participan tendrán que responder por su defensa de la corrupción, cargar con el peso de la derrota y enfrentar a la ausencia de cuadros de recambio: los fujimoristas tendrán que recurrir a su vieja guardia pretoriana mientras la apra tendrá que hacer malabares para reinventarse.

Por eso que a la derecha no les preocupa el congreso, la corrupción ni la democracia; les preocupa que el bloque dominante ha perdido la hegemonía política y temen que esta crisis política lleve finalmente a un periodo constituyente. Y para ello agitan, una vez más, como máximo argumento el fantasma de Chávez. En el fondo, el debate que plantea la derecha neoliberal no es si hubo o no un golpe de estado, sino su preocupación real está en demostrar que esta medida puede significar el inicio del fin del régimen del 93.

Por esa razón creo que lo expresado por el sociólogo Sinésio López resulta de lo más atinado cuando afirma “La crisis política es un asunto muy serio para dejarla en manos de los constitucionalistas, sobre todo si son kelsenianos, apolíticos o antipolíticos.” O acérrimos partidarios del neoliberalismo, acotaríamos nosotros.

El cierre del congreso soluciona un problema urgente de lucha contra la corrupción y recompone la gobernabilidad del país, pero no soluciona el problema principal de la crisis del régimen.

Esa es la batalla que se avecina y ahí el gran reto que tienen las izquierdas es cómo construir una nueva mayoría social, política y electoral para hacer del cambio de congreso la culminación de ese proceso de transición hacia una democracia avanzada.

 

 

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La otra derrota

Por Fredy León

El presidente Vizcarra claudicó en su intención de forzar el cierre del congreso y desistió de convocar elecciones adelantadas, tal como anunció en su discurso del 28 de julio. Autoderrotado en sus propuestas ahora solo le queda luchar desesperadamente por tratar de sobrevivir a la brutal vendetta política que se avecina y evitar que el congreso lo destituya. El problema de Vizcarra es que no tiene claridad de ideas ni cuenta con una organización que le apoye. La soledad del presidente es terriblemente descomunal

La alianza aprofujimontesinista, que controla manu militari el congreso, tiene sangre en los ojos, sed de venganza y mucha ambición de poder; sienten que han salido victoriosos de este conflicto de poderes, cuentan con el apoyo militante de la cúpula empresarial y bajo el brazo tienen dos ases marcados: el Tribunal Constitucional que como una fruta madura está a punto de caer bajo su control y las ambiciones, nada disimuladas, de la segunda vice presidenta, Mercedes Aráoz, que en medio del caos político ha mostrado su disposición a dar el tiro de gracia al presidente Vizcarra, su ocasional ex compañero de fórmula presidencial, y con la venía de la mayoría del congreso, aspira convertirse en la primera mujer en asumir la presidencia del país y de ese modo garantizar la estabilidad y continuidad del régimen neoliberal.

¿Qué impediría al aprofujimontesinismo dar el siguiente paso para tomar el poder total? Nada. Ellos creen tener el viento a su favor y confían en que la despolitización, indiferencia y desmovilización del pueblo favorezca sus planes. El otro factor de poder, los militares, han mantenido hasta el momento prudencial silencio y aparentemente no están dispuestos a involucrarse en este conflicto político.

Y razones no parecen faltarles a los aprofujimontesisnistas. Los otros grandes derrotados en esta pugna, entre el poder ejecutivo y el legislativo, han sido las izquierdas en todas sus variantes; pues más allá del ruido mediático y de la heroica, pero estéril, pelea que libran en el congreso (19 congresistas de un total de 120) las izquierdas no han logrado articular un real movimiento de masas alrededor de la errática consigna “que se vayan todos.”

El balance de este periodo para las izquierdas es totalmente negativo: no se han ido todos, no han cerrado el congreso, no habrá elecciones adelantadas y el tema de la asamblea constituyente sigue siendo una idea difusa para las grandes mayorías.

Según diversas encuestas de opinión más del 70% de la población estaba de acuerdo con el cierre del congreso y adelanto de elecciones, pero esa mayoría silenciosa no se ha volcado masivamente a las calles, las dos movilizaciones que se organizaron para pedir el cierre del congreso resultaron un fracaso, y sin las masas movilizadas en las calles, resulta una ilusión pensar que se puede derrotar políticamente a la mafia aprofujimontesinista.

Algunos conspicuos dirigentes izquierdistas dicen que esto ha sido culpa de Vizcarra por el miedo que tiene a que el pueblo movilizado desborde sus propuestas reformistas; pero esa idea más parece un intento de justificar la inacción de las izquierdas y evadir la responsabilidad que tienen en la actual desmovilización del movimiento popular. Históricamente la calle ha sido el principal centro de acción y lucha de las izquierdas.

El fracaso de las izquierdas tiene que ver, entre otros factores políticos e ideológicos, con ese viejo problema de sectarismo que ha llevado a la pérdida de credibilidad de los partidos en una sociedad altamente despolitizada y donde los movimientos sociales han dejado de tener la importancia política de épocas pasadas.

Las izquierdas han quedado convertidas en pequeñas y débiles organizaciones que no tienen influencia de masas y carecen de los instrumentos básicos (cuadros públicos, prensa, locales etc.) para desarrollar su actividad política. Por eso cabe preguntarse ¿Qué justificación tiene, por ejemplo, mantener artificialmente la existencia de dos partidos comunistas débiles y pequeños cuando las famosas diferencias ideológicas que argumentaban su división ya no existen?

Ninguna de las organizaciones en que están divididas las izquierdas llámese Nuevo Perú, Frente Amplio, Juntos por el Perú o Perú Libre han tenido la capacidad real de poder organizar y dirigir el descontento social que existe contra un congreso que, según todas las encuestas, tiene un 90% de rechazo.

En esas circunstancias el sentido común indicaba que si el mensaje de las izquierdas divididas no calaba en la conciencia de las masas, debieron en su momento juntar esfuerzos e intentar articular un movimiento unitario de masas para enfrentar con éxito a la mafia. No lo hicieron, algunos pensaron que Vizcarra debía hacerle las tareas y abrirles las puertas de palacio, y otros creían ciegamente que las masas de manera espontánea se iban rebelar contra la mafia que controla el congreso y que solo hacia falta tener listos los candados para cerrar el edificio de la Plaza Bolívar.

Craso error. En los momentos claves de la lucha política las masas brillaron por su ausencia. Ese ha sido el verdadero triunfo de la mafia aprofujimontesinista. Ellos lograron ganar este pulso al ejecutivo no tanto por sus fortalezas, sino por las flaquezas mostradas por el incipiente y débil bloque que apoyaba la propuesta del presidente Vizcarra de cierre del congreso y adelanto de las elecciones.

Las izquierdas fueron derrotadas porque no fueron capaces de romper con el inmovilismo del pensamiento, terminar con su mentalidad de secta que los atrapa en sus pequeñas e imaginarias batallas de papel y porque se negaron, una vez más, a dar pasos concretos para forjar su unidad, única manera de poder enfrentar y derrotar a la mafia.

De esos vientos son estas tormentas que hoy sacuden el país e inauguran un futuro incierto.

 

 

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Es la hora del pueblo

Por Fredy León

El país vive una situación inédita; bajo la tenebrosa sombra de las revelaciones del entramado mafioso montado por Odebrecht, el conflicto de poderes entre el legislativo y el ejecutivo ha entrado en una fase decisiva. El aprofujimontesinismo ha pasado a la ofensiva política, la aplanadora bruta y achorada que domina el congreso ha archivado, sin discusión alguna, el proyecto de ley de adelanto de elecciones y el lunes se aprestan a tomar el control del Tribunal Constitucional, institución que en esta lucha de poderes, originado por el tema de la corrupción, no es precisamente moco de pavos. Siguiendo esa lógica, el siguiente paso de la mafia va ser declarar la vacancia presidencial.

El gobierno, luego del anuncio hecho el 28 de julio, se ha mostrado falta de reflejos políticos y sin una estrategia clara y definida. Ha dejado pasar el tiempo sabiendo que el tiempo corría a favor de la mafia, de quienes quieren prolongar la decadencia del país para mantener intacto el régimen del 93 y garantizar la impunidad de los mafiosos. Ahora los márgenes de acción de Vizcarra son muy limitados: o sucumbe ante la mafia o se anima a dar la pelea real.

Pero no todo ha sido culpa de un gobierno débil y sujeto a múltiples presiones económicas; las masas, en este periodo, han brillado también por su ausencia. Y eso es responsabilidad de las izquierdas que no han podido ni querido trabajar de manera coherente para imponer una salida democrática a la crisis política que vive el país.

La crisis política ha tenido la virtud de ir delimitando con nitidez los campos de acción: por un lado está la mafia aprofujimontesinista con el apoyo militante de la Confiep; al medio el gobierno que vacila entre conciliar o luchar y en la otra orilla los que proponen ir a una asamblea constituyente y nuevas elecciones apoyado tímidamente por un movimiento popular aletargado que si se anima a cumplir un rol protagónico puede ser el factor fundamental para inclinar la balanza en esta crisis política que vivimos.

¿Qué hacer? A contraparte de lo que propone la Confiep que busca un acuerdo en las alturas, entre Vizcarra y el aprofujimontesisnimo, para no cambiar nada y dejar impune a los corruptos, la salida democrática es dejar que el pueblo, de manera libre y soberana, decida el destino del país.

Estamos en uno de esos momentos donde ni el congreso, que sin discutir ha archivado la ley de adelanto de elecciones, ni el presidente, que perdió la oportunidad de cerrar legalmente el congreso, tienen la necesaria legitimidad política para decidir unilateralmente el futuro del país. Vamos a un referéndum y que sea el pueblo el que resuelva si quiere adelanto de elecciones o vacancia presidencial.

Solo los que temen a la democracia y desean prolongar la agonía de un régimen mafioso que ha destruido la vida política del país, son los que verdaderamente tienen miedo a que en estos momentos de crisis se escuche la voz del pueblo.

O el país es de todos o es de nadie.

 

 

 

 

 

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El convento rojo

Por Fredy León

El arribo

Luego de una imprevista, corta e inolvidable estadía en la isla de la libertad emprendimos el viaje a la RDA, finalmente íbamos a cruzar la tenebrosa cortina de hierro. Cerca de la medianoche de un día de octubre arribamos al aeropuerto de Schönefeld – Berlín, debió ser uno de los últimos aviones en aterrizar, cuando salimos de la sala de equipajes las luces del desolado local estaban a medio apagar y las pocas tiendas cerradas; solo se veía a dos o tres empleados de limpieza haciendo su labor. El resto de pasajeros, a paso rápido, abandonaban presurosamente el aeropuerto.

Éramos 4 jóvenes militantes de la Juventud Comunista que apenas nos conocíamos e íbamos a convivir durante ocho meses en la escuela de formación política Wilhelm Pieck de la Juventud Libre Alemana. Alberto, Manolo, William y yo habíamos sido seleccionados por la dirección nacional de la JCP para viajar a la República Democrática Alemana y, a pesar que compartíamos una militancia política y hablábamos el mismo idioma, nunca llegamos a entendernos.

En el aeropuerto nadie nos esperaba. No era una sorpresa, nuestro viaje había sufrido varios retrasos y postergaciones. En esos tiempos, viajar a un país socialista ubicado tras la cortina de hierro, era algo más que una pequeña aventura juvenil. Era inicios de octubre y nosotros debíamos haber estado en la República Democrática de Alemania la primera semana de agosto.

Con nuestros equipajes nos dirigimos hacia la oficina de la policía. En el pequeño local habían tres o cuatros policías, todos jóvenes, que no ocultaban el aburrimiento que llevaban a cuestas. En una mezcla de español e inglés atropellado les explicamos que veníamos a participar en la escuela de la FDJ.

  • Ah, FDJ. Where are you from?
  • Perú
  • Ok, Wait a moment.

Uno de ellos cogió el viejo aparato telefónico que colgaba en la pared e hizo tres o cuatro llamadas. Al cabo de unos minutos, cortésmente nos dijo

  • It’s ok. He comes to pick them up in two hours. Understand?
  • Yes
  • You must wait in the pasaje.

La espera fue menos aburrida de lo que imagine. Estar en un país socialista era una ilusión que excitaba al máximo mis emociones, me había prometido aprovechar lo mejor posible el tiempo de mi estadía en la RDA, observar todo y tratar de aprender al máximo; y el silencio que reinaba en el aeropuerto era una invitación a poner en práctica esa decisión. No había nada interesante que llamara nuestra atención; pero de eso mismo se trataba, aprender a ver entre la nada.

Luego de algún rato lo vimos acercarse dando grandes trancos. Era grueso y alto, tenía el rostro redondo, los ojos pequeños y el cabello corto, era el típico alemán reservado que aparentaba rasgos rudos pero cuando lo ibas conociendo asomaba la nobleza de una persona dedicada con pasión a una causa que imagino fue lo esencial de su vida.

Con su español marcado por ese su acento alemán nos preguntó:

  • ¿Perú?
  • Sí.
  • Soy Hains, bienvenidos. Síganme.
Leonore y Hains, profesores de economía marxista

 

Le seguimos en silencio, nos condujo a paso forzado hacia donde estaba aparcada su furgoneta. Mucho después entendí que en la RDA todos andaban como Hains, a pasos agigantados, como si las distancias a caminar eran muy largas y el tiempo para llegar demasiado corto.

Fuera del aeropuerto soplaba un viento gélido. Nos acomodamos en la furgoneta y yo me senté junto a la ventanilla. Entre su actitud taciturna y nuestro cansancio se impuso un silencio cómplice que nos acompañó todo el viaje. No intercambiamos ninguna palabra.

Salió del aeropuerto y cogió la autopista principal. A esas horas no había ningún vehículo circulando, manejó casi una hora y luego cogió una pista auxiliar y condujo en medio de lo que debió ser un pequeño poblado con sus callecitas adoquinadas, sus casas de ladrillos rojos y las luces tenues, para luego coger una trocha y enrumbarse en medio del bosque, esa trocha de 10 kilómetros que posteriormente con los argentinos, Miguel y Rodolfo, varias veces tuvimos que hacerlo caminando porque teníamos la mala costumbre de llegar a Wandlitz justo después que el último bus había emprendido su marcha hacia la escuela. Luego de manejar entre 10 ó 15 minutos en medio de la penumbra que se resistía a anunciar el nuevo amanecer, divisamos unas luces tenues y la furgoneta entró al patio de lo que era un complejo arquitectónico de cuatro grandes edificios ubicado idílicamente en medio de la espesura del bosque. Daba la sensación de ser un lugar deshabitado, a esa hora el silencio era total y la belleza de los edificios escondidos en la penumbra y sutilmente iluminados era impresionante. Después supimos que el local donde se enseñaba marxismo fue la casa de campo de Goebbels, el genio de la propaganda fascista y uno de los hombres de mayor confianza de Hitler.

Hains estacionó el vehículo delante de uno de los edificios y con su español tosco nos dijo:

¡Llegamos!

El comedor

 

La escuela

A las 9 en punto unos suaves golpes en la puerta nos despertó de nuestro aletargado sueño. Era Vera, la hermosa y joven traductora de español que a partir de ese momento se convertiría en nuestra inseparable compañía e imprescindible nexo con el mundo de la RDA. Ella fue la voz y el rostro simpático del socialismo alemán en la escuela de la FDJ.

Vera era delgada, alta, de cabellos castaños, ojos verdes, nariz respingada y facciones muy suaves; una simpática alemana latinizada que hablaba un español perfecto, tenía una amplia cultura, conocía bastante sobre los países latinoamericanos y fue una excelente traductora que desde el primer contacto inspiraba una confianza absoluta. Con el transcurso del tiempo todos los latinos llegamos a tenerla un aprecio total, había cierta complicidad con ella que en algunas conferencias que traducía, se tomaba la libertad para expresar su opinión, algunas veces asintiendo lo dicho y otras manifestando su disconformidad. Y luego, le alcanzaban fuerzas para discutir sobre el contenido de la conferencia.

Vera nos enseñó las instalaciones de la escuela, nos informó sobre las cosas prácticas y, sobre todo, nos recomendó la importancia de la puntualidad alemana. Ella conocía la originalidad de la famosa hora peruana.

Luego de mostrarnos las instalaciones de la escuela, cruzamos ese bello paraje que conducía del comedor al edificio donde se dictaban las clases. Era una pequeña alameda en medio de jardines cuidados con sumo esmero y varias estatuas que adornaban el lugar con mucha sobriedad, y en la cual sobresalía, por su especial impacto, esa pequeña estatua dedicada a la mujer vietnamita.

En esa corta alameda se respiraba ese espíritu internacionalista que caracterizaba a la escuela de la FDJ.


Estatua en homenaje a la guerrillera vietnamita

 

Vera nos condujo hacia el salón de clases que nos habían asignado. Abrió la puerta y nos hizo ingresar. Una mezcla de ansiedad, curiosidad y expectativa se apoderó de mí. Ese era el espacio donde iba a aprender la teoría marxista, compartir experiencias con los camaradas de otras delegaciones, discutir sobre los problemas de la revolución en América Latina y conocer las experiencias en la construcción del socialismo en suelo alemán. Me sentía como ese mocoso imberbe en mi primer día de clases en el Glorioso Colegio Nacional de Ciencias y que miraba a hurtadillas a sus nuevos compañeros.

Hains nos invitó a sentarnos. Él era profesor de economía marxista y coordinador del curso internacional para América Latina; luego, procedió a presentar a los participantes del curso, los camaradas con los cuales íbamos a aventurarnos por los laberintos grises de la teoría marxista.

De México estaban Romualdo, responsable de su delegación, era un tipo serio, a veces parecía un poco parco, muy inteligente y hábil para polemizar y argumentar con claridad sus ideas, le gustaba investigar, un apasionado de la lectura, era uno de los más asiduos concurrentes a la biblioteca de la escuela, creo que se sentía atraído tanto por la cantidad de materiales de lectura que había en la biblioteca como por la gracia y frescura de la bibliotecaria; Mariana, que como dicen por esas tierras, era una hermosa chula mexicana de ojos grandes, tenía una frondosa cabellera negra y llevaba siempre su infaltable chal negro que cubría sus hombros, se mostraba muy racional, poseía una lógica de pensamiento y una mirada penetrante que parecía la reencarnación de Frida Kahlo; y Abrahán, un cuate mexicano de origen campesino, joven de sentimientos muy puros, de esos que por vivencias propias soñaba con el socialismo como el paraíso de la humanidad.

De Ecuador participaban Alejandra, joven impetuosa, de carácter dominante y rebelde, vivía la política con mucha pasión y Eugenio, que cuando estaba en sus momentos de euforia era una locomotora imparable de ideas e iniciativas, provenía del mundo del arte y se dio el placer de montar una obra de teatro y formar un coro de canto que tuvo singular acogida; pero en sus momentos de depresión, lo mejor era evitarlo.

De Colombia, Wilson y Diego, dos jóvenes que parecía que provenían de países diferentes. Si queríamos “armar” un debate bastaba con sentarlos a los dos en la misma mesa. Reflejaban la dicotomía que en esos tiempos se vivía al interior del PC Colombiano, eran dos personalidades opuestas: uno reservado y receloso de casi todo y el otro extrovertido y sumamente impulsivo.

De Argentina, Carlos, Rodolfo, Miguel y Ramón. Cuatro argentinos con los cuales desarrolle un grado de amistad muy especial cultivado en ese nuestro rinconcito del edificio en el que nos quedábamos hasta altas horas de la madrugada conversando amenamente y donde aprendí a tomar el famoso mate argentino. Carlos era el responsable de la delegación, un tipo muy inteligente, de una basta cultura y un conversador nato; Miguel era más analítico, le gustaba reflexionar en voz alta, a veces daba la impresión que su lema era “primero dudo, luego existo”, un caminante incansable, lugar donde íbamos nos pasábamos recorriendo por las estrechas callejuelas en busca de algún “boliche” tradicional, así fue como dimos con ese localcito de Jazz ubicado en las penumbras de un viejo bunker de la segunda guerra mundial y adornado con vetustos toneles de ron y cirios grandes; Rodolfo, un amigo entrañable, de esos que te hacen sentir la nostalgia de la amistad perdida en el tiempo y la distancia, un noble camarada con el que compartí los sueños de un futuro que creíamos tenerlo al alcance de nuestros dedos y pensábamos que íbamos a ser los arquitectos de ese futuro socialista. Luego Ramón, el che, el típico argentino que nunca le faltaba tema de conversación, un apasionado del fútbol con el que fuimos a ver un partido de la liga alemana que resultó ser el clásico de Berlín y, contra todo pronóstico, Ramón fue el único argentino que al finalizar el curso quedó perdidamente enamorado de una simpática alemanita.

No resultó difícil integrarse a un grupo tan diverso. A pesar que fuimos los últimos en llegar al curso, percibimos en el salón una atmósfera de cordialidad que te invitaba a formar parte de algo especial. No había motivos para sentirse solo ni excluido. La pasión por la política nos socializaba y los ideales comunes nos hacían sentir que éramos parte de una gran ilusión colectiva.

El otro grupo de latinos estaba formado por chilenos, venezolanos y nicaragüenses. Políticamente era un grupo más heterogéneo, mientras el nuestro todos proveníamos de la vertiente comunista, en el otro había además de comunistas chilenos y venezolanos, militantes de las juventudes socialistas de Chile, del Mapu chileno, del Mas venezolano y de la juventud sandinista.

Aquí recuerdo con especial cariño al “abuelo” Anselmo, un chileno que solía sumarse a nuestras interminables pláticas del rincón, radicaba en Suecia y su figura desgarbada nos recordaba al Quijote; a Sara, la chilenita que gustaba hacer sus empanadas y vestirse con el traje típico de su región, en su rostro se reflejaba la nostalgia y esperanza de volver a su Chile; y Camilo, el dirigente de las juventudes sandinistas que hablaba con mucha emoción sobre los grandes retos que tenía la revolución sandinista luego de haber derrotado a la dictadura somocista y conquistado el derecho a ser gobierno.

La delegación chilena era la más numerosa, todos provenían de la diáspora del exilio, vivían atrapados bajo las traumas de la derrota de la Unidad Popular y expresaban ese desencuentro que iba fermentando entre sus aspiraciones individuales que estaban más unidas a su vida en el exilio con los cada vez más lejanos deseos de regresar a luchar contra la dictadura. En ese ambiente no fue sorpresa enterarme, años después, que un miembro de la delegación chilena, que asistió a la escuela como militante del Mapu y que anteriormente había sido militante de las Juventudes Comunistas, terminó siendo ministro de relaciones internacionales del gobierno de Sebastián Piñera. En política siempre existirán los conversos, gente sin ideales firmes y que no son más que juguetes del tiempo. Creo que en este caso, el susodicho personaje fue comunista cuando creyó que esto le otorgaba algo de heroísmo a su insignificante existencia y terminó en la orilla opuesta cuando sintió la angustia del poder, no sin antes renegar de todo lo que antes decía defender.

Pero a pesar que esa su actitud ya percibíamos en el singular ambiente de la heterogénea delegación chilena, nada de esto enturbió las relaciones personales. La escuela mantuvo un encanto subliminal que nos atrapaba y nos hacía sentir algo especial que dudo que alguien de los que vivió esa experiencia sienta que desperdició malamente un año de su existencia.

Y ese mismo ambiente se sentía con las otras delegaciones, había estudiantes de diferentes países de Europa, África, Asia y América Latina y a pesar de las diferencias culturales, creencias religiosas y limitaciones impuestas por las naturales barreras idiomáticas, estas eran superadas por la imaginación que lograba que la necesidad de comunicarse se expresara de diversas maneras.

El auditórium

 

Las clases

La Wilhelm Pieck era una escuela de formación política y muchos arriesgaron su libertad y su vida por asistir a esta escuela. Las historias de alumnos que, luego de haber estudiado en la WP, fueron detenidos-desaparecidos cuando volvieron a sus países de origen, era algo más que un doloroso recuerdo.

La política se vivía con intensidad, se respiraba en el aire. Recuerdo dos hechos que me impactaron profundamente. Cuando nos comunicaron que iba a llegar una delegación de la Juventud Popular de Kampuchea, los alumnos de la escuela formamos dos hileras humanas para darles la recepción, algo sabíamos de las atrocidades del régimen de Pol Pot pero al ver las fotos y escuchar los testimonios de estos jóvenes comprendimos la real dimensión de la barbarie cometida por Pol Pot y sus” khamer rojos”. Y lo otro fue cuando nos informaron que la Unión Soviética había invadido Afganistán (diciembre 1979), esto generó un conflicto entre los dos miembros de la delegación afgana que asumieron posiciones encontradas frente a la invasión de su país: uno terminó grave en el hospital y el otro fue expulsado a su país. Este trágico hecho nos impacto mucho, pues por alguna razón difícil de explicar, los dos afganos se sentían muy a gusto con los latinos.

Los días en la escuela estaban marcados por la rutina, era difícil esquivar el ritmo de la vida aunque nada te obligaba a seguirlo. De lunes a viernes estudio, viernes en la noche las inolvidables fiestas donde alrededor de la pista de baile y con una cerveza en la mano nos reuníamos jóvenes provenientes de más de 30 países que parecía una verdadera torre de Babel, sábado y domingo lo dedicábamos a andar por Berlín y conocer de cerca el socialismo alemán. En la escuela teníamos absoluta libertad de movimiento y, sin temor a equivocarme, muchos sentimos el calor y la solidaridad de los alemanes que estaban orgullosos de su sociedad.

Los cursos que se dictaban en la escuela eran economía marxista (Hains), filosofía (Helga), comunismo científico e historia del movimiento juvenil, complementado con conferencias sobre temas de actualidad e importancia política expuesto por alemanes y personalidades internacionales invitados por la escuela y visitas a diferentes lugares para conocer de cerca la experiencia en la construcción del socialismo alemán.

Debo decir que el nivel académico de la escuela era alto, se entendía el marxismo oficial como una ciencia que buscaba fundamentar la necesidad de la revolución socialista y había que tratarlo como tal, se estudiaba con profundidad a los clásicos pero había una tendencia a minimizar los aportes nuevos que desde distintas ópticas buscaban enriquecer la teoría revolucionaria. El problema era que con respecto a la teoría marxista no bastaba con tener la vista en el pasado, por más heroico que había sido, había que tratar de ver la nueva realidad de un mundo que lentamente iba resquebrajando los muros de la teoría y dejar que ese espíritu crítico del pensamiento revolucionario, que siempre animo al marxismo, se desarrolle con mayor libertad creadora.

Claro que en esos tiempos no resultaba fácil ver lo nuevo que empezaba a germinar en la profundidad de la compleja realidad social de lo que se denominó como “socialismo realmente existente” que comenzaba a mostrar signos inequívocos de agotamiento; el problema que mostraba la teoría en ese momento era cómo visualizar con claridad lo que se estaba pudriendo dentro del sistema y ver lo nuevo que podía surgir de esa crisis para que en medio del desconcierto de ideas que se vivía poder seguir afirmando el camino que la gran revolución de octubre inició.

El eurocomunismo fue un intento, los eurocomunistas acertaron en el análisis crítico de una revolución que se empantanaba pero erraron en las alternativas, posteriormente vino la perestroika y la glassnot como respuesta oficial a la crisis del socialismo, el gran pecado de Gorbachov fue que nunca supo dar la respuesta de hacia donde se dirigía ese proceso; resultado, el PC italiano se autodisolvió sin librar la batalla decisiva, el PCUS fue barrido por los acontecimientos y el PSUA se evaporó en la nada.

Yo recuerdo en esos tiempos haber escuchado a un camarada finlandés, que desayunaba con un vaso de vodka y se iba a dormir con la botella vacía, sus críticas ácidas a lo que el denominaba el inmovilismo del pensamiento, y que según él estaba construyendo un muro ideológico que cercaba peligrosamente el desarrollo del socialismo. Era una voz solitaria, nosotros lo escuchábamos con atención, pero creo que en ese momento nadie entendió con claridad su mensaje.

Esa fue nuestra gran paradoja, en la escuela del comunismo científico, en ese convento rojo donde se suponía que el debate y la crítica eran las principales armas del desarrollo de una teoría llamado a cambiar el mundo, muchos no tuvimos la sensibilidad de comprender en su momento que la historia oficial de las revoluciones peligrosamente se iba llenando de santos infalibles y algunos creían que la misión de las nuevas generaciones se reducía a rendir pleitesía a ese pensamiento oficial; por eso que en algún momento, entre la rutina de la vida y el conformismo de las ideas, los burócratas del pensamiento empezaron a escribir con letras de molde en la puerta de entrada ¡Esta es la verdad, arrodíllense ante ella!*

Claro que todo esto podemos decirlo después que el muerto quedó sepultado tres metros bajo tierra. Si el socialismo fracasó fue, entre otras cosas, porque la teoría se quedó rezagada. Pero creo que para ser justos con la historia, hay que reconocer que la escuela Wilhelm Pieck cumplió una formidable labor en la formación de cuadros políticos juveniles, en el desarrollo de una conciencia internacionalista y la FDJ fue un valioso apoyo a los procesos revolucionarios, principalmente de los pueblos de África y Centro América.

Si alguna crítica podemos hacer a la Wilhelm Pieck es que si bien es cierto que cumplió una importante labor en la formación de cuadros políticos, sin embargo creo que falló en lo vital: fue una escuela que se preocupó demasiado en mantener la mente en el pasado y se olvidó que para llegar a la tierra prometida solo era posible a través de la crítica constante del mundo que nos precede, porque cuando el pensamiento revolucionario se detiene, el mundo real lo sobrepasa.

Y es que como dijiera el viejo Marx, en este mundo “lo necesario siempre sucede.”**

Reencuentro de ex alumnos de la WP 2017

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* Carta de Marx a Arnold Ruge. Setiembre de 1843

** Ibidem

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¿Recambio generacional sin renovación?

Por Fredy León

Los camaradas de Patria Roja, que hace poco realizaron su IX Congreso, acaban de informar que Alberto Moreno fue reelegido como presidente de su partido, Manuel Guerra como nuevo secretario general y Arturo Ayala como sub-secretario general. La nueva troika de PR es la mejor expresión, y en su versión más cruda, de ese machismo-leninismo que goza de excelente salud en PR, pues por si no bastaba con ver la foto de la mesa directiva que presidió su congreso, donde el poder de las testosteronas fue avasallador, su nuevo comité central se ha decantado por seguir la vieja política criolla de invisibilizar la participación de un segmento importante de la sociedad: la mujer.

No creo que esa marginación de las féminas comunistas haya sido producto simplemente de un lamentable descuido -me parece que PR tiene algunos cuadros femenimos muy interesantes- sino que viene a ser la manifestación de esa arcaica mentalidad patriarcal que predomina en muchos partidos comunistas que no logran tener una visión integral de la sociedad y no llegan a captar la dinámica de las nuevas contradicciones, actores sociales y conflictos políticos que atraviezan las sociedades modernas.

Debe resultar toda una paradoja para quienes reividican el termino de vanguardia que mientras en los partidos socialdemócratas europeos la paridad y alternancia de género se ha vuelto practica común, en los predios comunistas cuesta cambiar la mentalidad patriarcal y se sigue cultivando con empeño métodos y estilos de trabajo que lastran las posibilidades de una verdadera renovación de la vida política e impiden superar ese enfoque clasista primitivo que aisla al partido del conjunto de las fuerzas sociales que luchan contra el capitalismo. Y en este caso, la marginación de ese componente importante de militantes femeninas se vuelve a repetir justo cuando en la sociedad se vienen dando importantes manifestaciones y luchas por parte de las mujeres para lograr la igualdad de derechos, tener mayor visibilidad en la sociedad y conquistar una participación protagónica en la vida política del país.

La notoria ausencia de ese 50% que sostiene el mundo en la cúpula dirigencial de PR es un punto en contra que desluce ese famoso «proceso de renovación» del que hablan. No olvidemos que en los tiempos modernos la revolución será feminista o no será por una sencilla razón: no hay revolución sin liberación de la mujer, y no hay liberación de la mujer sin revolución.

Pero donde se muestran las limitaciones de mayor significado ideológico y deja la impresión que los cc de Patria Roja estuvieran llevando su «proceso de renovación» con el pie bien puesto en los frenos, es en la perpetuación vitalicia de Alberto Moreno como su máximo dirigente. Tendrán sus motivos sentimentales, pero la renovación de un partido que se califica como revolucionario nunca resultará efectiva si se deja la conducción de ese proceso en manos de los que representan el pasado que supuestamente se pretende superar. Creo que los cc. de Patria Roja han preferido ser leales con la figura que los encadena al inmovilismo y es el responsable directo de los «errores» cometidos a lo largo de sus 50 años de existencia, por esa razón han dejado flotando en el vacio el sentido real de lo que significa la renovación de su partido.

Creo que aquí estamos frente a uno de los problemas irresueltos en relación a la concepción del partido de nuevo tipo, y es que la rígidez de las estructuras orgánicas y la preminencia de ese concepto de centralismo atrofiado, que todavía practica Patria Roja y que fuera mal copiado de la experiencia bolchevique y peor implementado, hace que en este caso resulte muy complicado hablar propiamente de un «proceso de renovación»; creo que lo que PR ha decidido llevar a cabo es un proceso mediatizado de recambio generacional obligado por los avatares naturales del ciclo de la vida. Algo similar vivió el PC, con el aditivo que su proceso de recambio generacional fue traumático, llegó tarde y fue pésimamente administrado. Y para colmo de males, ese proceso fue resultado de una dura pugna interna y coincidió justo cuando la Unión Soviética se desmorronaba y la IU entraba en su crisis de extinción. Resultado: hubo recambio generacional pero no renovación partidaria, y ahora tenemos un PC que ha perdido su esencia revolucionaria y solo existe para apoyar al débil movimiento sindical.

En los documentos de su congreso PR criticaba lo que ellos denominan «estilos de trabajo profundamente erróneos», que en el «transcurso del tiempo terminaron aceptándose, en los hechos, como normales» Y, más adelante, como para limpiar sus pecados, enfilan sus críticas contra Santos y Medina, ambos expulsados de sus filas, afirmando que «ninguna forma de caudillismo es tolerable». Si esto es así, entonces ¿cómo entender que se puede dar un proceso de renovación en Patria Roja cuando su máximo dirigente durante sus 50 años de existencia y, por ende, principal responsable de que «el burocratismo en la labor de dirección (…) el sectarismo dentro del partido (…) el subjetivismo (…) el empirismo (…) el liberalismo ideológico», entre otras «desviaciones», haya sido reelecto como su máximo dirigente vitalicio y sea a la vez el encargado para llevar adelante esa famosa «renovación partidaria de la que hablan?.

Creo que Patria Roja está frente a una contradicción entre lo que dice y lo que hace; y en este caso, «cuando las ideas chocan con la realidad, lo que tiene que ser revisado son las ideas.»

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