Atrapados sin salida

Por Fredy León

No es una simple crisis de gobierno lo que sacude a los Estados Unidos, es una crisis de la “garganta profunda” que sostiene el sistema político yanqui.

Lo que comenzó como un acto espontáneo de indignación y rechazo del brutal crimen de George Floyd, a manos de un policia, se ha ido convirtiendo en una masiva y violenta protesta de descontento contra el sistema político imperante en los Estados Unidos y que, bajo el grito “I Can’t Breathe” ha unido a millones de americanos negros, blancos, latinos, jóvenes, mujeres, trabajadores, intelectuales y ancianos.

Los marginados y silenciados por el sistema han despertado y llevado sus voces y gritos las calles de los Estados Unidos. Y lo que es peor, se han dado cuenta que son esa inmensa mayoría silenciosa acostumbrada a contemplar pasivamente por televisión cómo las elites económicas disfrutaban tranquilamente de un sistema construido para beneficio de un ínfima minoría.

Hay protesta, rabia e indignación en las calles pero falta un lider, programa y objetivos políticos claros. El sistema se hunde en un pantano y sin una propuesta clara de cómo enfrentar la crisis desatada por otro acto de violencia racial, lo más probable es que luego de unos días de agitación la gente se canse y las protestas terminen convertidas en simples actos de vandalismo y saqueos.

La simple protesta no genera grandes cambios, se necesitan ideas y una nueva voluntad política para imponer una salida democrática a la crisis política y cambiar todo lo que se deba cambiar.

¿Renuncia de Trump? ¿Adelanto de elecciones? No resulta claro cuál podría ser el camino que podría llevar a introducir grandes cambios democráticos en USA. La convocatoria a una Asamblea Constituyente es una idea demasiada exótica para los Estados Unidos y esperar las elecciones del 3 de noviembre para desalojar a Trump y encumbrar a Joe Biden en la Casa Blanca es moverse en la política gatopardista “cambiar todo para no cambiar nada.”

El comportamiento matonesco de Trump, que al inicio de las protestas amenazó con solucionarlo a tiros, lo único que logró fue exacerbar los ánimos de una sociedad que ya estaba al borde del caos causado por los grandes estragos que el Covid19 viene ocasionando. La gente de los Estados Unidos Unidos vió que la Casa Blanca no era parte de la solución sino que era el problema mismo, pues su presidente en vez de trabajar para restañar las heridas y convocar a la unión, lo que hizo fue dedicarse a publicar sus ucases por Twitter criminalizando la protesta y amenazando con enviar al ejército para quebrar la rebeldía popular.

Trump lo único que ha obtenido con su lenguaje de odio ha sido terminar aislado de la gente y obligado a recluirse en los sótanos de la Casa Blanca. Sus pocos y poderosos aliados, que aún le quedan, no se atrevieron a secundar abiertamente sus posturas belicosas. El tema racial es, aún para los líderes del partido republicano, un clavo demasiado candente que muy pocos bonzos políticos desearían asirse de el.

Tal vez el éxito político más importante de las grandes movilizacion que estos días remecen al estableshiment yanqui, ha sido sepultar, para siempre, las aspiraciones reeleccionistas de Donald Trump.

Trump de ser un “lame duck”, ha pasado a ser un “dead duck.”

Una pequeña victoria en un mundo que no puede respirar.

Minientrada | Publicado el por | Deja un comentario

Cuarentena, ¿qué falló?

Por Fredy León

A diferencia de Bolsonaro, Piñera, Moreno o Trump, el presidente Martín Vizcarra tuvo la inteligencia para decretar la cuarentena social en el momento indicado. No había otra opción, de no haber actuado rápidamente hubiéramos estado igual, o tal vez peor, que Ecuador, Brasil o Estados Unidos. La cuarentena ha salvado vidas.

Vizcarra actuó con inteligencia pero le faltó voluntad política para implementar las medidas económicas, necesarias y urgentes, que habrían garantizado el éxito total de la cuarentena. Es decir, hacer lo que hicieron países como Nueva Zelandia, Viet Nam, Taiwan, Corea del Sur o Cuba que decretaron la cuarentena total para controlar la propagación del virus, proteger vidas humanas y luego empezar a transitar el duro camino de la normalización.

¿Qué falló? Vizcarra actuó pensando que Miraflores o San Borja eran el Perú. La cuarentena fue pensado para un pequeño sector social que podía vivir un tiempo sin trabajar o que podían seguir haciendo sus negocios sin salir de casas o que podían mantener la cuarentena cómodamente instalados en sus domicilios.

¿Qué faltó? En momentos de crisis no se puede satisfacer a todos, tienes que tomar una decisión impopular: o sacrificas la tasa de ganancia del capital para salvar vidas o sacrificas las condiciones de vida del pueblo para salvar al capital. No hay término medio, el vaso no puede estar medio lleno o medio vacío al mismo tiempo.

Vizcarra, por su indecisión política, perdió tiempo muy valioso en la lucha contra el Covid19, al momento de decretar la cuarentena social debió haber buscado el consenso con el parlamento para decretar el estado de emergencia nacional y aplicar las siguientes medidas:

  • Destinar los recursos económicos necesarios para implementar, refaccionar y adecuar los hospitales a nivel nacional y estén en capacidad de atender a los pacientes del Covid19. Control de precios de los medicamentos. Convenios con China y Cuba para que lleguen los insumos, materiales y personal médico de apoyo a la lucha contra el Covid19. Que las clínicas privadas congelen el precio de atención a sus clientes.
  • Aprobar un bono económico para todo el personal que labora en el área de salud pública durante el tiempo que dure la cuarentena.
  • Disponer que los militares actúen como apoyo logístico en los hospitales y postas medicas del país. Masificar las pruebas del virus y destinar lugares adecuados para que mantengan la cuarentena los pacientes contagiados con el virus.
  • Aprobar un bono universal para todos los mayores de 18 años a pagarse durante todo el tiempo que dure la cuarentena.
  • Apoyar la producción agropecuaria, garantizar la seguridad alimentaria, el transporte de alimentos y su venta en los mercados adecuadónlos a las nuevas condiciones impuestas por el virus (limpieza permanente, controlar la aglomeración de la gente y evitar la especulación y acaparamiento de alimentos). Coordinar directamente con los gobiernos regionales y municipales para garantizar la aplicación de esas medidas a nivel nacional.
  • Congelar el pago de agua, luz y teléfono durante el tiempo que dure la cuarentena.
  • Garantizar el funcionamiento de los sectores necesarios y básicos de la economía.
  • Coordinar con los gobiernos vecinos el control de las fronteras para garantizar de manera ordenada el flujo de personas por los puestos de control. Brindar apoyo a las personas que decidieran volver a sus pueblos natales.
  • Paquete económico para reactivar la economía priorizando a las Pymes, las pequeñas y medianas empresas que generan empleo y valor agregado. Garantizar que las grandes empresas deudoras a la Sunat paguen sus impuestos. Aprobar que las grandes fortunas paguen un impuesto solidario y que los funcionarios públicos que ganen más de 15 mil soles aporten un 10% de su sueldo.
  • Brindar todo el apoyo al programa Yo aprendo en casa. Prevenir los actos de violencia de género y disponer del apoyo a las personas que sufran maltrato físico.
  • Coordinar con los gobiernos de la región las medidas conjuntas para impedir la propagación del virus, intercambiar experiencias e información y hacer compras conjuntas de los materiales y medicamentos necesarios.

 

Minientrada | Publicado el por | Etiquetado | Deja un comentario

América Latina ha dejado de existir

Por Fredy León

El arribo a Venezuela de 5 buques iraníes, transportando gasolina, es un clavo más en el sarcófago de la vieja doctrina Monroe que vive sus minutos finales y, al igual que lo sucedido hace poco en Italia donde por primera vez tropas Rusas pisaron suelo italiano o en España donde aterrizaron aviones chinos llevando ayuda médica al país ibérico, la llegada de barcos iraníes al continente americano es otro signo más de los cambios que se avecinan en la geopolítica mundial donde las áreas de intereses estratégicos se van modificando en detrimento del poderío estadounidense.

América Latina ha dejado de existir, de haber sido el patio trasero del imperio está pasando, sin pena ni gloria, a ser un caótico conglomerado de naciones aisladas, sometidas a una forzada cuarentena política por la miopía de sus elites gobernantes, enclaustradas bajos sus limitadas fronteras, con miles de problemas irresueltos, disputando las migajas que sobran en el tablero internacional y donde han quedado enterradas, por un largo tiempo, los tibios esfuerzos de integración regional.

América Latina ha dejado de existir, el importante éxito político logrado por el gobierno venezolano de haber abierto enormes grietas a la política de sanciones económicas impuestas por el imperio, lo ha enterrado. Paradojas del destino, el país que más luchó por hacer realidad la integración de nuestra América Latina, para poder sobrevivir como nación soberana ha tenido que enterrar los ideales de Bolivar.

América Latina ha muerto, ahora la solidaridad y los socios estratégicos hay que buscarlos allende los mares. La heroica lucha venezolana abre un nuevo capítulo en nuestra trágica historia: nuestros pueblos para poder sobrevivir se han visto obligados a dar la espalda a los andes y mirar a los mares.

Minientrada | Publicado el por | Etiquetado | Deja un comentario

La crisis política toca las puertas

Por Fredy León

 

Por las noticias y comentarios que circulan por las redes sociales da la impresión que el país está entrando en un tiempo político de incertidumbre total justo en momentos donde las cifras de contagiados y muertos por el covid19 va adquiriendo un carácter espeluznante: 100 000 contagiados; 3 000 muertos; personal médico expuesto a laborar en condiciones de alto riesgo y un sistema de sanidad pública a punto de colapsar. Todos los ingredientes necesarios para pintar un cuadro nada esperanzador.

Y en medio de eso aparece la torpeza y miopía de las elites que a paso acelerado están volviendo a reabrir la vieja crisis política irresuelta y que tiene algunos elementos nuevos que deben preocuparnos:

  • El gobierno carece de una estrategia definida para hacer frente a la pandemia y a medida que pasa el tiempo va perdiendo el control en la lucha contra el virus,
  • El parlamento absurdamente ha decidido priorizar la confrontación estéril por el poder al tiempo que se ha mostrado incapaz de buscar consensos mínimos para enfrentar a la pandemia,
  • La gente está perdiendo la paciencia; la desesperación, el hambre y el miedo se van apoderando de amplios sectores sociales,
  • La sociedad se está fragmentando cada vez más, los intereses de pequeños grupos van prevaleciendo sobre los intereses de la sociedad en su conjunto, y la idea del sálvese quien pueda aparece como el último recurso desesperado de los más fuertes, y
  • Los grupos económicos de poder están más preocupados en salvar al mercado que en contribuir a salvar vidas.

Los éxitos iniciales logrados en la lucha contra el virus corren el riesgo de convertirse en un fracaso estrepitoso que pondría en peligro la vida de miles de personas. El caos que vive Brasil, que en un abrir y cerrar del ojos ha pasado del negacionismo al pánico convirtiéndose en el centro del epicentro de la epidemia en América Latina, es lo que nos espera a la vuelta de la esquina.

La cuarentena ha sido una medida extraordinaria y necesaria para evitar el contagio del virus; pero es una medida preventiva y temporal que para garantizar su éxito debió estar acompañada de otras medidas económicas y sociales. No es lo mismo quedarse en casa en un país como Suiza o Noruega que en el Perú, y esto por una sencilla razón: el Perú es un país donde cerca del 70% de su población económicamente activa está desempleada o subempleada (nuestros famosos informales y emprendedores que viven en un mundo de ilusiones) con un deficiente sistema de protección social, con altos índices de pobreza y precariedad social donde miles de familias, compuestas por 5 o 6 miembros, se han visto obligadas a permanecer juntos en ambientes menores de 50 metros cuadrados, con pésimas condiciones de salubridad, sin acceso al agua potable y desagüe y sin que el gobierno les garantice el acceso a la alimentación.

¿Cómo hace una familia que ha perdido sus fuentes de ingresos económicos para quedarse en casa durante dos meses cuando no tienen cómo alimentarse?

Y es aquí donde el gobierno ha fallado. El desborde de la cuarentena no es únicamente responsabilidad de la gente.

El neoliberalismo destruyó todo el sistema de sanidad pública, nos convirtió en una sociedad que vivía al día y el gobierno no quiso –o no pudo- entender que en esas condiciones hacían falta tomar medidas extraordinarias para proteger a la gente.

Una crisis de esta naturaleza, que ha rebasado los marcos sanitarios y adquirido una dimensión de crisis total, no se puede enfrentar únicamente con llamados a la responsabilidad individual invocando a mantener una distancia social, más artificial que real, y aplicando medidas asistencialistas que no llegaron a los sectores más necesitados; hacía falta más conocimiento e imaginación y elaborar una estrategia integral, con medidas económicas, sociales, sanitarias y de solidaridad colectiva para proteger la vida humana amenazada por la pandemia y prepararse para luchar contra su secuela inmediata: el hambre.

Es el hambre el que está empujando a salir a las calles a miles de personas de manera desordenada y elevando los riesgos de contagio del virus. Y si el gobierno no reconoce la gravedad de este problema y no toma las medidas necesarias para garantizar el derecho a la alimentación, no va ser nada extraño que la pandemia adquiera condiciones apocalípticas.

El Covid19 no es un invento maligno ni un juego de niños. Es una peligrosa amenaza a la vida humana, como dice Ignacio Ramonet, “que nos convierte en criminales silenciosos para nuestra propia especie.”

 

 

Minientrada | Publicado el por | Deja un comentario

A mitad del camino

Por Fredy León

Los viejos sueños eran buenos sueños.
No se cumplieron, pero me alegro de
haberlos tenido.
Clint Eastwood
Los Puentes de Madison

Fui parte de una generación de militantes de la Juventud Comunista que nos quedamos a mitad del camino, entre alcanzar la cima de la victoria o sentir el dolor de la derrota. No triunfamos ni nos vencieron; simplemente nos quedamos en medio del campo de batalla. Tal vez debimos haber avanzado más rápido e intentado llegar más lejos, pero andamos lo que pudimos; avanzamos cuando otros retrocedían y nos detuvimos cuando el mundo que soñamos se nos vino abajo. En palabras de Benedetti, cuando creíamos tener todas las respuestas la historia nos cambió subrepticiamente las preguntas.

En 1985 fui elegido miembro del Comité Ejecutivo Nacional de la JCP y asumí la secretaria de prensa y propaganda. Me tocó vivir una etapa política donde las certezas se transformaban en dudas y las dudas se convertían en desánimo. No vimos ni entendimos con claridad la profundidad de los cambios regresivos que, a nivel internacional, el topo de la historia iba maquinando; y en el tema del partido, creo que nos faltó sentido de futuro para contribuir y darle contenido real al urgente y necesario proceso de renovación partidaria que los nuevos tiempos demandaban.

El país ni bien había empezado a salir de la crisis económica y debacle moral al que fue llevado por el mediocre segundo gobierno del timorato Fernando Belaunde (1980-1985) cuando de la mano del exceso voluntarismo mostrado por Alan García (1985-1990) comenzaban a aparecer los primeros signos de descomposición total del viejo proyecto aprista que llegó tarde y mal a su cita con la historia. El gobierno de Alan se caía en pedacitos, la patria se desangraba y dolía la tristeza de nuestro pueblo obligado a vivir entre la incertidumbre de una economía que se desquiciaba y enterrar en silencio a sus muertos que dejaba el terror desatado por Sendero Luminoso y que desde el estado fue respondido con una brutal guerra sucia.

La esperanza en el país se desvanecía.

En esa coyuntura política que se configuró durante la segunda mitad del 80, tres proyectos estratégicos se disputaban el país: el proyecto neoliberal del bloque dominante impulsado por Vargas Llosa y luego ejecutado por Fujimori; el proyecto democrático popular levantado por la Izquierda Unida y el proyecto autoritario de Sendero Luminoso que buscaba conquistar el poder mediante el terror.

En esa disputa estratégica creo que la Juventud Comunista desempeño un rol protagónico; fuimos la organización juvenil más importante del país; a diferencia de la organización juvenil de Patria Roja, el FER del Perú, que era eminentemente universitaria, o de la Juventud Mariateguista, que no pasó de ser un estado de ánimo sin sustento político ni social, la JCP tenía una presencia nacional llegando a articular una definida expresión política donde se recogían las principales aspiraciones de la juventud estudiantil, trabajadora, campesina y femenina.

No tengo los documentos aprobados en esos tiempos por la JCP, pero la propuesta central de trabajar para transformar a la juventud en una fuerza social revolucionaria sintetizaba años de experiencia en la labor de organizar a la juventud y nos dotó de un horizonte estratégico para la acción política.

Se trataba de aplicar de manera creadora la línea política del partido en el espacio juvenil pero también se buscaba participar en los apasionados debates internos donde, como es natural en toda organización política que lucha y busca ser poder para transformar la sociedad, había matices y diferencias de enfoque en la táctica a desarrollar. La Izquierda Unida había logrado dar un nuevo e importante impulso a ese proceso de acumulación de fuerzas basado en la lucha democrática de masas y el objetivo de convertirse en gobierno era una posibilidad real. El problema de llegar al gobierno no era cómo sino para qué.

Esto tuvo su expresión en el acto de inauguración del IX Congreso Nacional del PCP (1987) cuando Alfonso Barrantes, entonces presidente de la IU, subió al estrado un compacto grupo de militantes de la jota provenientes de la Universidad Técnica del Callao, San Martín de Porres, La Cantuta y Villa El Salvador expresamos nuestro descontento con la actitud meliflua y dubitativa que mostraba en ese entonces Barrantes y pedimos mayor firmeza y consecuencia con los postulados defendidos por la IU. No hubo silbatinas ni gritos de improperio contra una de las figuras más respetadas de la izquierda peruana, fue una manifestación política de un sentimiento que, creo, mayoritariamente era compartido por la militancia del PC y la jota. Alfonso Barrantes, al finalizar el acto, hizo pública su renuncia a la presidencia de la IU. Lastimosamente esa crisis, que pudo haber servido para definir el rumbo unitario de la IU y reafirmar la decisión de luchar por conquistar un gobierno popular, sirvió como pretexto para que las fuerzas ubicadas entre el reformismo conciliador y el radicalismo verbal dinamitaran todos los puentes unitarios construidos con suma dificultad por las izquierdas y comenzaran su labor de destrucción del principal instrumento político que tuvo el movimiento popular.

Yo sé que toda opinión de lo vivido es una visión cargada de historia personal y muchas veces he reflexionado sobre lo sucedido esa noche en el local del Centro Cívico de Lima. Lo único que puede afirmar, con toda certeza, es que no fue un acto planificado ni buscaba desconocer el liderazgo de Alfonso Barrantes. La jota defendía la línea unitaria del PC y éramos firmes partidarios de fortalecer la IU, sin exclusiones ni sectarismos.

Y esta posición de la jota era defendida de manera coherente en todos los frentes de trabajo, donde el más complicado era el frente universitario tanto por el nivel de politización, ser el frente de masas priorizado por las izquierdas y haber sido, desde la división del PC de 1964, un espacio hostil a la presencia de la Juventud Comunista.

Cuando la crisis de ideas de Patria Roja estaba llevando a la destrucción del movimiento universitario, la jota tuvo la inteligencia y sagacidad de levantar una alternativa de renovación del movimiento estudiantil que pasaba por la necesaria democratización de los gremios universitarios como requisito básico para pasar en la universidad a la lucha de contenidos y superar la visión “gremialista” del FER del Perú que nunca avanzó más allá de la simple defensa de los postulados de la Reforma de Córdoba.

La consigna de luchar por una universidad pública, democrática y científica permitió reagrupar a las fuerzas políticas de izquierda (JCP, JM,UDP, FEDEP), recuperar el carácter de frente único de la Federación de Estudiantes del Perú y avanzar hacia el congreso de reconstrucción de la FEP (San Marcos 1988)

Pero la jota avanzó más allá del ámbito universitario, nuestra preocupación era ver de manera integral el problema de la educación peruana y por eso fuimos la principal fuerza política que logró impulsar la constitución de la Federación de Estudiantes de los Institutos Superiores y Tecnológicos y persistimos en la tarea de forjar la Unión de Estudiantes Secundarios. La juventud podía ser una fuerza social revolucionaria solo si lográbamos vertebrar a los diferentes movimientos juveniles bajo un programa único.

Volviendo al tema universitario, uno de los grandes aportes de la jota en esos tiempos fue romper con la visión “estamentalista” de la universidad y avanzar en la constitución de un movimiento universitario conformado por estudiantes, docentes y personal administrativo, único espacio en el cual se podía elaborar un programa integra para transformar la universidad. La jota entendía que la lucha por una nueva universidad pasaba por la formación de un nuevo movimiento universitario.

Y esa visión de convertir al movimiento juvenil en una fuerza social revolucionaria era el elemento central del trabajo político impulsado por el CEN de la jota que se materializó en la edición de la revista Somos los Jóvenes, la formación de la Brigada Sabogal y la constitución de la Brigada Internacionalista Esteban Pavletich.

Como miembros del CEN de la jota cumplimos diversas actividades y a modo de anécdota se me vienen tres hechos a la memoria: mi viaje a Tarapoto, semanas después de la aparición de la columna armada del MRTA en Juanjí, y las prolongadas reuniones clandestinas con las camaradas de la jota de esa localidad que habían ganado las elecciones en el instituto pedagógico de Tarapoto y trabajaban en la clandestinidad, en plena reunión una camarada me retó a saltar al río Cumbaza de una altura de 5 metros, no hubo forma de objetar dicho reto y el cual, a pesar de una inicial resistencia mía, tuve que cumplir; luego nuestra participación en un debate en la Universidad del Centro de Huancayo donde discutimos con fuerzas políticas que estaban más a la izquierda del PC, cuando estaba en mi intervención final repentinamente se fue la luz del local, los camaradas de la jota de Huancayo subieron rápidamente al estrado y me sacaron por una puerta falsa, en esos tiempos la gente de SL solía terminar los debates a balazos; o la vez que por primera y única vez fuimos al local del PAP de Alfonso Ugarte para reunirnos con la dirección de la Juventud Aprista con el objetivo de comprometerlos a participar en la Brigada Internacionalista que iba ir a Nicaragua, en plena reunión hubo un apagón en Lima y estalló una bomba en el local del PAP, los dirigentes de la JAP, sumamente nerviosos, nos pidieron que al salir hiciéramos como si cantábamos la Marsellesa aprista para evitar que el equipo de seguridad, que vigilaba las puertas, nos interrogasen.

Fueron tiempos de intensa actividad política donde en el CEN de la jota coincidimos un grupo de valiosos camaradas provenientes de diversos lugares del país que teníamos firmes convicciones revolucionarias y dedicamos lo mejor de nuestra juventud a luchar por hacer realidad nuestros grandes ideales.

 

 

Minientrada | Publicado el por | Etiquetado | Deja un comentario

¿Tienen futuro las izquierdas?

Por Fredy León

Así el futuro está en tinieblas, y débiles
las fuerzas del bien.
Bertolt Brecht

Si las derrotas enseñaran algo, hace tiempo que los líderes izquierdistas serían súper inteligentes y habrían entendido, con meridiana claridad, que la división es la principal causa de sus continuos fracasos; y la unidad es la mejor -y quizás única- posibilidad que tienen para poder triunfar, no como individuos aislados que buscan la gloria efímera, sino como proyecto colectivo de país.

En el Perú, a diferencia de Chile, Uruguay o Bolivia, las izquierdas nunca pudieron construir un verdadero partido de masas con presencia nacional y capacidad real de disputarle el gobierno a la burguesía; aquí no existe una tradición comunista o socialista enraizada en las conciencias de las masas, y los pequeños grupos que han desfilado por la historia han sido meros retazos rotos de proyectos fragmentados por el sectarismo.

La división del viejo PC -en 1964- significó en la práctica el quiebre histórico del proyecto comunista fundado por José Carlos Mariátegui, ninguna de las facciones en que se dividió el PC llegó a convertirse en el prometido partido de masas de la revolución. Los diversos intentos de forjar un partido de nuevo tipo, realizados por la denominada nueva izquierda que surgió a mediados de los 60 del siglo pasado, terminaron en un fracaso y fuente de divisiones permanentes al extremo que del MIR, VR, PCR, UDP y PUM no queda ni el recuerdo.

En las izquierdas el sueño del partido propio floreció con fuerza al tiempo que el movimiento social se fragmentaba y aislaba de las grandes masas debido a las interminables y estériles disputas sectarias por el control burocrático de las cúpulas dirigenciales. En las izquierdas hubo abundancia de siglas, líderes importantes y grandes ideas, pero orgánicamente fueron estructuras débiles, pequeños partidos sectoriales constituidos por minorías activas de militantes combativos y entregados a la lucha, que demostraron ciertamente capacidad para encauzar la protesta popular y podían hasta paralizar el país, pero electoralmente ninguno llegó a representar a toda la izquierda ni logró trascender a nivel nacional.

A las izquierdas el país les quedó siempre demasiado grande. Y es que esas izquierdas, divididas y sectarias, nunca fueron vistas por las masas como una real alternativa de gobierno; en tiempos de ascenso de las luchas las masas acudían con decisión al llamado de lucha que realizaban las izquierdas, pero al momento de votar desconfiaban de la capacidad de gobernar de las izquierdas.

Aquí los datos de la realidad matan todos los relatos de los sectarios que temen a la unidad.

En las elecciones para la Asamblea Constituyente de 1978 el FOCEP logró el 12% de votos y el PCP, PSR y la UDP alrededor de un 6% cada uno. Sumados los votos de las izquierdas alcanzaron un nada despreciable 30%, casi a la par de lo que la Apra y el PPC obtuvieron.

Dos años después, en las elecciones presidenciales de 1980, las masas que lucharon en las calles y derrotaron a la dictadura de Morales Bermúdez castigaron a las izquierdas que fracasaron en sus intentos unitarios y se presentaron divididos. La ARI estalló en mil pedazos, la alianza del PCP, PSR y FOCEP nunca llegó a concretarse y el sectarismo de los trotskistas, que soñaban con la pureza de un frente sin patrones ni generales, dilapidó con una facilidad increíble todo el capital electoral obtenido por Hugo Blanco en 1978 y nunca más lo volvió a recuperar. El resultado electoral para las izquierdas en 1980 fue catastrófico; las candidaturas de Leonidas Rodríguez (UI); Carlos Malpica (UDP); Genaro Ledesma (FOCEP); Hugo Blanco (PRT) y Horacio Zevallos (UNIR-PCR) obtuvieron cerca del 14%, algo menos de la mitad conseguido en 1978. Belaunde ganó las elecciones con un 46%.

Esa derrota obligó a las izquierdas a buscar el camino de la unidad para sobrevivir. La unidad forjada, luego de la derrota, no fue el resultado de un acto conciente sino un reflejo desesperado de las cúpulas para detener su caída al abismo. Esa premisa lastró toda la corta historia de la IU.

El surgimiento de la Izquierda Unida en 1980, donde llegaron a confluir casi todos los sectores izquierdistas con excepción de los trotskistas, cambió radicalmente el panorama político nacional; la IU en poco tiempo se convirtió en la segunda fuerza electoral del país. Por primera vez, en toda su historia, la izquierda se perfilaba en el horizonte político como una real alternativa de gobierno y poder.

Y es que la unidad no solo significó la suma de votos sino permitió crear un amplio espacio político que abrió las puertas a miles de militantes de base provenientes de diversos sectores sociales y que fueron el nexo orgánico con la clase y los movimientos sociales. En este basto tejido social, construido y sostenido por los militantes de base, radicó el verdadero poder  de masas logrado por la IU.

Por eso cuando la IU se divide en 1988 las izquierdas no solo pierden votos y presencia en las instituciones del estado, sino que pierden lo esencial: con la división se desvaneció el nexo orgánico que mantenían con las masas y ese vació político que dejó la IU paradójicamente fue ocupado posteriormente por el fujimontesinismo.

Luego de la división y agonía de la IU los pequeños grupos de izquierdas que sobrevivieron entraron en uno de los periodos más oscuros e intrascendente de su historia quedando virtualmente reducidos a la nada. En las elecciones generales del 2006 Javier Diez Canseco (PS) obtuvo el 0.4% y Alberto Moreno (MNI) el 0.2%. La hegemonía política y cultural de la derecha neoliberal fue absoluta. La izquierda fue derrotada y el movimiento popular implosiono, más producto de sus propios errores que por acción violenta de la derecha.

Tuvieron que pasar casi tres décadas para que las izquierdas pudieran recuperar cierto protagonismo electoral. El gran mérito de Verónika Mendoza, en las elecciones del 2016, fue haber construido un liderazgo que logró cuestionar la hegemonía política neoliberal y demostrar que desde la izquierda si se podía enarbolar una alternativa política al pensamiento único impuesto por los neoliberales.

Recordemos que Verónika llegó a las elecciones del 2016 con una alianza electoral formada a tropezones y en una coyuntura política totalmente adversa, con un débil movimiento popular, desmovilizado, fragmentado, sin conciencia política, que actuaba a la defensiva y sin una estructura partidaria, por eso que el 18% conseguido por Verónika en las elecciones del 2016 fue más que heroico, y si a eso le sumamos el 4% que obtuvo Gregorio Santos, no resulta descabellado suponer que si esas izquierdas hubieran tenido voluntad unitaria, el destino del país pudo haber cambiado. Pero fatalmente en las izquierdas todavía no hay espacio para la grandeza. PPK llegó a la presidencia con solamente el 21% de votos.

Lastimosamente la unidad electoral lograda en el 2016 fue efímera. El Frente Amplio, que gracias a los votos de Verónika Mendoza logró obtener una bancada de 20 congresistas, se dividió y la desintegración del espacio conquistado volvió a diezmar lo poco que se había logrado. ¿Para qué cometer nuevos errores si resulta más sencillo repetir los errores antiguos?

Los resultados de esa absurda división fueron nuevamente demoledores, principalmente para los intereses de los sectores populares. Aquí cabe preguntarse ¿para qué hacen política los izquierdistas? ¿Para satisfacción personal o para defender y luchar por los intereses de los pobres y excluidos de siempre?

Hace tiempo que las izquierdas han abandonado inexplicablemente el trabajo en los espacios municipales y regionales, por eso que no resultó extraño que esas izquierdas, divididas y sin ideas, no mostraron la mínima voluntad para vertebrar una alternativa unitaria en un espacio donde no tenían nada que ganar y todo para perder.

Las izquierdas actuaron con mucha improvisación e irresponsabilidad lo que se reflejó con más fuerza en los resultados a la Alcaldía de Lima donde los votos logrados por FA, PL y JP apenas llegaron a un 8%. En las regiones fue catastrófico, salvo Junín donde ganó PL, y Puno y Moquegua, donde triunfaron movimientos regionales identificados con posiciones de izquierda, en el resto del país las izquierdas desapareció por completo.

Pero a pesar de la cercanía de esa derrota que sufrieron en las elecciones municipales y regionales las izquierdas no aprendieron nada, pues mientras en la sociedad se construía un amplio consenso que exigía cerrar el congreso y convocar a una asamblea constituyente, las izquierdas timoratas y sectarias prefirieron atrincherarse en sus pequeñas capillas para librar sus eternas batallas de papel. Hubo intentos unitarios, uno en Huancayo y el otro en Cusco, donde los principales líderes lanzaban loas a la unidad y los militantes de base exigían que se concretice, pero una vez más esos dirigentes no estuvieron a la altura ni tuvieron fortaleza y convicción necesaria para culminar ese proceso, y Verónika cedió inexplicablemente en su voluntad unitaria frente a las críticas injustificadas lanzadas, con inusual vehemencia y reproducidas en todos los medios de comunicación, por quienes hasta hace poco eran parte de su pequeño círculo de poder, y que luego de culminar su mandato como congresistas se dedicaron a dinamitar lo que con mucho esfuerzo contribuyeron a construir.

De esos fracasos vienen los magros resultados obtenidos en las últimas elecciones.

La división fue una vez más la causa de la derrota sufrida por las izquierdas donde el Frente Amplio fue el único grupo de izquierda que logró pasar la valla del 5% y obtener una bancada de 9 congresistas, lejos de los 20 que se consiguió en el 2016 y que visto en la perspectiva política deja bien golpeada las posibilidades de las izquierdas para las elecciones presidenciales del 2021.

Sin ánimo de ser futurólogo creo firmemente que las izquierdas divididas no tendrán la mínima opción en el 2021. Aquí se impone que los tres principales dirigentes de las izquierdas, Verónika Mendoza, Marco Arana y Vladimir Cerrón, se sienten en la mesa y definan el camino unitario para intentar disputar el gobierno el 2021.

Los tres son imprescindibles y el tiempo apremia, pues la unidad por si solo no va llevar a las izquierdas a Palacio de Gobierno, es solamente el primer paso, pero es un paso imprescindible y sin el cual las izquierdas no podrán abordar los demás problemas, urgentes y necesarios, que deben ser encarados como paso previo para lograr conquistar la confianza de las masas y sin la cual nunca serán vistas  como una alternativa real de gobierno.

Sin unidad las izquierdas seguirán siendo un simple “coro anónimo del drama” nacional. No hay espacio para fracasar, si uno de los tres falla o se deja ganar por la tentación sectaria, se caen toda las izquierdas y la derrota estará más que cantada. “Aquí no hacen falta tempestades cósmicas ni bosques peregrinos para llegar al corazón de la desolación. Basta la ausencia de una silla.”

Y desde abajo se deberían tomar las iniciativas, con mucha audacia y bastante imaginación, para que los militantes de base constituyan las asambleas unitarias de izquierda y actúen como presión social para exigir que las izquierdas tengan un candidato unitario en las elecciones del 2021

Es cierto, la unidad de las izquierdas ha devenido en un mito pero no en el sentido que pretenden interpretar algunos compañeros que sostienen que la unidad es una falsa ilusión que genera confusión y contamina la pureza de las ideas; sino es un mito en el sentido mariateguista, un mito revolucionario que entiende la unidad como ese impulso multitudinario que mueve a las masas en la historia, pues como afirmaba el amauta José Carlos Mariátegui “Los pueblos capaces de la victoria fueron los pueblos capaces de forjar un mito multitudinario.”

 

Minientrada | Publicado el por | Etiquetado | Deja un comentario

Diente por diente

Por Fredy León

El cowboy cavernícola que habita en la Casa Blanca ha hecho retroceder el mundo a los tiempos donde regía la ley del Talión y amparado en el poder de las armas, como si estuviera en el viejo oeste, se ha arrogado el derecho de decidir quién debe vivir y quién debe morir.

La decisión tomada por Donald Trump, de aniquilar al general iraní Qasem Soleimani, ha sido un acto de terrorismo de estado puro y brutal. Con esa acción el díscolo mandatario yanqui ha enviado un escalofriante mensaje al mundo. Trump, si así lo desea, puede ordenar asesinar con total impunidad a quien le plazca. ¿Quién será la próxima víctima? ¿El ayatola Alí Jamenei, Maduro, Díaz-Canel, Ortega o Evo? Los únicos que, por ahora, parecen salvarse de la ira de Trump son Putin, Xi y Kim. Supongo que algo tendrá que ver el hecho que esos países poseen armas atómicas

Con Trump las últimas reglas de la guerra han desaparecido y las Naciones Unidas han quedado convertidas en un foro irrelevante conducido por líderes timoratos que han optado por guardar un silencio complice. La cobardía, en momentos dramáticos, nunca puede ser interpretada como sinónimo de sensatez.

Con este método mafioso de asesinatos selectivos el imperio ha dinamitado toda la legalidad política construida luego de la segunda guerra mundial; los Estados Unidos se ha colocado fuera del derecho internacional y, en la práctica, ha anunciado que a partir de ahora el lenguaje de las armas es el único lenguaje que entiende. Trump cree ciegamente que con el poder de las armas puede reescribir las reglas internacionales a su libre albedrío, que puede asesinar impunemente a un reconocido hombre de estado iraní y luego darse el lujo de amenazar públicamente con convertir en polvo la memoria y los monumentos culturales de la nación persa.

Ni Hitler, en el extremo de su paranoia guerrerista, se atrevió a asesinar a dirigentes de otros países y hasta se abstuvo de bombardear París. Y eso que Hitler tenía toda una estrategia de dominio mundial y contaba con una poderosa maquinaria de guerra de la alemania fascista para poner el mundo bajo sus botas mientras que Trump quiere destruir toda una milenaria civilización para salvar su pellejo y ganar unas elecciones.

A pesar de la propaganda desplegada por Trump, no queda del todo claro el tipo de amenaza que significaba el general Soleimani para la seguridad de los Estados Unidos; pero lo que si queda claro es que Trump dio la orden de asesinarlo en un año electoral, a pocos días después que el Partido Demócrata decidiera impulsar el juicio político que busca destituirlo y sabiendo que esa acción iba ser visto como una virtual declaración de guerra al estado iraní.

La ejecución de lider iraní parece haber sido pensado más en clave doméstica y dirigida a los votantes de Trump. Pero lo que Trump parece no haber valorado en su real dimensión son las consecuencias geopolíticas que este asesinato va provocar en una región altamente inestable y donde la menor equivocación puede desatar un conflicto desvastador que va arrastrar a varios países de la región.

Dificilmente se puede desconocer que Israel y Arabia Saudita, enemigos estratégico y religioso de Irán, van a permanecer neutrales en un conflicto armado entre Estados Unidos e Irán. Ellos ven con buenos ojos una intervención militar norteamericana contra Irán.

Pero por lo pronto el tablero se ha ido moviendo contra los intereses yanquis pues el sentimiento antiestadounidense ha unificado masivamente a los iranies y sus aliados chiitas en la región; el parlamento irakí ha decidido expulsar a las tropas norteamericanas estacionadas en Irak; Irán ha decidido retomar su programa nuclear y la cúpula dirigencial iraní ha anunciado, en diversos tonos, que vengarán el asesinato de Soleimani.

¿Significa que Estados Unidos está ad portas de desatar una nueva guerra? Es lo más probable si es que en los Estados Unidos no surge un fuerte movimiento de masas contra la guerra de Trump. Las declaraciones de Trump, luego del atentado criminal cometido contra el general iraní, parecen más una reafirmación de la declaratoria de guerra hecha con el atentado.

Trump cree que tiene mucho más para ganar en una guerra lejos de sus fronteras contra un enemigo que no tiene el poder de fuego para responder al imperio, además sería impensado, si se desata el conflicto bélico, que los demócratas se atrevan a seguir impulsando el juicio político contra Trump, que en promover el diálogo con Irán.

Luego del asesinato de Soleimani, Irán no tiene muchas alternativas, ha sido conducido a un callejón sin salida donde el diálogo con los Estados Unidos se ve como un síntoma de debilidad y la respuesta militar aparece como la única opción que le queda luego que Donald Trump decidiera cruzar de manera irresponsable el Rubicón que separa la paz de la guerra y volver a los tiempos donde impera la ley salvaje de “diente por diente y ojo por ojo.”

Minientrada | Publicado el por | Deja un comentario