Gobierno en sala de espera

Por Fredy León

El gobierno de Sagasti carece de un impulso propio, comenzó diciendo una cosa y se está viendo obligado a hacer otra diferente. Creo que Sagasti confundió los tiempos, no leyó bien el sentimiento que recorre las calles del país y pensó que lo suyo era un gobierno de transición instalado en una sala de espera, desde donde podía contemplar pasivamente al paciente y rezar para que no se muera.

Sagasti no tiene un rumbo definido, su propuesta de calma peca de ingenuidad y si cree que pactando con la mafia puede gobernar, se equivoca de rabo a rabo. La mejor forma de que el gobierno atienda las urgencias de la crisis política provocada por el golpismo no es reduciendo su accionar a enfrentar la corrupción, la crisis sanitaria, la crisis económica y la necesidad de reformular el presupuesto nacional, sino es cogiendo el toro por las astas.

Vizcarra tuvo miedo para acelerar la historia del país y terminó derrotado por las fuerzas retardatarias herederas y defensoras del regimen fujimontesinista.

La rectificación del gobierno de Sagasti, en el tema de la represión policial, nos dice a las claras que éste gobierno puede avanzar en el proceso de democratización del país en la medida que sienta tras su nuca la presión popular.

La decisión de dar de baja a 18 generales de la policia nacional es una medida necesaria y correcta, tanto por los hechos violentos que se sucitaron en esos 6 días de manifestaciones como por las implicancias políticas que tuvo el accionar de la policia y que debe ser investigado para conocer la cadena de mandos que llevó a que la policia reprima con violencia inusitada la manifestación ciudadana. La policia nacional no puede actuar como si fuera el brazo armado del regimen de turno; la policia está para proteger a los ciudadanos, combatir el crimen organizado, velar por el cumplimiento de la ley y respetar los derechos humanos. No son unas cuantas manzanas malogradas las que desnaturalizan la función de la policia, es toda una visión equivocada que insiste en priorizar a la policia como un organo represor al servicio del poder económico y político. Eso es lo que hay que cambiar.

En el país, en esta coyuntura, lo urgente y lo importante forman parte de un todo inseparable. Las reformas políticas no pueden ser pateadas hacia adelante más aún cuando vemos como el congreso está buscando imponer medidas cosméticas -como aprobar la creación del senado- para salvar al regimen del 93 y preservar lo fundamental: el modelo económico y la constitución.

En estas circunstancias la posibilidad de que se le pueda arrancar al gobierno la convocatoria a un referéndum constitucional va depender de la presión de la calle, es decir de la capacidad y voluntad que exista para articular las fuerzas de ese gran movimiento ciudadano que derrotó al golpismo y el protagonismo que puede adquirir el movimiento popular, luego de salir del marrasmo e indecisión en que se mantuvo los días claves de la lucha contra el golpismo.

Durante estos día el movimiento ciudadano ha actuado a la vanguardia y el movimiento popular se quedó a la retaguardia, pero ambos forman parte de un solo movimiento democratizador que busca cambios en el país y que cada vez más coinciden en el objetivo de luchar por una nueva constitución, paso necesario e indispensable para construir un nuevo Perú.

La clave está en lograr que esos movimientos se reconozcan, se reencuentren y asuman de manera conjunta la lucha por la refundación de la patria.

Si ambos movimientos logran converger bajo una misma plataforma de lucha, entonces en el país se puede forjar una nueva mayoría política y social con la fuerza necesaria para conquistar los cambios por los que actualmente se viene luchando de manera separada y dispersa.

El debate sobre la constitución llegó para quedarse, el pueblo movilizado puede lograr que ingresemos a un proceso constituyente y Sagasti puede pasar a la historia si escucha correctamente el clamor popular, encamina adecuadamente ese debate y posibilita que los ciudadanos decidan de manera libre y democrática si desean o no una nueva constitución.

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