La selección es la patria

Por Fredy León

10 mil kilómetros recorridos en 21 días -y sin haber pinchado un solo neumático- han dejado un torbellino de gratos recuerdos. Viajar por Rusia, ese inmenso país que aún despierta miles de interrogantes y vivir la fiesta del mundial, alentando a la blanquirroja, fue una linda vivencia; pero como muy bien dicen, en la vida la dicha no es eterna y todo tiene su final. La prematura eliminación de la selección le quitó su encanto mágico al mundial. Futbolísticamente hablando, la selección mereció mejor suerte, pero hay que reconocer que al fútbol peruano le falta más calidad para competir con éxito a nivel mundial; pero a pesar del fracaso, creo haber vivido con una pasión, al borde del éxtasis total, la presencia de la blanquirroja en el mundial de Rusia 2018. De esos 21 inolvidables días me quedo con tres recuerdos:

 

– La actitud de los hinchas peruanos. Su alegría y aliento incondicional a la blanquirroja, tanto en el estadio como fuera de ella, fue espectacular. Rusia, para los peruanos, fue una fiesta y lo vivido en Saransk, no hay forma de describirlo. Más de 40 mil peruanos desfilando por esa hermosa avenida, la Volgogradskaya Ulitsa, rumbo al Mordovia Arena, remeciendo la tranquilidad de la ciudad con los cánticos y gritos de alientos que anunciaban el regreso de la blanquirroja a la cita mundialista, fue algo que difícilmente puede repetirse. Fueron momentos impresionantes que había que vivirlo para poder contarlo. En Saransk, Rusia se rindió ante la alegría de la hinchada peruana, y toda una nación vio que con fe y pasión los peruanos podemos lograr muchas cosas, no solo a nivel del fútbol, sino fundamentalmente a nivel de nuestra sociedad.

 

– “Cuando despiertan mis ojos y veo, que sigo viviendo contigo Perú” Como acertadamente lo dijo un periodista brasileño, en el Mordovia Arena debió haber un genio para, minutos antes del encuentro con Dinamarca, poner esa hermosa composición y dejar que al compás de las voces de los inolvidables Arturo “zambo” Cavero y Óscar Avilés, miles de peruanos se pusieran de pie e hicieran vibrar de emoción total a todo el estadio, entonando a puro pulmón las letras de esa bella melodía. Fue un momento indescriptible, y no es exageración decir que en esos dos largos minutos, todo un pueblo sintió la emoción de verse identificado, no solo con esa canción, sino con una patria que lucha por encontrar su propio camino de progreso y bienestar general.

 

– La nobleza del pueblo ruso. Por todos los lugares que hemos recorrido, desde Sochi, que es la parte más occidental de Rusia, hasta Yekaterimburgo, la puerta de entrada a Euroasia, y a pesar de los inconvenientes del idioma, hemos sentido un calor humano y un trato amable, gentil y hospitalario por parte de los rusos que siempre se mostraron muy amables y dispuestos a brindarnos lo mejor de su amistad. En nuestro largo recorrido hemos conocido a personas bellas y dejado lindas amistades que dicen mucho de la nobleza del pueblo ruso. A todos ellos ¡Bol’shoye spasibo! (¡Muchas gracias!)

 

Decía el filósofo francés Albert Camus, “La bandera de la patria es la camiseta de la selección nacional de fútbol. No hay lugar en el mundo donde un hombre pueda sentirse más contento que en un estadio de fútbol.” Y creo que esto vale más para países que tienen destinos inciertos, como el nuestro. En nuestro país el fútbol actúa como un refugio durante 90 minutos donde se manifiestan esos sentimientos de identidad que nos unen bajo un objetivo común. Lo que a veces la política no llega a entender o concretizar, se expresa o se logra con mayor naturalidad a nivel del fútbol.

 

Si algo podemos aprender de esos minutos vividos en el mundial, donde por un instante todos fuimos una sola voz y vestimos una sola camiseta, es que el fútbol nos puede ayudar a reencontrarnos como nación y descubrir esa verdad que está oculta bajo la pasión por el deporte rey, y es que como escribió el mítico jugador argentino Santiago Solari “Lo que un pueblo es a nivel emocional, ético, moral, cultural y educativo se ve reflejado en el ámbito de su fútbol: cómo se comporta y se expresa su gente; cómo se respeta entre sí, su respeto por las reglas; cómo se desenvuelven las fuerzas del orden; cómo actúan los representantes de los clubes; cómo funcionan sus leyes y su justicia; cómo funciona su política y sus políticos; cómo retransmiten e informan los medios…” (Santiago Solari, “Alegato por el fútbol”)

 

Vale la pena recordarlo ahora que todos volvemos a la normalidad, que la vida vuelve a su curso y hay que seguir luchando para tener un país que no solo se emocione durante 90 minutos, sino que tenga la capacidad para que esa alegría y felicidad, vivida por nuestro pueblo durante el mundial, sea parte sustancial de nuestra historia. Fue lindo gritar a viva voz el primer gol de Carrillo contra Australia, pero más lindo y emocionante será cuando nuestro pueblo grite el ansiado gol de nuestro querido Perú contra la injusticia y la miseria.

 

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¿Una lágrima por el Congreso?

Por Fredy León

Salvo la destitución de PPK, el Congreso se ha convertido en un ente intrascendente; no hay nada que rescatar, ni una ley que valga la pena mencionar, lo único que ha generado en estos dos largos años, bajo el control del fujimontesinismo, ha sido rechazo e indignación en la ciudadania, hasta el extremo que en las calles son cada vez más los que piden abiertamente que cierren el congreso. Si esto sucedería –cosa que ahora lo veo improbable- creo que nadie derramaría una lágrima por el Congreso.

Decir que el Congreso es sinómino de democracia, resulta hoy un chiste de pésimo gusto.

¿Cómo hemos llegado a esta situación de extremo descrédito del Congreso?

El resultado de las elecciones le dieron la mayoría absoluta en el congreso al fujimontesinismo. Esa mayoría no tenía ni la mínima idea de qué hacer en el congreso y nunca presentaron al país su agenda parlamentaria, porque simplemente nunca la tuvieron. Sus prioridades eran otras. El Congreso quedó subordinado a las ambiciones personales de Keiko y el fujimontesinismo utilizó ese poder como su botín político para sastisfacer esa vieja y corrupta práctica del clientelaje partidario colocando a sus incondicionales en las planillas del congreso. (Más de 600, según declaración de Kenji al programa radial de Rosa María Palacios)

En un ambiente político de absoluta mediocridad, la mayoría de los congresistas electos llegaron al parlamento con la obsesión de solucionar sus problemas de la vida. Me atrevo a afirmar que para muchos de nuestros congresistas, salir elegidos fue como ganarse la “tinka”.

En el Perú de hoy ser congresista se ha convertido en todo un privilegio económico, tanto por el excesivo sueldo que perciben como por las innumerables gollerías que obtienen. No existe ninguna relación entre el trabajo que realiza un congresista y el pago que reciben por esa labor. Además, ser representante político debería ser visto como un compromiso social y no como una puerta abierta para obtener privilegios económicos.

Si no se modifican estos dos apectos, importancia de que las fuerzas políticas presenten una agenda parlamentaria y necesidad que los sueldos que perciben los congresistas se determine de acuerdo a la realidad del país y tomando como base el concepto que la política es un compromiso social con el país y no una actividad para el lucro y beneficio personal; me temo que nuestro Congreso seguirá siendo visto como un botín al servicio de intereses particulares y en desmedro de la sociedad.

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Las rabonas del olvido

Por Fredy León

“Todo se hunde en la niebla del olvido pero cuando la niebla se despeja el olvido está lleno de memoria”
Mario Benedetti

Decía el filósofo búlgaro-francés Tzvetan Tódorov que “para separar a los historiadores de los fabuladores, a los testigos de los mitómanos, se recurre a una prueba de verdad relativamente sencilla: ¿esos hechos realmente sucedieron?”

La memoria es la forma cómo recordamos esos hechos; un intento de aproximarnos, desde el presente, al pasado para descubrir la verdad de los hechos.

El olvido es todo lo contrario. Es el tiempo cubierto de polvo, es la fragmentación de la memoria en retazos inconexos para distorsionar -o negar- los hechos.

El olvido es negarnos a nosotros mismos como seres humanos.

Y eso es lo que buscan las rabonas del olvido con esa desesperada campaña que vienen realizando contra el museo Lugar de la Memoria.

Ellos quisieran que los crímenes de unos purifiquen los asesinatos de los otros; que las atrocidades cometidas por Sendero Luminoso oscurezcan las barbaridades perpetradas por los militares; que la cuota de sangre que exigia Abimael justifique las fosas comunes cavadas durante los gobiernos de Belaunde, Alan y Fujimori.

Las rabonas quieren el olvido para imponer la impunidad de los verdugos. Nosotros buscamos la memoria para que las víctimas encuentren justicia.

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El terror del General

Por Fredy León

Sendero Luminoso declaró la guerra a toda la sociedad y los gobiernos de Belaunde (1980-85), García (1985-90) y Fujimori (1990-2001) respondieron declarando la guerra a todos los que consideraban sospechosos de ser subversivos. Entre el terror de Sendero Luminoso y el terrorismo de Estado configuraron un escenario macabro de guerra sucia que dejó miles de muertos y desaparecidos. Resultado de esa guerra sucia tenemos todavía una sociedad post conflicto que vive traumatizada con su pasado y con miedo a la verdad.

SL surgió en 1969 como una degradación total del pensamiento marxista, un esperpento dogmático más parecido a una secta fundamentalista que a una organización política. Los senderistas se creían dueños de la verdad absoluta –“…la hora llegó, no hay nada que discutir, el debate se ha agotado”; llegaron al paroxismo de alucinar que su “guerra popular” les iba a llevar a conquistar el poder –“¡El futuro está en el cañón de los fusiles!” – y elevaron el pensamiento anacrónico y dogmático de Abimael a los altares de la idiotez humana aupado por un fanatismo oscurantista propio de los que viven agazapados en esa caverna descrita por Platón.

Cuando Sendero inició sus acciones terroristas en mayo de 1980, primero colgando perros muertos en los postes y luego dinamitando el local electoral en la comunidad de Chuschi, era una pequeña e insignificante organización estudiantil marginal, focalizada casi exclusivamente en la Universidad de Ayacucho y sin capacidad política para dirigir, por lo menos, un municipio distrital.

Sendero partió del supuesto que su discurso de la guerra popular, como única forma de lucha, iba a ser legitimado por la respuesta violenta del estado. En esas condiciones pensaban que la acción heroica de unos cuantos “iniciadores” debería provocar la represión violenta del estado para crear el clima de guerra que buscaban y así convertirse en la única alternativa para los campesinos pobres y sectores estudiantiles radicalizados durante años de propaganda maoísta sobre la guerra popular.

Para Abimael la política era sinónimo de violencia y la violencia política era necesaria e inevitable, una ley ineludible de la historia. Su objetivo era hacer florecer esa violencia expresada en su famosa consigna ILA80 (Iniciar la Lucha Armada)

En el lenguaje senderista esto significaba buscar polarizar las contradicciones políticas, llevar al Estado a un nivel de violencia irracional y crear una de las condiciones objetivas para el desarrollo de la organización terrorista: “Que las acciones armadas confirmen nuestra prédica, que nuestra sangre se junte con la sangre de los que tienen que verterla; no tenemos derecho a que esa sangre tirite sola, que su frío se acune con la tibieza de la nuestra. O no somos lo que somos.” (Abimael Guzmán, Comenzamos a derrumbar los muros y a desplegar la aurora. Perú 1980)

En ese sentido, cuando Fernando Belaunde diseñó la estrategia contra Sendero y puso énfasis únicamente en el carácter represivo de la lucha antisubversiva, Abimael consiguió su primer objetivo. El Estado actuó tal como Abimael había previsto –“No olvidar que la reacción necesita verter sangre a raudales para aplacar al pueblo.”– y se rebajó al mismo nivel que la organización terrorista a quien buscaba destruir recurriendo a sus mismos métodos.

Sendero declaró a toda la sociedad como su enemigo y mediante el terror pretendió eliminar a todos los que se oponían a sus demenciales planes; mientras el Estado vio como potenciales enemigos a todos quienes protestaban contra las políticas gubernamentales y utilizó a las fuerzas armadas para luchar contra todos los que tildaban de subversivos.

Los militares se convirtieron en el instrumento represor de la política antisubversiva diseñado en Palacio de Gobierno e hicieron lo que sabían “…matar senderistas y no senderistas, porque esa es la única forma como podrían asegurarse el éxito.” (Luis Cisneros Vizquerra. Versión abreviada del Informe final de la CVR pág. 263. Perú 2004)

En la lucha contra el terrorismo los militares nunca fueron un poder autónomo. Actuaron bajo la estrategia política aprobada primero por Belaunde, luego por Alan y después por Fujimori y que tenía el mismo sustento político. Esa estrategia no buscaba aislar a Sendero de las masas para derrotarlo políticamente sino que pretendían amedrentar a las masas mediante el uso indiscriminado de la violencia para aniquilar militarmente a sendero.

Esa puerta abierta –de represión e impunidad- fue la que propicio que en la lucha contra el terrorismo los militares cometieran excesos y crímenes de lesa humanidad que, salvo contados casos, no fueron sancionados por la justicia.

Eso es lo que se denominó como guerra sucia. El terror de Sendero fue combatido con el terrorismo de Estado. A los juicios populares, voladuras de torres, atentados con coches bombas el Estado respondió con la política de rastrillaje, detenciones, torturas, desapariciones, ejecuciones extrajudiciales y asesinatos en masa.

Sendero Luminoso fue derrotado en el momento que los campesinos se rebelaron contra las imposiciones senderistas y por la labor de inteligencia policial. Con la detención de Abimael su discurso de la guerra popular terminó en el basurero de la historia, la cúpula senderista detenida y condenada a prisión por los crímenes perpetrados y el recuerdo de sus acciones terroristas, para tomar el poder, generan rechazo masivo.

Por eso a los remanentes de Sendero les aterra la memoria y huyen de la verdad.

Y en esa fuga de la historia no están solos. Les acompañan Alan y Fujimori, dos personajes que desde el poder político aprobaron la estrategia antisubversiva y promovieron la impunidad para los militares genocidas que tienen deudas pendientes con la justicia y los negacionistas de la guerra sucia que buscan borrar de la memoria de los pueblos esa noche macabra de nuestra historia.

Mantener viva la memoria y reconstruir la verdad histórica de lo que sucedió en los tiempos de la guerra sucia era por lo tanto una necesidad imperiosa. La sociedad necesitaba auscultarse y escuchar a todas las voces, principalmente a las víctimas, para saber qué pasó durante ese periodo sangriento.

Y en ese sentido, la labor desplegada por la Comisión de la Verdad y Reconciliación fue realmente encomiable. Por primera vez las víctimas tuvieron la posibilidad de contar sus relatos de lo vivido; y sobre esa base, la sociedad buscó aproximarse a la verdad. Y como toda verdad histórica, ésta resultó incomoda e inoportuna para los que tienen las manos manchadas de sangre y la conciencia repleta de cadáveres. A ellos les hubiera gustado que el olvido se imponga.

Como no pudieron imponer el olvido, ahora los negacionistas quieren imponer la censura. No buscan confrontar su verdad con la historia; buscan silenciar las voces que se atreven a impulsar una reflexión crítica sobre la guerra sucia.

Y como es su costumbre lo hacen recurriendo a métodos vedados, manipulando a la opinión pública con groseros espectáculos montados de manera premeditada, como el realizado por el General en retiro y actual congresista Edwin Donayre, para engañar, mentir y finalmente utilizar el poder político con el objetivo de desatar una cacería de brujas contra las personas que, desde el ámbito profesional, vienen contribuyendo a que la sociedad pueda tener una visión crítica de su historia mas trágica.

El intento de censurar la película La Casa Rosada y los arteros ataques contra el museo Lugar de la Memoria, actualizan la advertencia hecha por Salomón Lernes en el prefacio del Informe de la CVR “El Perú de hoy parece haber optado, sin embargo, por la inercia.”

La única manera de lograr que esa inercia negacionista, que hoy está jalonada por mentes retrogradas que controlan el Congreso, no haga retroceder a la sociedad peruana y las secuelas del terror no nos atrapen en el pasado, es manteniendo viva la memoria y luchando por la verdad.

Solo la verdad nos hará libres.

 

 

 

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Sin rumbo

Por Fredy León

El sindicalismo peruano vive momentos dificiles. Hace tiempo que los trabajadores han desaparecido de la escena nacional, la lucha sindical ha perdido presencia y significado político, los gremios sindicales ya no son el principal referente social de la izquierda y las plazas y calles han dejado de ser el espacio privilegiado de lucha de los trabajadores; ese espacio ahora lo ocupan otros actores sociales, como los fundamentalistas religiosos, tipo “con mis hijos no te metas.”

La política laboral impuesta durante la dictadura fujimontesinista ha recortado casi todos los derechos conquistados por los trabajadores y destruido a los sindicatos; en la práctica se ha eliminado el derecho a la libre sindicalización y restringido la negociación colectiva. Tenemos una de las tasas de sindicalización más baja de la región, 6%, solo por encima de Guatemala y Ecuador que tienen el 2% y un recortado derecho a negociación colectiva que solo abarca al 2% de la población económica activa. (Densidad asalariada, sindical y negocial en las Américas. Alvaro Orssati. Sao Paolo 2016)

Formar un sindicato resulta mas dificil que esperar que Alianza Lima gane un partido en la copa libertadores o que Universitario campeone en la liga local.

Sin sindicatos fuertes no existe posibilidades para que a través de la negociación colectiva se conquisten aumentos de sueldos, mejores condiciones de trabajo o modificar el regimen laboral. Los empresarios, con el amparo del Estado, han impuesto sus duras condiciones laborales a los trabajadores, quienes al no ver otras alternativas, se han ido acostumbrando a aceptarlas. Resultado: tenemos un regimen laboral del siglo XIX que ha despojado a los trabajadores de sus mínimos derechos en un país donde la redistribución de la riqueza nacional se ha vuelto mas injusta e inequitativa.

Y con ese panorama desolador no ayuda para nada la actitud de la dirigencia de la CGTP que parece haber perdido la sintonia con las demandas de los trabajadores y deambula sin un rumbo fijo.

En noviembre del año pasado, la CGTP acordó convocar a un paro nacional para el 17 de mayo; hace unos días, la Asamblea Nacional de Delegados decidió suspender dicha convocatoria. No les quedaba otra alternativa; lo aprobado en noviembre no fue mas que un saludo a la bandera. Personalmente nunca llegué a entender las razones que llevaron a la dirigencia de la CGTP a proponer un paro nacional con tanta antelación y al margen de lo que ocurra en una coyuntura política tan volatil como la nuestra.

Mantener en esas condiciones esa medida de lucha hubiera significado llevar al débil movimiento sindical a una derrota, un nuevo fracaso y un peligroso aislamiento social de lo poco que queda del movimiento sindical.

Pueda ser que la dirigencia de la CGTP tenga voluntad de lucha, pero viene demostrado que le falta capacidad de dirección. Si uno aprueba una medida de lucha y luego recula sin mayor explicación, es porque algo está fallando.

No se puede actuar irresponsablemente, no se puede aprobar burocraticamente medidas de lucha que no corresponden al nivel de fuerzas que tiene el movimiento sindical y sin un análisis real del estado de ánimo de los trabajadores. Con esa actitud, la dirigencia de la CGTP está jugando con las espectativas de los trabajadores y poniendo en riesgo la poca credibilidad, que a duras penas, conserva el movimiento sindical.

El sindicalismo peruano tiene que reinventarse, hacerse mas democratico en lo interno, mas radical en su lucha contra el capital y mas solidario con los diversos movimientos sociales que rechazan y luchan contra las políticas neoliberales.

La CGTP tiene que posicionar el tema del trabajo, salario, pensiones, derecho a la libre sindicalización y negociación colectiva como parte central de la agenda politica del país. La sociedad tiene que comprender que el desarrollo y bienestar de un país solo se logra cuando se aplican políticas económicas que tengan como objetivo central la creación de puestos de trabajo productivo y con derechos plenos.

Promover la creación de trabajo productivo es la única forma que tienen las sociedades para crear riqueza e impulsar el desarrollo con bienestar para todos. Esa es la mejor manera de luchar contra la pobreza y reducir las tremendas brechas económicas que caracterizan al Perú del siglo XXI.

La gran responsabilidad que tiene con el país la actual dirigencia cegetepista es lograr que movimiento sindical abandone sus cuarteles de invierno y pase a la ofensiva en la lucha por mejores salarios, pensiones, derecho a la libre sindicalización y negociación colectiva. Esa es la mejor contribución que puede hacer el movimiento sindical para modificar la actual correlación de fuerzas y derrotar al neoliberalismo.

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200 años del viejo Marx

Por Fredy León

“La razón siempre ha existido, pero no siempre de una forma razonable.”
Karl Marx

Antes de él, el destino de la clase obrera era todo sombras; sus luchas, heroicas pero dispersas, no tenían objetivos políticos y los lamentos por una existencia miserable eran el eco de la resignación de esos condenados de la tierra que buscaban consuelo en los pulpitos de la iglesia.

Marx tranformó la resignación en rebeldía y cambió radicalmente toda una forma de pensar y entender la historia. Desde la teoría política dió a la clase obrera un sentido histórico. Marx ofreció a los obreros un mundo para conquistar a cambio de atreverse a desposarse de sus cadenas que lo atan al viejo mundo.

Marx vivio tiempos azarosos, fue protagonista de ese periodo turbulento de grandes transformaciones revlucionarias en la vieja Europa donde el capitalismo aparecio al mundo chorreando de sangre y muy pronto entendió que no bastaba con explicar la razón de las miserias de los trabajadores, lo esencial era cambiar ese mundo construido sobre tremendas injusticias sociales. El capitalismo encontró a Marx su más encarnizado enemigo y sometió “a la crítica despiadada de todo lo existente, despiadada tanto en el sentido de no temer los resultados a los que conduzca como en el de no temerle al conflicto con aquellos que detentan el poder.”

Las ideas de Marx no surgieron de la nada ni fueron producto de una mente fantasiosa que vivió alejado de la realidad. La teoria marxista parte de la realidad y es producto del más profundo estudio y análisis concreto de esa realidad socio-económica. El marxismo es la crítica radical de todo un proceso histórico transitado por la humanidad, y si se convirtió en la mas alta expresión teórica de los trabajadores que luchaban por trasladar el reino de los cielos al mundo terrenal, fue precisamente porque esa teoría fundió su destino junto a la clase obrera. La filosofía marxista se convirtió en el cerebro y la clase obrera en el corazón de la lucha por la revolución socialista.

La lucha de los trabajadores durante el siglo XIX y que tuvo su punto más alto en la Comuna de Paris (1871), ese heroico intento de los obreros franceses por tomar el cielo por asalto, a pesar de su derrota, demostró que la clase obrera sí podía forjar un nuevo orden social. Marx extrajo, de ese intento fracasado, una de las conclusiones vitales con respecto al Estado y que todo proceso revolucionario debe enfrentar “la Comuna ha demostrado, que la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines. . .”

Su famoso enunciado “llegará el día donde los expropiadores serán expropiados” expresado en su obra cumbre El Capital es, más que una audaz premonición, la conclusión lógica de todo un análisis del devenir histórico del capitalismo y sus contradicciones intrínsecas de un sistema que tiende a concentrar la riqueza en un pequeño grupo.

Marx comprendió que la lucha de clases es el motor que mueve la historia, y esa historia nunca podía estar quieta, es como el viento que se mueve en múltiples direcciones pero en definitiva es la voluntad de los hombre la que define el rumbo. La historia lo hacen los hombres, pero no de acuerdo a su libre albedrio sino de conformidad a las circunstancias concretas que les toca vivir, por eso que Marx nunca se planteó tareas imposibles de resolver. La revolución, para Marx es una necesidad imperiosa para terminar con la protohistoria de la humanidad.

El viejo Marx no fue ningún Nostradamus de la historia, su teoria no buscaba pronosticar el futuro, sus obras no pretendían convertirse en verdades absolutas al margen de la historia. Marx era un revolucionario profundamente dialéctico, vivió su tiempo histórico con la mente abierta a todos los avances del conocimiento humano, fue un hombre de ciencia que estudió, analizó y criticó desde la cúspide de la razón humana, la naturaleza expoliadora del capitalismo, explicó la ley del valor que mueve la gran maquinaria del naciente sistema capitalista y descubrió que las contradicciones entre el capital y el trabajo pueden ser resueltas únicamente cuando el producto total de ese proceso sea en beneficio de toda la sociedad.

Creo que el gran aporte de Carlos Marx radica en que nos legó un método revolucionario profundamente dialéctico y creador para transformar un sistema basado en la explotación del trabajo ajeno y construir una nueva sociedad donde “el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos.” Ese es el gran valor de Marx, y por eso, su pensamiento y sus ideas siguen vigentes.

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Una clase para la revolución

Por Fredy León

Soy de los que sostienen que la clase obrera o es revolucionaria o no es nada. Su importancia no radica en lo poco que ha logrado conquistar en el pasado o en las luchas que libra para defender esas conquistas, sino en lo que le falta hacer como sujeto histórico del cambio social.

La historia le ha reservado a la clase obrera un rol revolucionario que está determinado por el papel que cumple en el proceso productivo y porque esa clase solo puede emanciparse de la explotación del capital a condición de eliminar todo tipo de opresión y explotación en la sociedad.

Pero el carácter revolucionario de la clase obrera no es un hecho automático, no es algo que se produce “per se”, sino que es poducto de todo un complejo proceso de lucha, aprendizaje y formación de conciencia que se desarrolla en medio de la dura lucha de clases que sacude toda la sociedad.

Para que la clase obrera desempeñe su rol revolucionario en la historia tiene que conjugarse los siguientes factores:

– Primero, organizarse como clase. Construir sus propias organizaciones para luchar y defender sus intereses de clase vinculados al proceso productivo; es decir al trabajo, salario y pensiones;

– Segundo, forjar su unidad de clase. Entender que los trabajadores son parte de un todo y que su fuerza radica en el nivel de cohesión social que construyan y la capacidad de luchar juntos por sus intereses generales;

– Tercero, tener un amplio espiritu de solidaridad de clase con la lucha de todos los sectores y movimientos sociales que sienten que el sistema capitalista les asfixia e impide ejercer a plenitud sus derechos;

– Cuarto, tener conciencia de clase. Saber que su condición de explotación asalariada solo puede ser erradicada cuando se suprima por completo la subordinación en que se encuentra las fuerzas del trabajo a los intereses del gran capital y se construya una nueva forma de relaciones de producción basada en la colaboración y complementación de todos los factores económicos para lograr el desarrollo y bienestar común, y

– Quinto, promover sus propios dirigentes de clase que asuman el dificil rol de convertirse en el nuevo liderazgo político de toda la sociedad. Y cuando hablamos de nuevo lo hacemos en el sentido amplio del concepto y que es radicalmente diferente al viejo liderazgo político que promueve la burguesía. Nuevo significa dirigentes honestos, con una mentalidad amplia, con una sólida formación cultural y capacidad de liderazgo para unir a los sectores mayoritarios de la sociedad bajo un proyecto revolucionario.

Esto no significa refugiarse en el obrerismo sectario, sino reconocer que a partir del conflicto que se genera en el proceso de producción la clase obrera tiene las posibilidades objetivas de ser el sujeto revolucionario que construya un proyecto político para las grandes mayorías y donde converjan todos los sectores sociales que sienten objetivamente que sus necesidades no logran ser satisfechas en los marcos estrechos de un sistema económico construido para defender los intereses y privilegios de unas élites minoritarias.

La clase obrera ha surgido para hacer historia. Esa es su razón de ser como clase social. Pero la historia no se hace agazapados en las sombras de la acción política ni desde la mediocridad de sus actores que no son capaces de afirmar un ideal revolucionario.

Es lo que el Amauta José Carlos Mariátegui criticaba con toda claridad cuando hablaba de ese proletariado sin mas ideales que luchar para sobrevivir.

Federico Engels, cuando analiza el papel revolucionario que desempeñó la burguesía en la lucha contra el regimen feudal y por romper los “límites del viejo «orbis terrarum»”, no escatimó en reconocer el aporte de esos hombres que echaron los cimientos del actual dominio de la burguesía, de los cuales podría decirse lo que se quiera, pero, en ningún modo, que pecasen de limitación burguesa.

Lo que nos toca hacer a todos los que aspiramos transformar el sistema capitalista es buscar que la clase obrera no peque de limitaciones históricas. Para ello debemos promover la organización, unidad, lucha y conciencia de clase de los trabajadores. Recordar con Marx que la historia lo hacen las masas. Y que la verdadera historia, esa que nos llevará a “transitar del reino de la necesidad al reino de la libertad” solo puede realizarla una clase que se eleve sobre sus propias limitaciones y se convierta en un actor protagonista, no del pasado, sino del futuro de nuestra patria.

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