Por Fredy León

Joe Biden tiene problemas de liderazgo y graves, aunque por el momento puede pasearse por la vieja Europa como Pedro en casa y le basta una llamada telefónica para alinear a los temerosos gobiernos europeos tras los intereses geopolíticos del imperalismo yanqui, pero en su otrora «patio trasero» el piso tiembla y el mundo se mueve en dirección contraria a los intereses hegemónicos del imperialismo yanqui.

Si Joe Biden pensó que su alicaida imagen podría salir fortalecido volviendo la mirada al continente americano y confiaba en que la IX Cumbre de las Américas iba a ser una suerte de besa manos, hoy debe estar preocupado y sintiendo en carne propia esos momentos amargos de fracasos que sufrieron tanto Bill Clinton como George Bush (hijo) cuando en su momento no pudieron imponer ese proyecto anexionista llamado ALCA.

Los deseos de Biden, de tener una cumbre fantoche hecho a su medida con el único objetivo de obtener el apoyo sumiso del continente a las políticas imperiales, han explotado por los aires y el fantasma de un fracaso asoma por las ventanas de la Casa Blanca.

Biden ha tropezado con sus propias torpezas y ahora tiene problemas hasta para hacer algo simple y sencillo: garantizar la realización de la IX Cumbre de las Américas

A poco menos de un mes de la fecha prevista para su realización (Los Angeles, 9 de junio de 2022) en la Casa Blanca reina el desconcierto y su hasta hace poco eficiente aparato diplomático trasmite una sensación de caos total al extremo que aún no circulan las invitaciones oficiales y tampoco se conoce sobre el contenido de los documentos que supuestamente los cancilleres deberían consensuar antes de su aprobación. Pero lo que realmente debe preocupar al mandamás estadounidense es que al sur de río grande han surgido voces de rebeldía y dignidad: México, Bolivia, Honduras y una decena de países del Caribe, en un acto inusual y que descoloca a la diplomacia yanqui, han hecho público su oposición a las majaderias de Joe Biden de querer vetar la presencia de Cuba, Venezuela y Nicaragua en la IX Cumbre de las Américas, países que resultan incómodos al discurso hegemónico del imperialismo, y anunciaron que si no están invitados todos, no asistirán a la IX Cumbre.

Tal vez Joe Biden se equivocó de espectáculo y no debió haber asumido la organización de la IX Cumbre de las Américas, y es que por mucho que los estadounidenses hayan logrado apropiarse del uso del gentilicio «americano», estos ya no son tiempos donde el continente americano era tratado como su patio trasero y los gobiernos como sumisos peones dispuestos a mostrar su obediencia total al imperio.

Joe Biden ha fracasado en su intento de lograr el apoyo total del continente a sus políticas hegemónicas y su debilitado liderazgo ha sufrido un tremendo varapalo, que si bien no lo deja como un «pato rengo», pero es lo más parecido que hoy existe.

Biden ya no posee el poder del veto, la organizacion de la IX Cumbre se ha convertido en un verdadero fiasco y la Casa Blanca ha entrado a un escenario que se mueve entre el fracaso-fracaso: si Biden impone su veto la IX Cumbre será una simple reunion de familia pero si levanta su veto a la presencia de Cuba, Nicaragua y Venezuela la imagen de poder del imperio quedará fuertemente golpeada ¡Nicolás Maduro habrá conseguido ser reconocido como único presidente de la República Bolivariana de Venezuela!

Joe Biden pueda que mande en la vieja Europa, pero en América la dignidad ha florecido.

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