¡Y el cánico punde!

Por Fredy León

El pánico cunde en el fujimontesinismo que paralizados por el miedo no atinan a reaccionar y no saben qué hacer. Keiko llama a la rendición incondicional con su “agenda de reencuentro nacional”; mientras la vieja guardia fundamentalista del fujimontesinismo originario, con Ricardo Vásquez Kunze a la cabeza, braman por guerra total y apostillan “mejor morir de pie que lloriqueando de rodillas.”

La soledad política de la otrora poderosa Keiko es alucinante; ni en los peores momentos vividos por su padre, que huyó del país para evadir a la justicia, el nivel de rechazo y la indiferencia popular fue tan demoledor.

La estrategia de victimizarse y presentarse como víctimas inocentes sometidas a una brutal persecución desatada por fuerzas poderosas que ni ellos mismos logran identificar, ya no surte el efecto de antes. Repetir lo mismo, y con el mismo cinismo de siempre, cansa.

Luego de la detención provisional de Keiko, las huestes de FP no fueron capaces de generar un movimiento de apoyo a su lidereza, perdieron la batalla emocional, y sumado a sus constantes desinteligencias y torpezas con que actúan en el congreso -caso Chihuán y la queja sobre su mísero sueldo- explican el por qué del descalabro político de FP y el aislamiento social de Keiko.

¡Y pensar que hace poco el inefable funcionario del congreso y promotor de la web fujimontesinista politico.pe, Vásquez Kunze, amenazaba con incendiar la pradera si la justicia actuaba contra Keiko!

FP se ha mostrado como una pandilla de ineptos que hasta para aplaudir en el congreso tienen que esperar calladitos las ordenes de su jefa.

Con la jefa y su selecto séquito de asesores sentados en el banquillo de las acusadas, en FP no queda mucha materia gris para reconducir a las alicaidas huestes fujimoristas y sacarlas del pantano en que se encuentran. Va ser bien complicado que con Becerril, Tubino y cia. como cabezas pensantes (sic) de la bankada atinen por lo menos a salvar los viejos trastos del incendio que devora a FP.

Y sabedores de ese déficit de neuronas que muestra la desconcertada bankada, el inefable Ricardo Vásquez Kunze, el mismo personaje que se quedó calladito y no atinó a balbucear una palabra cuando los resultados electorales mostraron la derrota de Keiko, pretende fungir ahora como estratega militar para, desde la sombra, alentar a la bankada a perpetrar su martirologio final.

¡Háganse respetar! ¡Defiendan al Fiscal y resistan a pie firmes!

Es la consigna de combate que Vásquez Kunze les lanza a los pobres congresistas, que ya de por sí deben estar recontra confundidos, porque mientras desde las alturas les llegó la orden de “construir una agenda de reencuentro nacional”; Vásquez Kunze, desde su cómoda guarida y sin despeinarse, incita a la temerosa bankada a que desempolven sus hachas y sables y se lancen al campo de batalla.

En tiempos de pánico y con un ejército en descomposición, manejar dos estrategias totalmente contrapuestas no es lo más inteligente. Ahora solo queda ver qué rumbo se impondrá en el fujimontesinismo: o la rendicion ofrecida por Keiko o el camino a la inmolación enarbolado por Vásquez Kunze.

En medio de ese despelote y cruenta pelea que se ha desatado en las filas fujimontesinistas por ver cuál de las dos estrategias se impone, por lo menos una cosa es cierta: la disputa por los escombros del fujimontesinismo, entre Keiko y Vásquez Kunze, aburrida no va ser.

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¡Rompan filas!

Por Fredy León

En política no hay cadáveres hasta que no estén bien enterrados 7 metros bajo tierra, como sucedió en su momento con el Movimiento Democrático Pradista MDP o la Unión Odriísta UNO, así que creo que aún es temprano para anunciar el sepelio de Fuerza Popular.

Aunque tal como está la caótica situación que vive FP, se dirigen a pasos acelerados hacia su última cita con la historia.

Fuerza Popular tiene un pecado original: Nunca llegó a ser un partido político, no tiene un programa que los identifique, carece de lineamientos doctrinarios, nunca se preocuparon de construir institucionalidad orgánica ni les interesó promover cuadros políticos. La política de los tapers fueron su modus vivendis; funcionó para la campaña electoral del 2015, pero resultó totalmente ineficiente para tiempos turbulentos.

Cambiar eso no va ser sencillo. El elemento de identidad de FP siempre ha radicado en el apellido Fujimori. Esa fue su fortaleza y hoy es expresión de su máxima debilidad.

Los oscuros intereses de la familia -y sobre todo del jefe del clan- dictaron la conducta política de FP cuya agenda política estuvo supeditada a lograr sacarlo de la cárcel y, en un típico acto de revanchismo personal, buscaron confrontar estúpidamente contra un gobierno débil que defendía las mismas políticas que el fujimorismo.

No menos trágica fue su conducta en el congreso, una sarta de impresentables son los directos responsables del desprestigio absoluto del poder legislativo. Nunca tuvieron inteligencia para presentar una agenda parlamentaria y, fieles a su estilo lumpenesco, se abocaron a utilizaron ese poder para beneficio propio y salvaguardar a los corruptos de la justicia. Como en tiempos del “doc”, gracias a la mayoría aprofujimontesinista, los corruptos tenían la cancha libre.

FP se dividió cuando las relaciones familiares, entre Keiko y Kenji, se volvieron repentinamente tirantes. Gracias a la torpeza y ambiciones menudas de los dos hermanos Fujimori, FP mostró sus grandes debilidades y salieron a flote la fragilidad de las lealtades internas.

Salvar esa organización va demandar mucho esfuerzo y algunas ideas de por medio, algo escaso en las filas fujimontesinistas.

Pueda ser, como afirma Keiko, que la acción de la justicia haya logrado juntar a su familia y crea que con eso basta para mantener a flote la maltrecha embarcación, pero la contundencia de las denuncias que pesan sobre Keiko y su íntimo círculo de poder, la complicidad mostrada en el congreso con los corruptos, las renuncias y deserciones de algunos de sus congresistas y el hastio y rechazo que genera el fujimontesinismo en la mayoría de la sociedad han debilitado fuertemente la imagen de FP. La catastrófica derrota electoral sufrido en los comisios municipales y regionales, es el mejor reflejo del ocaso que amenaza a FP.

Visto en una perspectiva electoral, las posibilidades de una candidatura fujimoristas -ya sea en versión Keiko o Kenji- para las elecciones del 2021 ya no aparece como una opción viable. FP ha perdido su aura electoral: ya no le será tan fácil financiar una campaña electoral y comprar los votos. Y sin tapers, los fujimontesinistas han demostrado que no van a las urnas.

Reducidas al mínimo las opciones presidenciales de Keiko y Kenji para el 2021 ¿qué le queda al fujimontesinimo? Nada.

¿O alguien imagina a Becerril, Chihuán, Salgado, Tubino o Chacón como candidatos presidenciables?

Y ese proceso de descomposición política que sacude toda la estructura interna de FP parece irreversible. Pero no es solo cuestión de tiempo, hay que ganarle, aquí y ahora, al fujimontesinismo la batalla política en el imaginario popular. Y en ese campo, queda todavía un trecho importante por recorrer.

Keiko tiene al frente un calvario que recorrer y la soledad como única compañia, salvo, claro está, que por ahí suceda algún milagro, como espera esa meliflua diáspora fujimorista -tipo Madeleine Osterling- quien toda optimista se ha lanzado a la dura tarea de hacer creer a los desmoralizados congresistas que el fujimorismo es inmortal y puede “renacer de sus cenizas.”

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¿El pelo o el lobo?

Por Fredy León

La crisis política es total. Es una crisis de credibilidad ciudadana y una crisis terminal de las instituciones del corrupto e ineficiente estado neoliberal; nadie confía en nadie, la palabra se ha prostituido por completo, los que tienen poder actúan por encima de lo que la ley manda y las instituciones del estado están sometidas al capricho e intereses de pequeños grupos.

El poder judicial es una olla de grillos, un día ordenan la detención de los implicados en corrupción y al día siguiente deciden ponerlos en libertad. El congreso ha perdido todo sentido de dignidad, basta escuchar lo que discuten para sentir el olor nauseabundo que se respira en ese recinto. El poder ejecutivo no tiene un rumbo definido, no bastan las buenas intenciones para dirigir el país en medio de una tormenta infernal, se necesita divisar un puerto seguro y tener la valentía para llegar.

La propuesta del referéndum, importante en su momento por haber obligado a los actores políticos a tomar una posición frente a los actos de corrupción, ha sido rebazada por los acontecimientos. La corrupción aparece intimamente vinculado a un proyecto de país impuesto en 1993 y que es defendido por el fujimontesinismo y sus socios menores, el Apra

Por la manera como ha ido evolucionando la crisis destapada por IDL, ya no se trata ahora de poner parches superficiales a esa crisis total. Son todas las instituciones del estado neoliberal que han colapsado, que han perdido la confianza ciudadana y cuyo funcionamiento no responden a la idea de un país democrático donde exista un verdadero estado de derecho -igualdad de todas las personas ante la ley e independencia real de los poderes del estado- y permita cohesionar a la sociedad en base a promover aspiraciones comunes y garantizar el respeto a la convivencia social.

El dilema actual que se nos presenta -no el de hace dos meses, cuando saltó el escándalo de los audios- es si todo el esfuerzo lo reducimos a coger del lobo unos simples pelos o vamos con todo y nos decidimos por coger al mismo lobo.

Reducir la crisis del estado neoliberal al tema de la unicameralidad o bicameralidad y creer que la mejor -o la única- salida es el referéndum, es contentarse simplemente con los pelos del lobo cuando de lo que se trata es de atraparlo para que no siga diezmando al desguarnecido gallinero.

El referéndum es una batalla importante, más por la torpeza con que vienen actuando la alianza aprofujimontesinista que por ser una salida integral al momento que vivimos, pero no es la lucha decisiva donde se va dirimir el futuro del país. La lucha principal es si se mantiene la constitución neoliberal del 93 impuesta por la dictadura fujimontesinista o el país se libera de las ataduras del pasado y decide dar un paso hacia su libertad como nación y salir de la crisis terminal del modelo neoliberal para reencontrar su futuro y encaminarse por la senda del desarrollo y bienestar común.

No es el pelo, es el lobo.

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Sectarios & demagogos

Por Fredy León

La historia de las izquierdas es la historia de sus divisiones y subdivisiones.

En 1964 se divide el PC y surge Bandera Roja que se divide en 1969 y nace Patria Roja y en 1972 Sendero Luminoso se funda sobre los restos de Bandera Roja.

En 1978 PR se divide y nace Puka Llakta y a mediados del 80 se desgaja de PR el grupo denominado Bolchevique.

En 1979 el PC se vuelve a dividir y nace el PC Mayoría.

Por el lado de la denominada nueva izquierda la cosa no fue mejor.

Vanguardia Revolucionaria, que se funda a mediados de la década de 1960, se subdivide de manera consecuente en varios grupos: VR de Murrugarra y Diez Canseco; PVR de Ricardo Letts; VRPC de Mezich y Figari; PCR de Dammert y Cáceres y PCR TR de Agustín Haya de la Torre.

Y por el lado del MIR, fundado por Luis de la Puente y Lobatón, se dividieron en el MIR IV Etapa, MIR Yahuarina y el MIR Rebelde.

Y para no complicarnos más ya no seguimos las divisiones de los trotskistas que del POR y el FIR corremos el riesgo de perdemos en una enmarañada sucesión de siglas, pues parece que ahí confundieron o interpretaron mal las tesis de Trotski que hablaba de “la revolución permanente” y ellos se quedaron practicando la división permanente.

En fin, la izquierda criolla aplicó al pie de la letra esa desafortunada expresión de Lenin, expuesta en medio de la polémica contra los socialdemócratas, “el partido se fortalece depurándose.” Y se han depurado in extremo que ya casi no queda nada para dividir.

En defensa de los grupos denominados “nueva izquierda” podemos aducir que por lo menos intentaron reencontrarse, primero en la UDP y luego en el PUM, aunque fracasaron en su intento y terminaron nuevamente peleados entre “Zorros” (Pedraglio y Sinesio) y “Libios” (Diez Canseco y Werner).

Y es que para la izquierda peruana resulta más fácil y sencillo dividirse que unirse. Para unirse se necesitan razones, para dividirse basta y sobran los motivos. Como diría el viejo Marx “La razón siempre ha existido, pero no siempre en una forma razonable.”

Por el lado de los PCs el tema de la unidad era un tabú. Se peleaban entre ellos reclamando ser herederos de Mariátegui y la lucha por las siglas partidarias era su particular forma de destruir el pensamiento mariateguista, casualmente uno de los gandes teóricos del frente único y político convencido de la importancia vital de la unidad, “un propagandista fervoroso del frente unico” que nos aconsejaba hasta la saciedad “somos pocos para dividirnos” “no alejen a las masas de la revolución con el espectáculo de las querellas dogmáticas de sus predicadores”, que hasta daba la impresión que el Amauta suplicaba por la unidad de “las vanguardias.”

Hasta que las derrotas y la soledad política y quizás -aunque hoy me atrevo a dudar- el reconocimiento de que la división de los comunistas ya no tenía razón de ser, llegaron sus combativos dirigentes a un momento de extrema lucides política y empezaron hablar -en serio, no miento- de la unidad de los comunistas peruanos.

Dos partidos, hasta hace poco enfrentados en todos los escenarios, -que a decir verdad ya no eran muchos ni demasiados ni atractivos- de pronto empezaron a celebrar juntos el aniversario de la fundación del PC y descubrieron que la ilusión de sus escazos militantes volvía a renacer. Me cuentan que el primer acto unitario que realizaron hubo hasta camaradas militantes, simples y comunes como somos los comunistas, que derramaron una lágrima durante el evento.

Y en el 2010, de manera solenme y delante de su militancia, los secretarios generales -así con minúsculas porque la historia ya los olvidó- de ambos partidos firmaron un documento de unidad donde, entre otras cosas bellas, afirmaron “conscientes que no bastan las palabras ni las buenas intenciones decidimos conformar un Comité de Enlace compuesto por miembros de las direcciones centrales de ambos partidos, (…) hasta lograr la consecución de un solo, grande y poderoso Partido de los Comunistas Peruanos.”

Pero bueno, como dicen en mi tierra, el papel aguanta todo. Suscribieron el famoso documento y no hicieron nada para concretar la famosa unidad. Siguen divididos, más débiles y aislados de la masa que ahora ni sentido tiene que celebren juntos el aniversario de la fundación del partido.

En política la credibilidad en la palabra y la confianza en los dirigentes son importantes para que un proyecto político pueda concitar el apoyo de las masas y triunfar. Caso contrario, ese proyecto termina en un fracaso y sus dirigentes son vistos como lo que realmente son: sectarios y demagogos.

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El poder local y las izquierdas

Por Fredy León

Como consuelo podemos decir que la crisis y bancarrota de los partidos políticos no solo es un problema que afecta a la izquierda sino a todo el espectro político nacional. Al respecto, creo que razón no le falta a Fernando Rospigliosi cuando afirma “Si Muñoz iba por Somos Perú probablemente también ganaba.”

Los partidos, entendidos como segmentos de la sociedad que se organizan para defender determinados intereses económicos comúnes, promover valores e identidades que respondan a una visión compartida de país y luchen por convertir en leyes, de obligación para todos, sus derechos de grupo, han dejado de ser el principal nexo entre los ciudadanos y el estado.

Los partidos ya no representan a la sociedad y los ciudadanos no se sienten representados por los políticos.

La bancarrota de los partidos empezó antes de la llegada del fujimontesinismo al gobierno. Alan allanó el camino y Fujimori fue resultado directo de esa debacle. Con su discurso antipolítico y reivindicación de las supuestas bondades de los tecnócratas como actores centrales del manejo del Estado y no sujetos a ningún tipo de control social, caso BCR, Fujimori contribuyó a que el viejo sistema de partidos explotara en pedazos.

Lo que vino después con Fujimori fue la mercantilización total de la política. Y de ahí, solo hubo un medio paso para la corrupción.

Con Fujimori el poder económico aprendió rápido que podía comprar siglas partidarias y conciencias políticas para defender sus intereses de clases. Ya no necesitaban construir discursos ni promover intermediarios. Y es que el neoliberalismo no tiene como finalidad crear ciudadanos preocupados por la calidad educativa o la eficiencia de la sanidad pública, ellos necesitan consumidores que sientan que la felicidad está en el ámbito privado, en su capacidad de poder comprar bienes materiales.

En la medida que la presencia de los partidos se diluian, crecía bajo la sombra la enorme influencia de los poderes fácticos construidos y forjados por la burguesía como verdaderos instrumentos hegemónicos para defender sus intereses económicos.

El rol de los medios de comunicación y la participación activa de grupos corporativos como la Confiep, Adex, SNI, etc. en el control del aparato estatal se hizo hegemónica. El discurso único se impuso en la sociedad y el Ministerio de Economía y Finanzas, el BCR, o las comisiones de presupuestos o minería del congreso son hoy una simple prolongación del poder económico. Y hasta la discusión del Presupuesto de la República, el principal instrumento de la politica económica, ha quedado reducido a una mera formalidad parlamentaria.

Este problema de destructuración política se ha hecho más intenso en los peldaños inferiores del poder del estado. Los gobiernos municipales y regionales han quedado como un espacio político abandonado por las débiles estructuras partidarias que aun sobreviven. Su lugar fue ocupado por una gama variopinta de movimientos regionales, que en su mayoria, han reproducido los viejos vicios de la política criolla y no han promovido nada nuevo… ni bueno.

Si este abandono es comprensible en la derecha que tiene una visión elitista del poder y se han concentrado en controlar los principales mecanismos del estado a nivel de Lima, resulta inexplicable en el caso de las autodenominadas fuerzas de izquierda.

La izquierda siempre ha tenido una tradición plebeya y provinciana, y desde Mariátegui, siempre apostaron firme por la descentralización y regionalización del país. Sostenía Mariátegui “Ningún regionalista inteligente pretenderá que las regiones están demarcadas por nuestra organización política, esto es que las “regiones” son los “departamentos”. El departamento es un término político que no designa una realidad y menos aún una unidad económica e histórica.”

Pueda ser que alguna cosas hayan cambiado en terminos de lo que hoy significan los departamentos y la identidad que se ha ido creando dentro de ese espacio geográfico, pero la esencia de la visión de Mariátegui sobre una descentralización que no altera el patrón de acumulación económica sigue vigente “A los departamentos no se les reconocía más independencia administrativa que la que se podría llamar la autonomía de su pobreza.”

Los movimientos regionales siempre fueron un bastión de las fuerzas de izquierda y en la década de los 70-80 cumplieron un papel fundamental en el desarrollo de Izquierda Unida. Es más, el principal logro de la IU fue haber sido una fuerza política con raíces en los movimientos regionales, y por eso, se logró ganar importantes espacios a nivel de los gobiernos municipales que dieron un fuerte impulso a ese proceso de acumulación de fuerzas que acabó abruptamente cuando Moreno y Diez Canseco decidieron disolver la IU.

Barrantes en Lima, Azcueta en Villa el Salvador, Medina en Comas, Bazán en La Victoria, Castro Celis en San Luis, Estrada en Cusco, Villalobos en Arequipa, Azparrent en Ayacucho, Muñoz en Huancayo, Constantines en Moquegua, Barra en Abancay etc, fueron parte de una generación de dirigentes que se formaron como líderes populares en los ámbitos de la gestión municipal.

Hoy la izquierda ha desaparecido de los espacios locales y regionales. Y esto puede ser explicado por varios motivos, pero creo que uno es el fundamental. Se debe a que esa izquierda no tiene una estrategia integral de gobierno y poder y carece de ideas sobre que hacer en el ámbito local y regional.

La construcción de los factores del nuevo poder es un proceso de acumulación de fuerzas políticas y sociales que tiene como finalidad construir una nueva mayoría política y social que permita ganar espacios a nivel de la vieja institucionalidad estatal con el objetivo de imponer una ruptura democrática con el viejo sistema capitalista y construir un nuevo Estado.

Y en ese proceso de lucha por el gobierno y el poder, la presencia de la izquierda como fuerza gobernante en los gobiernos locales y regionales resulta mucho más importante que celebrar la presencia simbólica de una congresista en el parlamento.

Los gobiernos locales y regionales, bajo una correcta conducción y dentro de una estategia de poder pueden desempeãn un papel altamente importante en la lucha por la construcción del nuevo poder.

Pero para avanzar en esa dirección se necesita una organización revolucionaria, un partido que sienta como Mariátegui cuando proclamaba que la “revolución más que una idea es una pasión”; que entienda que la lucha por la verdadera descentralización del Estado es parte indesligable de la lucha por el poder, pues como afirmaba Mariátegui ya en los tiempos lejanos de 1927 “Vivimos en una época en que la economía domina y absorbe a la política de un modo demasiado evidente. En todos los pueblos del mundo, no se discute y revisa ya simplemente el mecanismo de la administración sino, capitalmente, las bases económicas del Estado.”

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Reacomodos en las izquierdas

Por Fredy León

Una primera lectura de los resultados electorales regionales obtenidos por las diversas agrupaciones de izquierda con proyección nacional, muestra un interesante reacomodo de fuerzas que de alguna manera van influir en las próximas elecciones presidenciales.

Es cierto que Fuerza Popular y el Apra son los grandes derrotados, pero también hay que señalar que las izquierdas no tienen muchas razones para celebrar. Las elecciones han vuelto a demostrar que divididos son fuerzas que tienen grandes dificultades para atraer el voto popular.

Con datos oficiales de la Onpe publicados al día de hoy lunes 8 vemos que Patria Libre ha obtenido un importante triunfo electoral en la región de Junín con el 38% de votos. El partido de Vladimir Cerrón es la única organización de izquierda que gana la presidencia de un gobierno regional (para este primer análisi no tomamos en cuenta el triunfo de Zenón Cueva con 45% de votos, dirigente de PR, quién postuló encabezando el movimiento regional Firmes en Moquegua ni el espectacular triunfo de Walter Aduviri con 44% en Puno que no tiene vínculos orgánicos con las organizaciones de carácter nacional) La victoria obtenida por Cerrón lo catapulta drfinitivamente como un dirigente nacional con poder de decisión en una eventual coalición de izquierdas para el 2021.

La sorpresa dentro de las izquierdas es la importante votación obtenida por Democracia Directa, un conglomerado que logró aglutinar a sectores radicales de la izquierda y que posiblemente dispute en la segunda vuelta la presidencia del gobierno regional del Cusco. Democracia Directa obtiene una alta votación en Tumbes 17% y en Ucayali 9%. Toda una sorpresa para una organización que no tiene una identidad definida ni dirigentes reconocidos.

El MAS sufre una dura derrota en su feudo de Cajamarca y que complica seriamente las aspiraciones presidenciales de su máximo dirigente Gregorio Santos y salvo San Martín, en el resto del país no tiene presencia.

Los grandes derrotados en estos comicios electorales regionales son el Frente Amplio y Juntos por el Perú que obtuvieron magras votaciones y no ganaron ninguna presidencia regional. En el caso del Frente Amplio sus mayores votaciones están en Apurímac 16% y Cusco 10% y Juntos por el Perú, salvo el 9% de votos obtenidos por Yehude Simons, el dueño del registro electoral de esa variopinta agrupación, en el resto del país donde presentaron candidatos, en 9 regiones, su votación es decepcionante.

Mención aparte merece Nuevo Perú que en Lima fue en alianza con Juntos por el Perú (0.8% votos) y en el resto del país estuvo practicamente ausente o mimetizado en algunos movimientos regionales. Creo que fue un craso error haber abandonado ese importante espacio electoral, más aún teniendo en cuenta las aspiraciones presidenciales de Verónika Mendoza.

Resultados al 8 de noviembre

Amazonas FA 6%
Ancash JP 2%
Apurimac FA 16% JP 2% DD 2.2%
Arequipa FA 6% PL O.8%
Ayacucho FA 4% PL 3%
Cajamarca MAS 18.5% FA 3.7% DD 2%
Callao DD 3% FA 1.7%
Cusco FA 10% DD 12%
Huancavelica FA 1.6%
Huanuco FA 1.9% JP 1.3% DD 1.3%
Ica FA 2%
Junin PL 37.8% JP 0.88%
La Libertad. FA 2.2% JP 0.9% PL 0.5% DD 1.6%
Lambayeque FA 0.7% JP 9%
Lima region JP 0.7% PL 1.2%
Madre de Dios. JP 3% PL 7.7% DD 4.0%
Moquegua. FA 2% PL 0.9%
Puno DD 5%
San Martin. MAS 3.3% FA 0.65%
Tacna. FA 7% DD 4%
Tumbes. DD 17% JP 1.8%
Ucayali. DD 8% PL 1%

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Rearmar la utopía comunista

Rearmar la utopía comunista
(Primera parte)

Tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano.
JCM

Por Fredy León

El 7 de octubre el partido de José Carlos Mariátegui conmemora el 90 aniversario de su fundación, una fecha que con el paso del tiempo ha ido perdiendo significado en la vida política nacional. Imagino que en Lima, y quizás en algún otro lugar del interior del país, los dirigentes de las dos vertientes comunistas, que aún subsisten, realizarán algún acto en familia para recordar esa fecha. Serán actos sin trascendencia real, hace tiempo que los comunistas peruanos han perdido el sentido de la crítica como elemento central de su identidad política.

90 años es mucho tiempo para un proyecto político que nació cuando “la historia marchaba a prisa.” Escribir hoy la historia de ese proyecto político es seguir las huellas de sus continuas divisiones y derrotas. El Partido Comunista nunca llegó a tener una gravitación fundamental en la política nacional y nunca llegó a ser visto como una alternativa real de gobierno y poder.

La izquierda, ese espacio político que llegó a representar en sus mejores momentos a un tercio de la población, nació con el Partido Comunista y durante mucho tiempo, los comunistas fueron la principal fuerza que identificaba a los izquierdistas.

Hoy eso ha cambiado radicalmente, los comunistas viven horas de confusión total; escasos de ideas, carentes de iniciativas que despierte la ilusión de las masas y con dos organizaciones débiles que más se asemejan a sectas políticas que organizaciones revolucionarias actúan como un lastre pesado que inmoviliza a las izquierdas.

Cuesta reconocer esa afirmación, pero es un dato de la realidad, y “en política hay que debatir sobre datos y hechos. Juzgar las intenciones es propio de inquisidores y pobres mentes que carecen de argumentos racionales.”

Los dos partidos comunistas que reivindican la herencia mariateguista han quedado convertidos en fuerzas marginales y sin ningún aliento histórico. Viven para honrar un pasado que toca las puertas del museo de las antigüedades políticas y por ende actúan a contraparte de lo que afirmaba Marx “La revolución social del siglo XIX no puede sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir.”

Buscar dar una respuesta objetiva a esa realidad debería ser responsabilidad de quienes dirigen esas dos vertientes comunistas. El fracaso histórico del comunismo peruano no puede explicarse como producto de una fatalidad histórica cuando los protagonistas de ese fracaso han sido diferentes generaciones de militantes comunistas, que por razones que deberían ser motivo de un análisis crítico, no pudieron estar a las alturas que la historia exigía.

¿O es qué Mariátegui estuvo totalmente equivocado cuando expresó “No queremos ciertamente que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica.”?

Este aniversario debería ser un tiempo para reflexionar en voz alta sobre esas limitaciones históricas que han condenado a las calendas griegas la lucha por el socialismo; un aniversario para corregir errores, enmendar rumbos y rearmar la utopía comunista. Un tiempo para recordar al Amauta cuando decía “en la política como en la guerra, la popularidad no corteja a los generalísimos de las grandes retiradas, sino a los generalísimos de las grandes batallas.”

Pero los “sobrevivientes del pasado” se niegan a ser los “precursores del futuro.” Los comunistas peruanos han perdido su nexo con la historia y, en los últimos tiempos, su práctica política se ha ido adaptando a defender “las ideas más cómodas; no las ideas más justas.” Por eso no resulta extraño que, 90 años después de la creación heroica del Amauta, celebran el pasado sin ninguna idea sobre el futuro.

Cerrar un ciclo de derrotas exige demasiada audacia política. La revolución reclama esfuerzos heroicos, por eso hablar de la refundación del comunismo peruano tiene que ser para una nueva época que busca comenzar; no para prolongar una agonía de los que ya no tienen nada que ofrecer.

continuará…

 

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