Por Fredy León

Vaya dilemita que se ha planteado ese congresista que juraba y perjuraba ser liberal y resultó siendo uno de los mas recalcitrantes exponentes de esa derecha bruta, achorada e ignorante y cuya afición en la política es matar moscas a cañonazos.

Lo expresado por ese congresista, que algo de responsabilidad y cerebro debería tener, es una terrible y brutal disyuntiva (aunque lo haya dicho de manera metafórica) porque levantar esa consigna significa asumir el fin de la política. Por si no lo sabe el irresponsable e infantil congresista la política se inventó precisamente para evitar que gente como él, con mentalidad cavernaria y gatillo fácil, nos lleven a dirimir las discrepancias matándonos entre nosotros. Y para eso esta el congreso, ahí los pleitos se definen a votos y no a cañonazos, por más moscas que revoloteen en su cerebro.

Así como la desesperación siempre ha sido mala consejera, la demagogia barata le ha quitado toda seriedad a nuestra decadente clase política. Y la combinación de ambas es lo que domina en el congreso, una mezcla de lo más nauseabundo que representan Alejandro Cavero que de liberal pasó a sicario; de Heidy Juárez que en cuestión de segundos no dudó en mudar de ropa y de oposicionista furibunda a Castillo apareció como Ministra del gobierno o de Elizabeth Medina (Bloque Magisterial) que con lágrimas en los ojos llamó a sus colegas defender su aguinaldo navideño.

Ni matar o morir, solo espectáculo de pésima calidad. El dulce encanto del aguinaldo navideño tiene más poder que los discursos incendiarios de esos que de tanto afilar sus cuchillos han perdido todo filo.

Como la oposición no tiene los votos en el congreso para vacar legalmente a Castillo, nuestros congresistas no van a suicidarse en tiempos de navidad y renunciar a su aguinaldo y ofrendar 4 años de tranquilidad económica: no habrá adelanto de elecciones ni cierre de congreso. El Gabinete Chávez va obtener el voto de confianza y Castillo no va cerrar el Congreso.

Así de simple, el espectáculo debe continuar. La DBAI en el congreso seguirá jugando a la vacancia sabiendo que no tienen los votos e inventando cualquier estupidez para justificar su incapacidad política y Castillo seguirá amenazando con cerrar el hemiciclo sabiendo que una nueva elección congresal, que deberá ser convocada en un plazo no mayor de 4 meses (art. 134), puede convertirse en un boomerang para su precario poder.

Estos no son tiempos para actos heroicos ni gestos de grandeza. La deslucida politica oficial se mueve en aguas demasiadas turbias como para imaginar que algo de lucides puede surgir de toda esa degradación que domina la conducta de nuestra paupérrima clase política.

Lo que tenemos es solo ruido y escándalos. No hay ideas claras ni proyectos de país.

¿Qué sentido tiene distraerse discutiendo la posibilidad de adelanto de elecciones cuando el congreso puede simplemente negar la confianza al Gabinete Chávez, forzar el cierre del congreso e ir a nuevas elecciones congresales que serían una suerte de plebicisto sobre el gobierno de Castillo?

Pero como no existen partidos políticos, no hay reelección congresal y son los poderosos intereses pecuniarios los que definen el comportamiento de los congresistas, la comedia de los dimes y diretes, entre el gobierno y la derecha, van a continuar hasta el 2026.

O sea, el dilema real que enfrenta el gobierno y el congreso no es «matar o morir», como jocosamente escribió el congresista Cavero, sino cómo sobrevivir en medio de la crisis, pero sin renunciar a sus privilegios.

Hemos llegado a un punto muerto donde toda posibilidad de lograr una salida democrática y popular a la actual crisis pasa por la construcción de una nueva mayoría política y social que asuma la lucha por la refundación de la patria como un proyecto estratégico.

Esa es la tarea del momento.

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