Debate entre confesos

Por Fredy León

Si no sabes dónde vas, cualquier camino te llevará allí.
Alicia en el país de las maravilla

 

No soy militante de Patria Roja, cuando ingrese a la Juventud Comunista (1977) éramos un pequeñito grupo, algo menos que medio centenar de militantes de la jota, que a duras penas tratabamos de tener alguna presencia en el movimiento estudiantil de la Universidad San Antonio Abad controlado por Alex Bustamante y Goodofredo Mendoza, ambos militantes de Patria Roja; en ese entonces, Tany Valer, que era el máximo dirigente de PR en Cusco, ordenó cerrar las puertas del Paraninfo Universitario para impedir una conferencia a la cual había sido invitado el Embajador de Cuba en el Perú. El PC tenía una presencia importante a nivel de los empleados y docentes, en el PC militaban intelectuales de mucha valía y profesionales de amplio prestigio, tanto a nivel académico como en el plano político, difícil olvidar los nombres de “dogo” Flóres, el “puka” Willis, el “chusco” Luizar, Herbet Vidal o Marcos Arriola, por citar a unos cuantos integrantes de esa famosa célula Amauta -que fue el semillero político donde muchos jóvenes comunistas nos formamos- y que estuvo conformado por intelectuales comunistas que marcaron un hito importante en el desarrollo académico de la UNSAAC.

En esos tiempos la UNSAAC era uno de los principales centros del activismo politico, su histórico patio central fue escenario de grandes debates y la lucha por controlar los pizarrines era algo menos que una batalla épica. Como éramos un grupo pequeño -“los revis o crikos” como despectivamente nos llamaban los “maoistas”- Patria Roja nos consideraba como su principal enemigo, buscaban aislarnos, impedían que participemos en los debates y no podíamos utilizar las famosas pizarras, el principal medio de difusión política en la UNSAAC. Recuerdo que la primera vez que dejaron a un dirigente de la jota, Jesús Manya, participe en un debate, acabó con la cabeza rota y el pequeño grupo que lo secundábamos tuvimos que salir corriendo. Claro que nosotros les respondiámos con la misma moneda en el movimiento sindical. En un mitin del primero de mayo donde participaba Eduardo del Castillo, en ese entonces Secretario General de la CGTP, Goodofredo Mendoza, presidente de la FUC, terminó con la cabeza rota y los feristas (Frente Estudiantil Revolucionario) salieron huyendo de la Plaza de Armas. La guardia obrera en el Cusco se estrenó contra los feristas.

Años después, en 1991, un camarada de la Juventud Comunista fue elegido presidente de la FUC en una lista unitaria promovida por la jota -Nueva Universidad- y donde Patria Roja participaba como una fuerza minoritaria. La noche del escrutinio electoral, Guyen Hilares, dirigente del FER del Perú, fue asesinado en las puertas del Paraninfo Universitario.

Eran tiempos donde ingenuamente creíamos que el poder estaba en controlar la FDTC o la FUC y que había que destruir al enemigo para fortalecer al partido. Y el enemigo a destruir estaba en casa. La lucha en el movimiento social no era contra el enemigo de clase; era entre los revisionistas y la ultraizquierda.

Desde 1964 hasta creo mediados del 80 la historia de la izquierda comunista ha sido la historia de la pugna entre pro soviéticos y pro chinos por hegemonizar un pequeño sector de la sociedad.

PR tiene razón cuando afirman que ”El Partido es hijo de la lucha de clases, también de su tiempo. Lleva su marca…” (Tesis 77). Somos productos de un tiempo falso, del tiempo de la aguda pugna internacional entre la Unión Soviética y la China Popular, de la disputa ideológica y política entre el llamado “social imperialismo ruso” y la china de Mao a punto de dar “el gran salto” hacia el comunismo, llevamos la marca del sectarismo y la intolerancia. Y mientras nosotros utilizamos nuestro tiempo para recoger las minucias que dejaba esa disputa internacional, el país nos quedó demasiado grande…y lejano.

Traigo todo esto a colación porque a raíz de un artículo mio se ha generado un pequeño debate con algunos camaradas de Patria Roja sobre el tema de la unidad de los comunistas, y como yo he llegado al convencimiento de que resulta un sin sentido que sigan existiendo dos organizaciones que se reclaman herederos del partido fundado por Mariátegui y creo que la unidad es la mejor –y quizás la única- alternativa que los comunistas tenemos para contribuir a la construcción de una patria nueva, no puedo menos que manifestar mi acuerdo con el análisis y autocrítica que ellos hacen sobre la situación de Patria Roja “En el curso de la crisis política del último año nuestro papel fue marginal cuando debió ser protagónico” (Tesis 75), pero donde no me convence y no estoy de acuerdo son con los remedios que proponen para salir de esa situación “de años de defensiva y estancamiento” (Tesis 1) Ellos creen que por algún arte de magia finalmente van a convertir Patria Roja en ese partido que dice luchara por “el socialismo y más allá aún, el comunismo, que será obra de generaciones y enfrentará infinitud de vicisitudes” (Tesis 70)

Me parece que lo que proponen como alternativas, si así se le puede llamar a esa esperanza de encontrar su destino elegido, se reduce a un acto de fe “El Congreso llama a todo el Partido a examinar estos problemas con objetividad, espíritu comunista y voluntad de renovación, y resolverlos con firmeza.(Tesis 88). Ahí donde debería haber la audacia de plantear un camino, solo quedan llamados a la conciencia.

Revertir esa situación de crisis partidaria les va demandar tiempo y mucho esfuerzo; las grandes limitaciones que muestran creo que son una clara expresión de que ese proyecto político que surgió en 1969 para remover desde sus escombros la sociedad “semicapitalista y semicolonial” ha llegado a un nivel de agotamiento histórico, es el ocaso de una idea, el final de un camino.

El sueño del partido propio ha muerto, negarse a enterrarlo es cosa de necios, no de revolucionarios.

Y esto, no es poca cosa para un partido que desde su fundación ha estado dirigido por Alberto Moreno, y recien, luego de 50 años, acaba de descubrir que ha llegado el momento de “eliminar el culto por los cargos o perpetuarse en ellos” (Tesis 80)

Por eso, en el tema de la unidad, me cuesta entender la enorme distancia que hay entre la palabra y los hechos. Patria Roja dice que va “trabajar con honestidad y firmeza por la unidad más amplia de las izquierdas” (tesis 3) pero al mismo tiempo no muestran esa misma firmeza y convicción para forjar la unidad de los comunistas. ¿Cómo explicar esa pequeña contradicción? Queremos la unidad, pero…

Como dije al inicio, no soy militante de Patria Roja, ellos decidirán libremente su camino a seguir, lo único que hago es expresar una opinion solitaria sobre un tema que me interesa, “repensar el papel del Partido”(Tesis 76), pero como hace tiempo vengo sosteniendo, más que el destino de las siglas partidarias, a mi me preocupa el destino de la revolución socialista. Y ese destino, nos guste o no, está intimamente vinculado a la generosidad e inteligencia que muestren los comunistas en el tema de la unidad.

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Patria Roja y su tesis 86*

Por Fredy León

Hemos aprendido
a comer
en mesas vacías.
Las sillas sobran
(Alejandro Oliveros)

Luego de leer los documentos de discusión del 9 Congreso de Patria Roja, confieso que me cuesta entender qué propone ese partido al país, hacia dónde se dirige y cuál es la herencia política que piensa dejar Alberto Moreno, fundador y dirigente vitalicio de esa organización durante este medio siglo que tiene de existencia.

Salvo que Moreno, a sus casi 80 años, piense que aún tiene tiempo para empezar una nueva etapa en su vida política.

Creo que cuando un partido comunista discute sus tesis políticas no basta con hacer una descripción, más o menos interesante, de la realidad si éstas no van acompañadas de propuestas inteligentes, alternativas claras, decisiones bien pensadas y medidas audaces que sacudan de raíces la coyuntura política y permitan a ese partido construir el escenario político adecuado para alcanzar sus objetivos. Es la vieja tesis de Marx que debería resonar con fuerza en nuestros cerebros: “…no basta con interpretar de diversos modos el mundo, de lo que se trata es de transformarlo.” Y para transformar el sistema, lo primero que necesitan los comunistas es construir una organización política que haga honor a su nombre, tenga la fuerza organizativa, capacidad política e inteligencia de clase para cambiar el viejo sistema.

Y es que en el tema del partido es donde los comunistas peruanos hemos fallado estrepitosamente; y aquí, las tesis presentadas al 9 congreso de Patria Roja no aportan nada nuevo, son una repetición de la mentalidad del pasado y de esos viejos deseos que nos han llevado al fracaso. Ahí donde debería haber primado un profundo espíritu autocrítico y manifestado la audacia del pensamiento renovador, lamentablemente ha pesado más la cómoda tendencia a la autocomplacencia, la autosatisfacción e inmovilismo que cultivan los actuales dirigentes de Patria Roja.

José Carlos Mariátegui sentó los cimientos de lo que debería ser la nueva organización revolucionaria, fatalmente su muerte truncó ese camino y su sucesor, Eudocio Ravines, deformó ese proyecto convirtiéndolo en una organización teóricamente infecunda y con una perniciosa práctica sectaria que llevó al aislamiento de la clase obrera. Posteriormente, los que proclamaban ser continuadores del pensamiento del Amauta, no pudieron o no supieron darle forma viva a esa idea de partido, que era fusión de pensamiento y acción, concebido por Mariátegui.

Los resultados de 90 años están a la vista: tenemos dos organizaciones comunistas que se reclaman ser herederos del partido de Mariátegui, pero en la práctica no son más que un remedo de esa organización que Mariátegui propuso construir para luchar por el socialismo peruano.

La revolución socialista ha demostrado ser una obra demasiada compleja, una tarea histórica que demanda lo mejor de la inteligencia y la máxima generosidad de los comunistas. No hay que olvidar que en ese objetivo, los comunistas hemos tenido grandes fracasos y algunas victorias, y es que el transito de la “protohistoria a la historia” solo puede tener éxito si emulamos a esos hombres que se rebelaron contra “la dictadura espiritual de la iglesia” y sentaron las bases del nuevo orden burgués, y que a decir de Engels “fue una época que requería titanes y que engendró titanes por la fuerza del pensamiento, por la pasión y el carácter, por la universalidad y la erudición. De los hombres que echaron los cimientos del actual dominio de la burguesía podrá decirse lo que se quiera, pero, en ningún modo, que pecasen de limitación burguesa.”

Recordemos que Patria Roja es producto de la penúltima división que sufrió Bandera Roja en 1969, organización que era dirigida por Saturnino Paredes y que surgió como resultado de la gran división del PC en 1964.

Patria Roja llegó a convertirse durante la década de los 80 en uno de los principales partidos de la izquierda peruana; era una organización con una presencia activa en la vida política nacional y tenía varios senadores, diputados, presidentes regionales y alcaldes; controlaban el Sutep, las rondas campesinas, la federación de estudiantes y los frentes de defensa de varios departamentos del país; mantenía una importante presencia a nivel de los trabajadores mineros, pescadores y estatales; era una de las principales voces que aportaban ideas y defendían con argumentos sus alternativas en los eternos debates ideológicos que sacudían los predios izquierdistas y editaba de manera regular su semanario Patria Roja.

En ese entonces ser de Patria Roja significaba leer religiosamente “Beijing informa” y andar con el famoso “libro rojo de Mao” bajo el brazo.

En sus orígenes Patria Roja sostenía, con más pasión que razón, que “el poder nace del fusil.” Su objetivo estratégico consistía en preparar las condiciones subjetivas para desarrollar “la guerra popular del campo a la ciudad” y decían que la clave de todo ese proceso de acumulación de fuerzas radicaba en la “construcción de las tres varitas mágicas de la revolución: el partido, el frente único y el ejército popular.”

Equivocados o no, Patria Roja representaba a un importante sector de la sociedad, defendían públicamente una propuesta política radical y sus militantes creían honestamente en esa opción.

El mayor mérito de Patria Roja fue haber resistido con firmeza la crisis de la izquierda y mantenido un cierto nivel de estructura orgánica; pero hoy eso es insuficiente, no basta con seguir resistiendo arrinconado en las trincheras, hay que atreverse a intentar pasar a la ofensiva y romper con el bloqueo político, ideológico, cultural y social impuesto por el pensamiento neoliberal, pero para los dirigentes de Patria Roja pareciera que los tiempos políticos avanzan a paso de tortuga, tiempos donde su máxima ilusión se ha reducido a administrar la derrama magisterial y contentarse con marchar a la retaguardia de un proceso político que exige a voces la presencia de una fuerza revolucionaria que articule un proyecto estratégico y una a la diversidad de fuerzas sociales y políticas que luchan contra el modelo neoliberal. Y si esa labor no cumplen los comunistas, entonces ¿cuál es el sentido político de su existencia?

Por eso cabe preguntarse ¿a quién representa Patria Roja y qué ideas defiende?

El mundo ha cambiado de manera vertiginosa, más para mal que para bien, la historia ha tomado rumbos imprevistos que han dejado sin respuesta a los comunistas y en el país la idea de la revolución socialista ha perdido su fuerza de atracción al extremo que hay que volver a discutir con seriedad y profundidad la idea misma sobre revolución; la clase portadora de las nuevas relaciones de producción se ha desarticulado y fragmentado, han perdido su fuerza política y sentido de historia, las ideas de la derecha se han vuelto hegemónicas, la lucha ideológica y cultural la hemos perdido por walk over y en la escena política nacional la fuerza social de los trabajadores se ha reducido a su mínima expresión mientras el poder de la burguesía se ha consolidado y fortalecido a todo nivel.

Aquí camaradas la desgracia nuestra es que ya no existen ni fantasmas que por lo menos quiten el sueño a la burguesía.

Y en esa nueva realidad, ampliamente desventajosa para el desarrollo de las ideas revolucionarias, seguir sosteniendo que Patria Roja o el PC son la “vanguardia revolucionaria del proletariado peruano” o seguir afirmando que Patria Roja o el PC van a conducir al pueblo peruano a la victoria es una mera ilusión o autoengaño de los que han perdido sentido de realidad o viven con la mente en el pasado.

¿Qué hacer? ¿Seguir insistiendo en la misma visión sectaria del partido propio que ha llevado al fracaso del comunismo peruano o intentar buscar una nueva opción unitaria?

Soy de los que sostienen que en el Perú los comunistas fueron derrotados antes de la pelea. No nos derrotó la derecha, nos autoliquidamos nosotros mismos.

La  traumática división de 1964 anuló todas las posibilidades para que el PC se convierta en una alternativa revolucionaria al sistema. La división produjo la desarticulación orgánica del sujeto revolucionario y en la mente de los militantes se impuso un pensamiento dogmático, seguidista a los centros del poder internacional, los comunistas empezaron a educarse en el culto extremo al sectarismo y la defensa intransigente de las capillas partidarias. El partido dejó de ser visto como el instrumento político liberador de una clase en su lucha contra el dominio del capital y se convirtió en un objetivo en sí mismo al servicio de una burocracia partidaria.

Si la división fue la causa principal de nuestra derrota, la unidad de los comunistas tiene que ser el nuevo punto de partida para vencer. No basta con sobrevivir en el tiempo ni resistir bajo los escombros de las siglas partidarias que han quedado totalmente desfasadas para luchar por el socialismo. Aquí  hay que ser claros, no tiene ningún sentido histórico seguir defendiendo la existencia de dos organizaciones que en la práctica han dejado de representar y defender los intereses de la clase trabajadora y no tienen la mínima posibilidad de convertirse en una alternativa viable al sistema.

Lo genuinamente revolucionario en este periodo es avanzar en la refundación del partido de los comunistas peruanos para reconstruir el sujeto social revolucionario, forjar la unidad del pueblo peruano, transformar la voluntad política en inteligencia y luchar con el pueblo por la conquista del poder político.

Y en este tema fundamental, la cuestión de cómo abordar la construcción del partido de la revolución -que para muchos constituye la esencia de toda estrategia revolucionaria- es donde Patria Roja trastabilla. Toda la preocupación revolucionaria de sus dirigentes sucumbe ante el peso muerto de la costumbre y su discurso pierde sentido de historia. Hablan de revolución pero no dicen nada de la responsabilidad que tienen los comunistas en la derrota de las izquierdas.

Su tesis 86 es un mero saludo a la bandera, una resignación a seguir evadiendo debatir con seriedad este punto para continuar transitando por el camino de la derrota.

La manera como Patria Roja aborda el complejo tema de la unidad de los comunistas demuestra el miedo histórico de sus dirigentes a plantear con audacia sus propuestas, si es que la tienen, y en el fondo expresa esa falta de convicción para reconocer que la unidad de los comunistas es la tarea principal del momento político actual que permitiría a los comunistas peruanos abandonar las catacumbas y dar un nuevo impulso histórico a la lucha revolucionaria.

Sin la unidad de los comunistas peruanos la lucha por la revolución es una frase vacía, es palabrería huera de los que se contenta con intentar explicar los efectos nocivos de una realidad que aplasta la vida de las grandes mayorías. En los hechos, seguir defendiendo la anacrónica idea del partido propio, es renunciar a la dura y compleja tarea revolucionaria de proponer con claridad a los trabajadores un nuevo camino, plantearse nuevos retos, convocar a los militantes para recuperar la fe en las ideas comunistas y abocarse con pasión a construir esa fuerza política y social, necesaria e indispensable, para transformar la realidad.

¡Quién no entiende el significado estratégico de la unidad de los comunistas peruanos no comprende la esencia de la lucha revolucionaria!

 

*TESIS 86. Hace ya un tiempo que ambos partidos comunistas venimos trabajando para hacer realidad la unidad de los comunistas en un solo partido. Hay logros iniciales: creciente convencimiento  de su necesidad aunque temores, desconfianza e indiferencia de cómo alcanzarlo. El Congreso llama al Partido a persistir en esta tarea, pues nada justifica que en un país exista más de un partido comunista, cuando su razón de ser, proyecto histórico y sustento teórico es común. Encomienda al nuevo Comité Central seguir trabajando hasta alcanzar el objetivo señalado, detectar el trasfondo ideológico, político y metodológico que lo obstaculiza, encontrar vías de comunicación que permita una creciente unidad de acción y coordinación política y de masas, así como reuniones de estudio y reflexión. (Informe político 9 Congreso Patria Roja, pág. 32-33)
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Voces del cambio

Por Fredy León

Creo que dado los antecedentes de las izquierdas, su sectarismo, las visiones estrechas, las desconfianzas mutuas, los discursos fofos, las ideas desordenadas, la ausencia de liderazgos políticos, las diversidades de opiniones contradictorias que florecen en medio del desconcierto ideológico, las ambiciones menudas y los protagonismos descontrolados que todavía siguen dominando el accionar de los diversos grupos que forman parte de este espectro político sumado a las incomprensibles dubitaciones que muestra Verónika Mendoza, la soterrada pugna entre Santos y Patria Roja, la simpleza paralizante del discurso del PC y las dudas que genera la presencia del grupo de Simons, creo que nadie se atreve a imaginar que lograr la unidad de las izquierdas es una tarea simple, un camino fácil y sencillo de transitar.

Pero esa es la izquierda que tenemos, la que con sus errores y aciertos lucha contra el sistema corrupto y explotador, la que moviliza y genera espectativas e ilusiones en un importante sector de la población y la que, si logra reencontrarse con las masas y la historia, puede cambiar el país. Fuera de ese espacio común solo hay derrotas y marginación. Si no que lo diga el Frente Amplio que con su aislamiento ha perdido toda perspectiva.

La unidad sigue siendo la gran tarea pendiente de las izquierdas y creo que Voces por el Cambio ha logrado de maneta inteligente poner este tema en la agenda principal de las izquierdas y, desde su primer encuentro, algo se ha avanzado. La dura crítica lanzada al PC y a PR por Santos tiene mucha razón “Mariátegui fundó un solo Partido Comunista; aquí hablan de unidad pero siguen existiendo dos partidos comunistas: únanse.” La unidad, que ojalá trascienda lo electoral, tiene que surgir de la convicción total.

Personalmente esperaba un poco más de este segundo encuentro. Creo que había espacio y condiciones para ser más audaces y dar pasos concretos hacia la unidad. Sé que no es fácil construir consensos sobre el nombre y la estructura del nuevo referente político (eso ha permitido, por ejemplo, que Santos en su discurso priorice el espacio y reconocimiento legal de Patria Libre para insinuar que ese debe ser el nuevo referente), que hay visiones divergentes sobre cómo enfrentar la actual coyuntura política, que hay mucho por discutir para aprobar un programa común de ruptura con el modelo neoliberal y demasiados cálculos políticos y personales para definir las reglas de juego que nos permitirán elegir al candidat@ presidencial y candidatos al congreso. Por esas razones me parecr que si hubiera habido un poquito más de claridad en las propuestas de los partidos que intengran Voces del Cambio, creo que las bases hubieran recibido con mucho entusiasmo y responsabilidad el nuevo reto unitario.

La unidad es importante no solo porque significa un acuerdo político de las dirigencias partidarias sino porque principalmmente permite crear un amplio espacio político de participación y protagonismo del movimiento popular. Es el paso necesario para construir esa nueva mayoría política y social que requerimos para transformar el país.

Ojalá que en el tercer encuentro a realizarse en Chiclayo las intenciones se concreticen, los deseos se materialicen y la unidad de las izquierdas se haga realidad; pues como bien gritaban los miles de participantes del segundo encuentro, necesitamos urgentemente una unidad para luchar y vencer.

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Atrapados sin salida

Por Fredy León

El conflicto entre el poder ejecutivo y el legislativo tiene varias lecturas y varias alternativas de solución. La clave reside en la fuerza real y voluntad de poder que disponga uno de los actores para imponer una solución -ya sea de ruptura o negociada- al impasse que protagonizan el gobierno y la oposición aprofujimontesinista.

Siendo correcta la actitud asumida por el gobierno creo firmemente que la mejor alternativa para solucionar la actual crisis política y encarar las necesarias e imprescindibles reformas políticas que la sociedad demanda pasa por cerrar el actual congreso y convocar a una Asamblea Constituyente para elaborar una nueva Constitución.

El actual congreso ha perdido legitimidad y esa mayoría política expresada en las elecciones del 2016 ya no existe. Durante estos tres años el congreso ha demostrado total inoperancia para entender al país, discutir sus grandes problemas y proponer soluciones; todo lo contrario, el congreso ha sido ganado por intereses menudos de personajes mafiosos y corruptos que han secuestrado a las instituciones del estado para garantizar la impunidad total de los delincuentes y corruptos. La actuación tragicómica de la “comisión Bartra” o la defensa cerrada de un delincuente como Pedro Chávarry han sido realmente escandalosos, una ofensa al país.

El poder que tienen en el congreso la alianza aprofujimontesinista es un poder construido en base a la estrecha relación que mantienen con la mafia corrupta de empresarios y operadores políticos que han utilizado el control del gobierno para sus propios beneficios. Su supervivencia en la política está fuertemente condicionado a frenar las investigaciones de los casos de corrupción y mantener inalterable el actual status quo.

¿Que puede hacer Vizcarra? Negociar con el aprofujimontesinismo para que nada cambie o forzar una salida democrática a la actual crisis política.

Por sus antecedentes, carencia de una bancada propia en el congreso y falta de un horizonte político definido, lo más probable es que Vizcarra se anime a buscar una salida negociada que contemple un adelanto de elecciones presidenciales junto a la aprobación de algunas medidas puntuales que salve su imagen y satisfaga las demandas del aprofujimontesinismo que no creo que les ilusione la idea de ir hacia una constituyente. En definitiva, negociar y pactar es lo que han venido haciendo durante el corto periodo del mandato presidencial de Vizcarra.

Si la política los separa, la defensa del modelo de economía neoliberal los une. Y en ese punto de encuentro, mantener la actual constitución fujimontesinista los coloca en el mismo espacio político.

La segunda opción, cierre del congreso y convocatoria a una Asamblea Constituyente, dependerá fundamentalmente de la fuerza de la calle, de la existencia de un poderoso movimiento de masas que pase a la ofensiva y exija, con el pueblo movilizado, la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

Aquí la responsabilidad de las izquierdas y del movimiento popular es clave. La pelea se gana peleando y como las izquierdas no tienen la fuerza suficiente en el congreso para imponer una salida democrática a la actual crisi política, todo el esfuerzo y labor debe desplazarse a la acción de masas para que con el pueblo movilizado construir esa nueva mayoría política que desde las calles imponga la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

El accionar político no se sustenta en buenas intenciones, se basa sobre todo en el nivel de correlación de fuerzas que existen en un momento dado. Y si en este momento de crisis política las izquierdas logran que la idea de convocar a una Asamblea Constituyente se transforme en una poderosa fuerza de la calle y se impongan a las fuerzas conservadoras que predominan en el congreso y el gobierno, tendremos nueva Constitución.

Pero si el silencio de la calle se prolonga, tendremos una salida negociada entre el gobierno y el fujimontesinismo.

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A fuego lento

Por Fredy León

Cusco será la sede del segundo encuentro de las izquierdas “voces del cambio”, espacio de reencuentro y construcción de un proyecto unitario que busca forjar una alternativa de izquierda para disputar a la derecha neoliberal el gobierno en las elecciones del 2021. La novedad de este segundo encuentro es la decisión de Juntos por el Perú de formar parte de esta iniciativa; lo negativo, la incomprensible actitud sectaria del MAS que ha vuelto a las trincheras de la intransigencia y ha dado un giro de 360 grados que lo está llevando a destruir el inicial espiritu unitario y amplitud de criterio mostrado por Gregorio Santos, quien fue uno de los principales dirigentes que asumió la iniciativa para la convocatoria del primer encuentro.

A las izquierdas peruana les cuesta demasiado abandonar las cavernas y superar su práctica sectaria que los ha llevado de derrota en derrota. Y es que cuando los dirigentes no tienen ese espiritu de grandeza histórica, no viven con pasión el ideal de la patria y no escuchan el grito angustiante de los desposeídos de la tierra, resulta normal que se enzarcen en querrellas insignificantes y se refugien en viejas prácticas sectarias propias de las eternas ambiciones menudas que ciegan a los perdedores.

El problema de la división de las izquierdas no radica en sus profundas divergencias programáticas ni en que tengan lecturas contrapuestas de la coyuntura política o expresen visiones ideológicas enfrentadas. Ésta es una izquierda débil, desideologizada, que ha perdido hace tiempo la cultura del debate político, que no tiene vínculos sólidos con las masas populares, carece de cuadros políticos e intelectuales orgánicos y sus famosas contradicciones no son más que producto del signo de los tiempos pragmáticos y crisis de la política que se ha instalado en la sociedad. Una sociedad en donde el poder de la derecha es real; es un poder económico, mediático, político e ideológico, un poder de la falsa conciencia sustentada en la ignorancia política, el miedo al cambio y la superstición religiosa.

Para decirlo en términos claros: la división de las izquierdas subsiste por el sectarismo e incapacidad de sus dirigentes que sueñan con ser cabeza de ratón y no tienen ninguna voluntad para dejar de ser eternos perdedores porque muestran un pánico escénico a la posibilidad de unirse para abandonar la caverna.

Las izquierdas divididas no son nada, pero a los dirigentes de las izquierdas hasta eso les cuesta entender y hacen lo imposible por prolongar ese espiritu de secta y cultura de derrota instalada en la mentalidad sectaria de quienes gustan hablar a nombre del pueblo sabiendo que no representan nada.

Si la división es sinónimo de derrota resultaría ingenuo creer que la unidad -de por si- es sinónimo de victoria. La unidad es solo el primer paso, necesario e indispensable, para construir esa nueva mayoría política y social que posibilite a las izquierdas luchar por ser gobierno el 2021 y desde ahí gobernar para cambiar el país.

Ese es el reto que tienen las izquierdas en este su segundo encuentro en el Cusco rojo. ¿Cómo construir una fuerza política y social organizada para transformar el país?

Como hemos sostenido en innumerables ocasiones, el primer paso a dar -el más fácil y sencillo- es el de lograr la unidad política en base a un programa concreto y reglas de juego claras y de cumplimiento obligatorio para todos. Lo que vendrá luego será lo más complicado y difícil que demandará mucha voluntad unitaria, pasión de lucha e inteligencia para ganar la conciencia mayoritaria de las masas populares para que se conviertan en actores protagónicos de la lucha por el cambio.

Y es que a la derecha neoliberal y al imperialismo yanqui solo se les puede derrotar si tenemos un movimiento popular unido, fuerte, conciente y en lucha permanente. Vale la pena no olvidar.

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El legado de Alan

Por Fredy León

¿Qué deja Alan al Perú? Muerto Alan García comienza la gran batalla por saber cuál relato se impondrá en la memoria colectiva sobre el significado de la vida y obra del malogrado líder aprista.

Para bien o para mal el dos veces ex presidente ha sido, durante más de 30 años, un importante protagonista de la vida política del país. Las desordenadas fichas del rompecabezas, sobre su legado histórico, esperan ser armadas; solo falta la ficha roja. La primera gran batalla a saber será si la justicia culminará su labor, con total probidad y transparencia, para determinar si Alan fue inocente o culpable en los casos de corrupción que se le investiga o se impondrán las voces de los corruptos que, agazapados tras el cadáver de Alan, claman venganza, exigen las cabezas de los fiscales y proponen volver a la política de borrón y cuenta nueva.

El hombre es la suma y resta de todos sus actos y como tal corresponderá a los historiadores, serios y estudiosos en un mundo donde abundan los charlatanes, desmenuzar las “razones de sus actos” y ubicarlas en su contexto histórico exacto para emitir el juicio final sobre Alan.

En el caso de Alan la historia suma algo y la justicia resta. Y mucho.

Alan no solo quedó atrapado en esa frondosa telaraña de corrupción que se institucionalizó en el país sino que, al igual que Alberto Fujimori, fue un hábil tejedor que utilizó las redes podridas del poder (“contratiempos de poder” Alan dixit) para beneficio personal.

Como acertadamente escribió el periodista argentino Ricardo Roa “Su vida política fue una parábola perfecta. Había entrado por la puerta de las ideas del progresismo, en el medio se pasó a las del liberalismo y terminó perdido en la ruta de la corrupción, que es la renuncia a todas las ideas, quitándose la vida.” (Clarin 17.04)

Del joven ambicioso y carismático dirigente aprista que irrumpió en 1978 en la escena política nacional con un incontenible torbellino de ideas y pasiones prometiendonos “un futuro diferente”, no quedó ni el polvo.

Alan consiguió, a sus escasos 35 años, lo que Haya de la Torre no pudo lograr durante toda su vida: llevó al Apra al poder. El éxito personal de Alan fue el fracaso histórico del Apra. Las ideas defendidas por Alan llevaron al país al desastre. Su primer gobierno (1985-90) fue un desastre total, más político que moral; la verdadera tragedia llegó años después, durante su segundo gobierno (2006-2011); el país se salvo con las justas de un nuevo descalabro político pero quedamos frente al abismo del desastre moral. Alan completó el círculo destructivo.

Por eso que al final de su existencia el líder aprista que coqueteaba con la historia terminó acorralado por la justicia y tuvo que dedicarse, como un simple mortal más, a defender su vapuleado honor. “Otros se venden, yo no” fue su escudo de papel. El elocuente político buscó en una frase su última salvación. No había convicción en sus palabras, solo el desesperado intento de encontrar una tabla de salvación luego del tremendo fiasco sufrido en su abortado asilo y el fracaso en impedir que Barata se presente como colaborador eficaz.

Una bala acabó con su vida pero mucho antes la soberbia, la desmedida ambición de poder y, sobre todo, esa su conducta sinuosa y delictiva vaciaron de contenido toda su vida. Alan quedó como el rey desnudo, buscando desesperadamente algunas hilachas desteñidas para cubrir su humanidad.

Y es que Alan no pudo o no supo cómo salir de ese gigantesco laberinto de corrupción que él mismo construyó. Su carta de despedida es el alegato desesperado de alguien que se sintió derrotado por la vida. Hay mucha rabia, odio, frustración. El país rebajado a una mera casualidad geográfica para la realización de sus ambiciones personales.

Qué diferencia con las reflexiones finales de José María Arguedas horas antes de su trágico suicidio “Me retiro ahora porque siento, he comprobado, que ya no tengo energía e iluminación para seguir trabajando, es decir, para justificar la vida” escribió el célebra autor de “Los ríos profundos” momentos antes de su encuentro con la muerte.

En la mente de Alan no hubo espacio ni valentía para realizar un tímido intento de autocrítica. Su ego chamuscado domina todo, su resentimiento enfermizo busca invadir todos los rincones de la patria. Alan nos dejó su “cadáver como una muestra de su desprecio.” Esa es su miserable venganza contra la patria que le dió el honor de haber sido dos veces su máximo representante.

Hasta en sus horas finales a Alan García le faltó algo de grandeza y mucho de nobleza. Ahora le corresponde, a la patria digna y honesta, sepultar con la cabeza erguida la funesta y destructiva herencia que Alan nos dejó.

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El escudero del rey

Por Fredy León

Como era previsible, Mario Vargas Llosa salió en defensa no de la historia sino de la monarquía española, y con un lenguaje más hepático que racional se sumó al corifeo de voces que se han escandalizado por tremendo atrevimiento del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, que insta al rey Felipe VI a pedir disculpas por los atropellos que las autoridades mexicanas consideran que se cometieron durante la conquista.

Vargas Llosa dice que el mandatario mexicano se “equivocó de destinatario para su carta. Tendría que habérsela enviado a sí mismo y tendría que responder por qué México, que se incorporó al mundo occidental hace 500 años y desde hace 200 disfruta de plena soberanía como país independiente, tiene todavía a tantos millones de indios marginados, pobres, ignorantes y explotados.”

Afirmaba el historiador norteamericano Howard Zinn que “Se puede mentir como un bellaco sobre el pasado. O se pueden omitir datos que pudieran llevar a conclusiones inaceptables.” Y Vargas Llosa opta timidamente por lo segundo.

El marquéz de España no es que mienta premeditamente como un bellaco, sino que comedidamente pretende direccionar los reflectores del debate hacia los temas de la herencia colonial y evitar la terrible molestia de volver la vista al proceso mismo de la conquista. Para Vargas Llosa, López Obrador es el culpable de la ignorancia en que viven los indígenas mexicanos.

El autor de “Pantaleón y las visitadoras” no es que sea un intelectual despistado en materia de historia y no vea la diferencia que existe entre la conquista como un acto violento y las pesadas herencias que dejaron tres siglos de colonialismo; sino que con su versión light de la conquista busca despistar la historia repartiendo culpas por igual a verdugos y víctimas, todo con el objeto de que esa verdad, que alude en su carta el mandatario mexicano y que resulta incómoda a los ojos de la monarquía borbónica, siga bien envuelta en la niebla del olvido.

Vargas Llosa está muy cerquita de los que idealizan la conquista y lo presentan como el “momento más brillante de la historia de la humanidad.” El escritor se siente más identificado con la misión evangelizadora del cura Valverde que con el acto de rebeldía mostrado por Atahuallpa.

En su respuesta a la misiva de AMLO, el célebre autor de “Los cachorros” pide que miremos la trágica historia de nuestros pueblos con un solo ojo y tratemos con guantes de seda a la arcaica monarquía española.

Nadie en su sano juicio pretende desconocer la riqueza cultural de todo nuestro pasado y que, para bien o para mal, el reino de España a partir de la conquista ha marcado profundamente nuestro derrotero y forma parte de nuestro acervo cultural, lo único que se pide es tener una visión más ajustada a la realidad de lo que significó ese acontecimiento histórico para los pueblos originarios.

Resulta totalmente ignominioso la actitud de Vargas Llosa que pretende que asumamos como nuestra la historia oficial defendida por España, que no solo niega que la conquista fue un quiebre trumático para los pueblos originarios del nuevo continente, un acto violento de saqueo, asesinato y exterminio cultural; sino que sigue viendo la conquista como si hubiera sido el inicio de un proceso pacífico de civilización de pueblos salvajes.

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